miércoles, 30 de abril de 2014

CATEQUESIS DEL PAPA: “El don del intelecto nos abre la mente para entender mejor las cosas de Dios”


Catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 30 de abril de 2014 en la Plaza de San Pedro.

Catequesis sobre los dones del Espíritu Santo

El don del intelecto

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Después de haber examinado la sabiduría, como el primero de los siete dones del Espíritu Santo, hoy quisiera llamar la atención sobre el segundo don, es decir, el intelecto. No se trata en este caso de la inteligencia humana, de la capacidad intelectual de la que podamos estar más o menos dotados. Es una gracia que solo el Espíritu Santo puede infundir y que suscita en el cristiano la capacidad de ir más allá del aspecto externo de la realidad y escrutar las profundidades del pensamiento de Dios y de su diseño de salvación.

El apóstol Pablo, dirigiéndose a la comunidad de Corinto, describe bien los efectos de este don. ¿Qué hace este don del intelecto en nosotros? Y Pablo dice esto: “Lo que el ojo no vio ni el oído oyó, ni entraron en el corazón del hombre, Dios las ha preparado para los que le aman. Pero a nosotros Dios nos las ha revelado por medio del Espíritu” (1 Cor 2, 9-10). Esto, obviamente no significa que un cristiano pueda comprender cada cosa y tener un conocimiento pleno del diseño de Dios: todo esto permanece a la espera de manifestarse con toda claridad cuando nos encontremos ante Dios y seamos verdaderamente una cosa sola con Él.

Pero, como sugiere la misma palabra, el intelecto permite “intus legere”, es decir, leer dentro. Y este don nos hace entender las cosas como las entiende Dios, con la inteligencia de Dios. Porque uno puede entender una situación con la inteligencia humana, con prudencia y va bien, pero entender una situación en profundidad como la entiende Dios es el efecto de este don. Y Jesús ha querido enviarnos el Espíritu Santo para que nosotros entendamos este don, para que todos nosotros podamos entender las cosas como Dios las entiende, con la inteligencia de Dios. ¡Es un hermoso regalo el que Dios nos ha hecho a todos nosotros! Es el don con el que el Espíritu Santo nos introduce en la intimidad con Dios y nos hace partícipes del diseño de amor que Él tiene para nosotros.

Está claro que el don del intelecto está estrechamente conectado con la fe. Cuando el Espíritu Santo habita en nuestro corazón e ilumina nuestra mente, nos hace crecer día tras día en la comprensión de lo que el Señor nos ha dicho y ha realizado. El mismo Jesús ha dicho a sus discípulos: “Os enviaré el Espíritu Santo y Él os hará entender todo lo que yo os he enseñado”. Entender las enseñanzas de Jesús, entender su palabra, entender el Evangelio, entender la Palabra de Dios. Uno puede leer el Evangelio y entender algo, pero si leemos el Evangelio con este don del Espíritu Santo podemos entender la profundidad de las palabras de Dios y esto es un gran don, un gran don que todos debemos pedir y pedir juntos: dános Señor el don del intelecto.

Hay un episodio en el evangelio de Lucas que expresa muy bien la profundidad y la fuerza de este don. Tras haber asistido a la muerte en cruz y a la sepultura de Jesús, dos de sus discípulos, desilusionados y afligidos, se van de Jerusalén y regresan a su pueblo de nombre Emaús. Mientras están en camino, Jesús resucitado se pone a su lado y empieza a hablar con ellos, pero sus ojos, velados por la tristeza y la desesperación, no son capaces de reconocerlo. Jesús camina con ellos, pero ellos estaban tan tristes y tan desesperados que no lo reconocen.

Pero cuando el Señor les explica las Escrituras, para que comprendan que Él debía sufrir y morir para después resucitar, sus mentes se abren y en sus corazones vuelve a encenderse la esperanza (cfr Lc 24,13-27). Y esto es lo que el Espíritu Santo hace con nosotros. Nos abre la mente, nos la abre para entender mejor, para entender mejor las cosas de Dios, las cosas humanas, las situaciones, todas las cosas. Es importante el don del intelecto para nuestra vida cristiana. Pidamos al Señor que nos dé, que nos dé a todos nosotros este don, para entender, como entiende Él, las cosas que suceden y para entender sobre todo la Palabra de Dios en el Evangelio ¡Gracias!

martes, 29 de abril de 2014

HOMILÍAS (audios): San Juan Pablo II y la Divina Misericordia


San Juan Pablo II y la Divina Misericordia

- Homilía en el Día de su Canonización - 

Homilía del Padre José Medina,
del Domingo 27 de abril de 2014,
Fiesta de la Divina Misericordia,
predicada en la Iglesia de Santiago Apóstol,
Plaza de la Catedral, s/n, Cádiz, España.



JUAN PABLO II: Se veneró su imagen gaditana al término de su canonización

Incensación de la imagen al inicio de la Santa Misa
Queridos amigos y hermanos del blog: como cierre de los actos previstos para la celebración de la Fiesta de la Divina Misericordia, organizada por el Apostolado de la Oración de la Iglesia Santiago Apóstol de Cádiz, se llevó a cabo la veneración de la imagen de quien minutos antes fue proclamado santo por el papa Francisco: Juan Pablo II, quien fue canonizado junto a san Juan XXIII.

De esta manera el pasado Domingo 27 de abril, II Domingo de Pascua, se llevaron a cabo los actos centrales de la Fiesta de la Divina Misericordia con el siguiente programa: 12:30hs. Adoración al Santísimo Sacramento y Confesiones, a las 13:00hs. celebración de la Santa Misa y a su término la dicha veneración de la imagen de San Juan Pablo II, que llenó de emoción a la nutrida concurrencia y muchos, con lágrimas en los ojos, se acercaron con unción y gratitud a recibir e implorar la intercesión del nuevo santo.

Esta imagen de san Juan Pablo II de la Iglesia de Santiago fue sido confeccionada en terracota. Su realizador ha sido el imaginero gaditano Luis Enrique González Rey, de reconocido prestigio en toda Andalucía. En ella el nuevo santo tiene un tamaño aproximado de un metro, aparece vestido con la sotana papal blanca y con la capa roja, lleva en su mano izquierda el báculo, que reproduce al que él usaba al igual que el Papa Pablo VI, rematado con una cruz arbórea y bendiciendo con la mano derecha. Fue bendecida el 1 de mayo de 2011, Domingo de la Divina Misericordia, por el entonces Rector de dicha Iglesia y del Seminario Diocesano San Bartolomé, Don José Manuel Daza Tello.

Los fieles piden la bendición e intercesión de san Juan Pablo II, Magno
En la homilía tuve la oportunidad de expresar que “Hoy resplandece ante nuestros ojos, bajo la plena luz espiritual de Cristo resucitado, la figura amada y venerada de Juan Pablo II. Hoy, su nombre se añade a esa multitud de santos que él proclamó durante sus casi 27 años de pontificado, recordando con fuerza la vocación universal a la medida alta de la vida cristiana, a la santidad, como afirma la Constitución conciliar sobre la Iglesia Lumen gentium. Ahora como entonces quedan como herencia las piedras millares del magisterio de Juan Pablo II, y entre tantos el “signo providencial” de Santa María Faustina Kowalska, canonizada en el 2.000 como apóstol en el mundo del misterio de la Misericordia de Dios. Y este misterio es una de las grandes “claves de lectura privilegiada” del magisterio del Papa Wojtyla”.

¿Por qué se involucró tanto en la beatificación y canonización de Sor Faustina, y en la institución oficial de esta Fiesta de la Divina Misericordia? El mismo Juan Pablo II nos lo cuenta: “Desde el principio de mi ministerio en la Sede Romana, hice del mensaje de la Misericordia de Dios, mi tarea primordial. La Providencia me lo ha encargado ante la presente situación del hombre, del mundo y de la Iglesia. Podría también decirse que, precisamente esta situación me ha llevado a hacerme cargo de este mensaje como mi tarea ante Dios”.

Les comparto la oración con la cual terminé la homilía:

“¡San Juan Pablo II! Que la Iglesia siguiendo tus enseñanzas y tus ejemplos pueda proseguir fielmente su misión evangelizadora, difundiendo sin cansarse el amor misericordioso de Cristo, manantial de verdadera paz para el mundo entero. Danos la gracia de hacer nuestra tu causa, aquella que anunciaste en tu primera Misa solemne en la Plaza de San Pedro, con aquellas memorables palabras: «¡No temáis! !Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas de vuestro corazón a Cristo!».

Ojalá y como tú, san Juan Pablo Magno, confiando en Jesús, seamos heraldos de la Divina Misericordia, y así alcancemos la Patria Eterna. Desde hoy contamos con tu santa intercesión. Que María Santísima, Madre de Misericordia, nos ayude. Que así sea. ¡San Juan Pablo II, ruega por nosotros!”

Con mi bendición.
Padre José Medina

P. Enrique Mazzora, SJ, P. José Medina, y miembros del Apostolado de la Oración quienes
organizaron los cultos en honor a la Divina Misericordia en adhesión a la canonización de san Juan Pablo II.

lunes, 28 de abril de 2014

HOMILÍAS (audios): ¿Qué es la Devoción a la Divina Misericordia?


¿Qué es la Devoción a la Divina Misericordia?

Homilía del Padre José Medina,
del 26 de abril de 2014,
en el Triduo en preparación para la Fiesta de la Divina Misericordia,
predicada en la Iglesia de Santiago Apóstol,
Plaza de la Catedral, s/n, Cádiz, España.





domingo, 27 de abril de 2014

JUAN PABLO II: “Enséñanos a adentrarnos en el misterio de la misericordia divina que siempre espera, siempre perdona, porque siempre ama”


Texto completo de la homilía de Santo Padre Francisco en la misa de canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro, el Domingo de la Divina Misericordia, 27 de abril de 2014.

En el centro de este domingo, con el que se termina la octava de pascua, y que Juan Pablo II quiso dedicar a la Divina Misericordia, están las llagas gloriosas de Cristo resucitado.

Él ya las enseñó la primera vez que se apareció a los apóstoles la misma tarde del primer día de la semana, el día de la resurrección. Pero Tomás aquella tarde, lo hemos escuchado, no estaba; y, cuando los demás le dijeron que habían visto al Señor, respondió que, mientras no viera y tocara aquellas llagas, no lo creería. Ocho días después, Jesús se apareció de nuevo en el cenáculo, en medio de los discípulos, y Tomás también estaba; se dirigió a él y lo invitó a tocar sus llagas. Y entonces, aquel hombre sincero, aquel hombre acostumbrado a comprobar personalmente las cosas, se arrodilló delante de Jesús y dijo: «Señor mío y Dios mío».

Las llagas de Jesús son un escándalo para la fe, pero son también la comprobación de la fe. Por eso, en el cuerpo de Cristo resucitado las llagas no desaparecen, permanecen, porque aquellas llagas son el signo permanente del amor de Dios por nosotros, y son indispensables para creer en Dios. No para creer que Dios existe, sino para creer que Dios es amor, misericordia, fidelidad. San Pedro, citando a Isaías, escribe a los cristianos: «Sus heridas nos han curado».

Juan XXIII y Juan Pablo II tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado. No se avergonzaron de la carne de Cristo, no se escandalizaron de él, de su cruz; no se avergonzaron de la carne del hermano, porque en cada persona que sufría veían a Jesús. Fueron dos hombres valerosos, llenos de la parresia del Espíritu Santo, y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de Dios, de su misericordia.

Fueron sacerdotes, obispos y papas del siglo XX. Conocieron sus tragedias, pero no se abrumaron. En ellos, Dios fue más fuerte; fue más fuerte la fe en Jesucristo Redentor del hombre y Señor de la historia; en ellos fue más fuerte la misericordia de Dios que se manifiesta en estas cinco llagas; más fuerte la cercanía materna de María.

En estos dos hombres contemplativos de las llagas de Cristo y testigos de su misericordia había «una esperanza viva», junto a un «gozo inefable y radiante». La esperanza y el gozo que Cristo resucitado da a sus discípulos, y de los que nada ni nadie les podrá privar. La esperanza y el gozo pascual, purificados en el crisol de la humillación, del vaciamiento, de la cercanía a los pecadores hasta el extremo, hasta la náusea a causa de la amargura de aquel cáliz. Ésta es la esperanza y el gozo que los dos papas santos recibieron como un don del Señor resucitado, y que a su vez dieron abundantemente al Pueblo de Dios, recibiendo de él un reconocimiento eterno.

Esta esperanza y esta alegría se respiraba en la primera comunidad de los creyentes, en Jerusalén, como se nos narra en los Hechos de los Apóstoles, que hemos escuchado en la segunda lectura. Es una comunidad en la que se vive la esencia del Evangelio, esto es, el amor, la misericordia, con simplicidad y fraternidad.

Y ésta es la imagen de la Iglesia que el Concilio Vaticano II tuvo ante sí. Juan XXIII y Juan Pablo II colaboraron con el Espíritu Santo para restaurar y actualizar la Iglesia según su fisionomía originaria, la fisionomía que le dieron los santos a lo largo de los siglos. No olvidemos que son precisamente los santos quienes llevan adelante y hacen crecer la Iglesia. En la convocatoria del Concilio, san Juan XXIII demostró una delicada docilidad al Espíritu Santo, se dejó conducir y fue para la Iglesia un pastor, un guía-guiado, guiada por el Espíritu Santo. Éste fue su gran servicio a la Iglesia y por eso me gusta pensar en él como el Papa de la docilidad al Espíritu.

En este servicio al Pueblo de Dios, Juan Pablo II fue el Papa de la familia. Él mismo, una vez, dijo que así le habría gustado ser recordado, como el Papa de la familia. Me gusta subrayarlo ahora que estamos viviendo un camino sinodal sobre la familia y con las familias, un camino que él, desde el Cielo, ciertamente acompaña y sostiene.

Que estos dos nuevos santos pastores del Pueblo de Dios intercedan por la Iglesia, para que, durante estos dos años de camino sinodal, sea dócil al Espíritu Santo en el servicio pastoral a la familia. Que ambos nos enseñen a no escandalizarnos de las llagas de Cristo, a adentrarnos en el misterio de la misericordia divina que siempre espera, siempre perdona, porque siempre ama.

viernes, 25 de abril de 2014

JUAN PABLO II: Venerarán su imagen en la Iglesia de Santiago Apóstol de Cádiz, al término de su canonización

Imagen de Juan Pablo II realizada por el imaginero
 gaditano Luis Enrique González Rey.
Queridos amigos y hermanos del blog: como culminación de los actos previstos para la celebración de la Fiesta de la Divina Misericordia, organizada por el Apostolado de la Oración de la Iglesia Santiago Apóstol de Cádiz, se llevará a cabo la veneración de la imagen de quien será santo a partir de este domingo, Juan Pablo II, imagen que se encuentra en dicho templo desde el año 2011.

Este Domingo 27 de abril, II Domingo de Pascua, serán los actos centrales de la Fiesta de la Divina Misericordia con el siguiente programa: 12:30hs. Adoración al Santísimo Sacramento y Confesiones, a las 13:00hs. celebración de la Santa Misa y al término de la misma se hará la veneración de la imagen de San Juan Pablo II, uniéndonos a lo que acontecerá momentos antes en la Plaza de San Pedro en la cual el papa Francisco le canonizará.

Todos estos oficios religiosos se llevarán a cabo en la Iglesia Santiago Apóstol, Plaza de la Catedral, s/n, Cádiz.

La imagen gaditana de Su Santidad Juan Pablo II, el Papa Santo

El día 1 de mayo de 2011, II Domingo de Pascua, Domingo de la Divina Misericordia, en la Eucaristía celebrada a las 13:00hs en la Iglesia de Santiago Apóstol de la ciudad de Cádiz, y presidida –por el entonces Rector de dicha Iglesia y del Seminario Diocesano San Bartolomé, Don José Manuel Daza Tello, fue bendecida la Imagen de Juan Pablo II, beatificado ese mismo día a las 10:00hs en la Plaza de San Pedro, por el Papa Benedicto XVI.

Esta imagen para la Iglesia de Santiago de Juan Pablo II ha sido confeccionada en terracota (del italiano terra cotta "tierra cocida", arcilla modelada y endurecida al horno, muy utilizada para la realización de esculturas y decoración arquitectónica). Su realizador ha sido el imaginero gaditano Luis Enrique González Rey, de reconocido prestigio en toda Andalucía, tiene un tamaño aproximado de un metro, aparece vestido con la sotana papal blanca y con la capa roja, lleva en su mano izquierda el báculo, que reproduce al que él usaba al igual que el Papa Pablo VI, rematado con una cruz arbórea y bendiciendo con la mano derecha.

Juan Pablo II en el Monasterio de La Encarnación,
Ávila, el 1 de noviembre de 1982.
Juan Pablo II, el Papa santo que amó a España

Para España la figura de Juan Pablo II encierra un significado especial que se puso de manifiesto a lo largo de su pontificado, desde 1978 a 2005. Durante esos 27 años, el Papa polaco mantuvo una cálida cercanía con la Iglesia española, y mucho ayudó a la contribución histórica de España en la propagación de la fe.

Cinco visitas apostólicas que realizó a nuestra nación, que fueron un éxito rotundo, y que hicieron posible que entre Juan Pablo II y el pueblo español se estableciera una corriente de simpatía que se mantuvo intacta hasta el último día de su pontificado. De ahí que la canonización del Papa Wojtyla tiene una dimensión muy particular no sólo para la mayoría católica, sino también para todos los españoles. Su amor por España y por la espiritualidad de sus grandes místicos como santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz puso en valor –entre otros muchos aspectos- el protagonismo de nuestro país en la evangelización de Hispanoamérica, de donde ha venido el actual Papa Francisco.

jueves, 24 de abril de 2014

HOMILÍAS (audios): Santa María Faustina Kowalska y la Divina Misericordia


SANTA MARÍA FAUSTINA KOWALSKA 
Y LA DIVINA MISERICORDIA

Homilía del Padre José Medina,
del 24 de abril de 2014,
en el Triduo en preparación para la Fiesta de la Divina Misericordia,
predicada en la Iglesia de Santiago Apóstol,
Plaza de la Catedral, s/n, Cádiz, España.



LITURGIA: Triduo y Fiesta de la Divina Misericordia

El Apostolado de la Oración de la Iglesia Santiago Apóstol de Cádiz ha organizado, e invita a toda la comunidad gaditana a participar, un Triduo preparatorio y la celebración de la Fiesta de la Misericordia Divina. Oficios que será presididos y predicados por el Padre José Antonio Medina Pellegrini, Director Espiritual del Seminario “San Bartolomé” y Capellán de las Religiosas de María Inmaculada.

El Triduo se inició hoy jueves 24 y se extenderá hasta el sábado 26 de abril con los siguientes actos: 19:30 hs. Adoración al Santísimo Sacramento y Confesiones; a las 20:00 hs. la Santa Misa y a su término el rezo del Rosario de la Divina Misericordia.

El Domingo 27 de abril serán los actos centrales de la Fiesta de la Divina Misericordia con el siguiente programa: 12:30hs. Adoración al Santísimo Sacramento y Confesiones, a las 13:00hs. la celebración de la Santa Misa y al término de la misma se hará la veneración de la imagen de San Juan Pablo II, uniéndonos a lo que acontecerá momentos antes en la Plaza de San Pedro en la cual el papa Francisco le canonizará.

Cabe recordar que el 2º Domingo de Pascua, es la Fiesta de la Divina Misericordia, instituida oficialmente por Juan Pablo II, según esta nueva forma de culto y devoción, revelada por Jesús a Santa María Faustina Kowalska. En su diario se lee, por lo menos en catorce ocasiones, que Nuestro Señor le pide que se instituya oficialmente una Fiesta de la Misericordia, al declarar:

“Esta Fiesta ha salido de las entrañas de Mi Misericordia y está confirmada en el abismo de mis gracias. Deseo que se celebre con gran solemnidad el primer Domingo después de Pascua de Resurrección. Deseo que esta Fiesta sea refugio y abrigo para todas las almas y especialmente para los pobres pecadores. Las entrañas más profundas de Mi Misericordia se abren en ese día. Derramaré un caudaloso océano de gracias sobre aquellas almas que acudan al manantial de Mi Misericordia”.

Al que participe de esta Fiesta, Jesús hace una promesa extraordinaria: “El alma que acuda a la Confesión y que reciba la Sagrada Comunión, obtendrá la remisión total de sus culpas y del castigo merecido por sus pecados. Que el alma no tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como la grana”.

Todos estos oficios religiosos se llevarán a cabo en la Iglesia Santiago Apóstol, Plaza de la Catedral, s/n, Cádiz.


CATEQUESIS DEL PAPA: “¡Cristo ha resucitado! ¡No busquemos entre los muertos al que está vivo!”


Catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 23 de abril de 2014 en la Plaza de San Pedro.

Catequesis sobre la Resurrección del Señor

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Esta es una semana de alegría. Celebramos la Resurrección de Jesús. Es una verdadera alegría, profunda, basada en la certeza de que Cristo resucitado ya no muere, sino que está vivo y activo en la Iglesia y en el mundo. Esta certeza habita en el corazón de los creyentes desde esa mañana de Pascua, cuando las mujeres fueron a la tumba de Jesús y los ángeles les dijeron: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?" (Lc 24, 5) ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? Estas palabras son como una piedra miliar en la historia; pero también una "piedra de tropiezo" si no nos abrimos a la Buena Noticia, ¡si creemos que nos causa menos molestia un Jesús muerto que un Jesús vivo!

En cambio, cuántas veces en nuestro camino diario necesitamos que nos digan: "¿Por qué estás buscando entre los muertos al que está vivo?" ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? Y cuántas veces nosotros buscamos la vida entre las cosas muertas, entre las cosas que no pueden dar vida, entre las cosas que hoy están y mañana no estarán más. Las cosas que pasan. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?

Necesitamos escucharlo cuando nos cerramos en cualquier forma de egoísmo o de autocomplacencia; cuando nos dejamos seducir por los poderes terrenos y por las cosas de este mundo, olvidando a Dios y al prójimo; cuando ponemos nuestras esperanzas en las vanidades mundanas, en el dinero, en el éxito. Entonces la Palabra de Dios nos dice: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?" ¿Por qué estás buscando allí? Aquello no te puede dar vida, sí, quizás te dé una alegría de un minuto, de un día, de una semana, de un mes, ¿y luego? ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? Esta frase debe entrar en el corazón y debemos repetirla.

¡Repitamos juntos tres veces! ¡Hagamos el esfuerzo! Todos: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? ¡Fuerte! ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? Y hoy, cuando volvamos a casa digámoslo en el corazón, el silencio, pero que nos venga esta pregunta: ¿Por qué yo en la vida busco entre los muertos al que está vivo? Nos hará bien hacerlo. Si escuchamos, podemos abrirnos a Aquel que da la vida, Aquel que puede dar la verdadera esperanza. En este tiempo pascual, dejémonos nuevamente tocar por el estupor del encuentro con Cristo resucitado y vivo, por la belleza y la fecundidad de su presencia.

Pero no es fácil estar abierto a Jesús. No es evidente aceptar la vida del Resucitado y su presencia entre nosotros. El Evangelio nos hace ver las reacciones del apóstol Tomás, de María Magdalena y de los dos discípulos de Emaús: nos hace bien confrontarnos con ellos. Tomás pone una condición a la fe, pide tocar la evidencia, las llagas; María Magdalena llora, lo ve pero no lo reconoce, se da cuenta de que es Jesús sólo cuando Él la llama por su nombre; los discípulos de Emaús, deprimidos y con sentimientos de derrota, llegan al encuentro con Jesús dejándose acompañar por el misterioso viandante. ¡Cada uno por caminos diferentes! Buscaban entre los muertos al que está vivo, y fue el mismo Señor el que corrigió el rumbo. Y yo, ¿qué hago? ¿Qué camino sigo para encontrar al Cristo vivo? Él estará siempre cerca de nosotros para corregir el rumbo si nosotros nos hemos equivocado.

"¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?" (Lc 24, 5) Esta pregunta nos hace superar la tentación de mirar hacia atrás, a lo que fue ayer, y nos empuja a avanzar hacia el futuro. Jesús no está en la tumba, él es el Resucitado, el Viviente, el que siempre renueva su cuerpo que es la Iglesia y lo hace andar atrayéndolo hacia Él. "Ayer" es la tumba de Jesús y la tumba de la Iglesia, el sepulcro de la verdad y la justicia; "hoy" es la resurrección perenne a la que nos impulsa el Espíritu Santo, que nos da plena libertad.

Hoy nos dirige también a nosotros este interrogante. Tú, ¿por qué buscas entre los muertos a aquel que está vivo, tú que te cierras en ti mismo después de una derrota y tú que no tienes más fuerza para rezar? ¿Por qué buscas entre los muertos al que está vivo, tú que te sientes solo, abandonado por los amigos y quizás también por Dios? ¿Por qué buscas entre los muertos al que está vivo, tú que has perdido la esperanza y tú que te sientes prisionero de tus pecados? ¿Por qué buscas entre los muertos al que está vivo, tú que aspiras a la belleza, a la perfección espiritual, a la justicia, a la paz?

¡Tenemos necesidad de escuchar de nuevo y de recordarnos mutuamente la advertencia del ángel! Esta advertencia, "¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?", nos ayuda a salir de nuestros espacios de tristeza y nos abre a los horizontes de la alegría y de la esperanza. Aquella esperanza que remueve las piedras de los sepulcros y anima a anunciar la Buena Nueva, capaz de generar vida nueva para los otros. Repitamos esta frase del ángel para tenerla en el corazón y en la memoria. Y después cada uno responda en silencio: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? ¡Repitámosla! ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?

Pero mirad, hermanos y hermanas, ¡Él está vivo, está con nosotros! ¡No vayamos por tantos sepulcros que hoy te prometen algo, belleza… y luego no te dan nada! ¡Él está vivo! ¡No busquemos entre los muertos al que está vivo! Gracias.

miércoles, 23 de abril de 2014

JUAN PABLO II: La mujer del milagro que lo hará santo relata cómo fue su sanación

Queridos amigos y hermanos del blog: Floribeth Mora vive en Dulce Nombre, Costa Rica, pero viajará al Vaticano para asistir a la canonización y contar lo que escuchó cuando estaba postrada por un aneurisma: "¡Levántate, no tengas miedo!"

Entre estampas y crucifijos, en su casita enclavada en una colina, una mujer de 50 años a quien los médicos desahuciaron hace tres, recibe diariamente a gente angustiada: "Tengan fe", les pide Floribeth, la costarricense del "milagro" de Juan Pablo II.

Sin soltar una revista con Karol Wojtyla en la portada, esta mujer, suave y serena, abraza a un hombre que le ruega interceda por su esposa al borde de la muerte. "Pídale mucho a Juan Pablo II, como lo hice yo", lo consuela.

Su casa en Dulce Nombre de Cartago, unos 20 km al este de San José, es una suerte de santuario desde que el 5 de julio el papa Francisco oficializó que la inexplicable sanación de Floribeth de un aneurisma, elevará a Juan Pablo II a los altares.

Un enorme retrato del papa polaco, rodeado de velas y flores, junto a la imagen de una Virgen y copias de pruebas médicas, está ya en altar en el portal de la vivienda por "agradecimiento", dice Floribeth, quien llevará las reliquias del nuevo santo en la canonización el 27 de abril.

Ataviada con una blusa celeste que ilumina su tez blanca y cabello castaño, recibe a un equipo de AFP, entre visitas de enfermos, preparativos del viaje y su trabajo de administradora de dos pequeños negocios familiares.

"¡Levántate, no tengas miedo!"

Un triste día de abril de 2011 -cuenta- el neurocirujano Alejandro Vargas le diagnosticó un aneurisma fusiforme en la zona derecha del cerebro: "Mi lado izquierdo se fue paralizando, no podía mover las manos, ni tomar una cuchara o un vaso, todo se me caía".

Tras varios exámenes, los médicos determinaron que no había nada por hacer y fue enviada a su casa a esperar la muerte.

"Su vida se iba apagando, pero siempre oraba al papa", dice el padre Sergio, consejero de Floribeth.

Postrada, el 1 de mayo de 2011 siguió por televisión la beatificación del papa polaco. "A las ocho de la mañana del día siguiente escuché esa voz en mi cuarto que me decía: ¡Levántate. No tengas miedo!", relata a AFP.

De aquella revista de Juan Pablo II -dice- vio salir unas manos invitándola a dejar el lecho. "El Señor me quitó el miedo y la agonía, me dio paz y la certeza de que yo estaba sana", asegura.
En noviembre de 2011 una resonancia magnética "comprobó lo que yo venía diciendo, que estaba sana. Fue obra de Dios", narra emocionada.

¿Y cómo se lo explica el médico? No con la ciencia: "Si no puedo explicar médicamente, es que algo diferente a lo médico pasó (...). Puedo creer que fue un milagro", declara Vargas a la AFP, afuera del hospital público donde trabaja.

"¡Ahí va la loca!"

Floribeth escribió en febrero de 2012 su testimonio en la página oficial de Wojtyla en internet: "Quería que el mundo se diera cuenta de la grandeza de Dios, pero nunca me imaginé la magnitud que iba a tomar esto", asegura.

Tres meses después la contactaron del Vaticano, fue llevada a Roma y sometida a exámenes que confirmaron su sanación total. Todo ese tiempo debió guardar silencio.

Su devoción nació cuando el "papa viajero" visitó Costa Rica en 1983: "Irradiaba santidad. Verlo, a mis 19 años, impactó mi vida y fue a quien recurrí en los momentos más graves de mi enfermedad para que intercediera por mí ante Dios".

Juan Pablo II, fallecido en abril de 2005, fue proclamado beato tras el reconocimiento de un milagro en una monja francesa, pero para su canonización faltaba un segundo milagro.

Un milagro que no todos creen, incluso en un país donde la religión católica es "oficial", toda una rareza en América Latina.

"En el supermercado, en la calle, me han dicho: ¡Ahí va la loca! Pero la loca está sana porque Dios me sanó. Bendita sea mi locura porque puedo compartir con mi familia", dice Floribeth, casada, con cuatro hijos y seis nietos.

Nacida en un barrio pobre en el sur de San José, ella dice que sigue siendo "la misma de siempre". "No ha cambiado, aunque viene mucha gente a verla", dice su vecina Flor Varela.

Adentro, en casa de Floribeth, un hombre afligido está a punto del llanto: "Mi mujer ya no habla, no sabemos si nos ve, si nos oye. Vengo con fe para que usted nos lleve una petición al papa", le dice José Torres, pequeño agricultor de Cartago.

"Nada es imposible para Dios", le responde ella, sentada en un sofá de la sala, donde hay un baúl y una bolsa repletos de cartitas, "miles de esperanzas" -explica- llegadas de todo el país para llevar a Roma.

martes, 22 de abril de 2014

JUAN PABLO II: “Desde el principio tuve la certeza de que era un santo” (Joaquín Navarro Valls)

Queridos amigos y hermanos del blog: a pocos días de su canonización, quien fue vocero del Papa polaco durante más de 20 años, lo recordó en una entrevista para Radio Vaticano. "Su figura se articula a partir de tres verbos, rezar, trabajar y sonreír", dijo.

El español Joaquín Navarro Valls, periodista y médico, trabajó junto a Karol Wojtyla durante más de 20 años, como director de la Sala de Prensa de la Santa Sede. Ahora se prepara para vivir la ceremonia de canonización de Juan Pablo II y en charla con Radio Vaticano evoca la personalidad del futuro santo.

"Recuerdo nuestro primer encuentro con la intuición, porque todavía no era una evidencia, de que se abría una nueva página de la historia del Pontificado –dijo Navarro Valls-. Juan Pablo II, tan joven como Papa, con ese carácter incisivo, con esa apertura, esa alegría, ese espíritu de propuestas que tenía. Yo no podía más que pensar en una nueva página de la historia del Pontificado. Y hoy, con el tiempo, esta intuición ha sido confirmada y se ha multiplicado durante toda una generación. Fue un punto de referencia con el cual confrontarse, no sólo para la historia de la Iglesia, sino para la historia de la humanidad a todo nivel, desde los intelectuales hasta la gente común".

Consultado acerca de si en algún momento tuvo la sensación de estar junto a un santo, Navarro Valls, dijo que sí, que fue casi inmediato: "Desde los primeros tiempos, cuando estaba cerca de él, cuando trabajaba con él, y desde las primeras veces que lo vi sencillamente rezar; en esos momentos tuve rápidamente la certeza de que este hombre era un santo. Tenía una intimidad con Dios que era tan evidente que se correspondía con esa característica de la santidad según los criterios de la Iglesia Católica".

Para Navarro Valls, es pertinente llamar "gran comunicador" a Juan Pablo II. Pero sugirió evitar pensar que lo era sólo porque comunicaba bien en el plano formal. "Cuando la gente dice 'tiene razón', no lo dice para aprobar una bella voz o su magnífica expresividad; ¡se le da la razón a una persona que dice la verdad! Y en él me parece que lo bello, lo bueno y lo verdadero aparecían en su comunicación como cosas unidas entre sí, que entendíamos la calidad de la comunicación por el contenido de lo que estaba comunicando. Dicho de otro modo, comunicaba Dios, volvía amable la virtud, hacía propuestas que podían llenar la existencia. Pienso que allí residía la virtud de su comunicación y no sólo en el aspecto puramente formal".

En cuanto a su legado en materia de comunicación social, Navarro Valls señala que, mientras que muchas personas "parecen tener una claridad extraordinaria para decir lo que no hay que hacer y quien no hay que ser, pero no parecen tener esa misma facilidad para definir y comunicar lo que debemos ser o hacia dónde caminar si queremos ser mejores" –una ética que deja ambigüedad en el espíritu-, Juan Pablo II "¡era totalmente diferente!".

"Eso –agrega- ha quedado como una forma de evangelizar, de comunicar la verdad cristiana. Esta afirmación de la verdad cristiana debe ser propositiva. Por ejemplo, Juan Pablo II hablaba más de la belleza del amor humano que de los riesgos de una sexualidad caprichosa. No hablaba casi nunca del egoísmo sino de lo maravilloso que sería un mundo hecho con generosidad. Esta forma de comunicar proponiendo la verdad cristiana genera entusiasmo y atrae, y pienso que es en ese aspecto que su forma de comunicar queda como ejemplo. Eso es lo que nos ha enseñado Juan Pablo II".

En ocasión de la presentación de un libro que recoge testimonios sobre el papa Wojtyla –entre ellos el de Navarro Valls- Junto a Juan Pablo II. Los amigos y los colaboradores cuentan, el ex vocero del papa polaco dijo que su figura se articula a partir de tres verbos: "rezar, trabajar y sonreír".

Según él, lo más destacable del carácter de Wojtyla es que "era un hombre alegre" y reflejaba en lo cotidiano "una teología de la alegría". Y agregó que la imagen que con "más elocuencia" representa su identidad es la de "la oración".

"Ver rezar a Juan Pablo II era como asomarse a la infinidad en la que él entraba y que permitía intuir hacia donde iba su espíritu", señaló y agregó que aunque Juan Pablo II "nunca hablaba de su vida interior", un día hablando de la Misa afirmó que era "la necesidad más profunda" de su alma.

lunes, 21 de abril de 2014

PAPA FRANCISCO: “La Resurrección de Cristo es la base de nuestra fe y de nuestra esperanza”


Texto completo de la bendición Urbi et Orbi del Papa Francisco en el Domingo de Pascua 2014

Queridos hermanos y hermanas, Feliz y santa Pascua.

El anuncio del ángel a las mujeres resuena en la Iglesia esparcida por todo el mundo: «Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí. Ha resucitado... Venid a ver el sitio donde lo pusieron».

Esta es la culminación del Evangelio, es la Buena Noticia por excelencia: Jesús, el crucificado, ha resucitado. Este acontecimiento es la base de nuestra fe y de nuestra esperanza: si Cristo no hubiera resucitado, el cristianismo perdería su valor; toda la misión de la Iglesia se quedaría sin brío, pues desde aquí ha comenzado y desde aquí reemprende siempre de nuevo. El mensaje que los cristianos llevan al mundo es este: Jesús, el Amor encarnado, murió en la cruz por nuestros pecados, pero Dios Padre lo resucitó y lo ha constituido Señor de la vida y de la muerte. En Jesús, el Amor ha vencido al odio, la misericordia al pecado, el bien al mal, la verdad a la mentira, la vida a la muerte.

Por esto decimos a todos: «Venid y veréis». En toda situación humana, marcada por la fragilidad, el pecado y la muerte, la Buena Nueva no es sólo una palabra, sino un testimonio de amor gratuito y fiel: es un salir de sí mismo para ir al encuentro del otro, estar al lado de los heridos por la vida, compartir con quien carece de lo necesario, permanecer junto al enfermo, al anciano, al excluido... «Venid y veréis»: El amor es más fuerte, el amor da vida, el amor hace florecer la esperanza en el desierto.

Con esta gozosa certeza, nos dirigimos hoy a ti, Señor resucitado.

Ayúdanos a buscarte para que todos podamos encontrarte, saber que tenemos un Padre y no nos sentimos huérfanos; que podemos amarte y adorarte.

Ayúdanos a derrotar el flagelo del hambre, agravada por los conflictos y los inmensos derroches de los que a menudo somos cómplices.

Haz nos disponibles para proteger a los indefensos, especialmente a los niños, a las mujeres y a los ancianos, a veces sometidos a la explotación y al abandono.

Haz que podamos curar a los hermanos afectados por la epidemia de Ébola en Guinea Conakry, Sierra Leona y Liberia, y a aquellos que padecen tantas otras enfermedades, que también se difunden a causa de la incuria y de la extrema pobreza.

Consuela a todos los que hoy no pueden celebrar la Pascua con sus seres queridos, por haber sido injustamente arrancados de su afecto, como tantas personas, sacerdotes y laicos, secuestradas en diferentes partes del mundo.

Conforta a quienes han dejado su propia tierra para emigrar a lugares donde poder esperar en un futuro mejor, vivir su vida con dignidad y, muchas veces, profesar libremente su fe.

Te rogamos, Jesús glorioso, que cesen todas las guerras, toda hostilidad pequeña o grande, antigua o reciente.

Te pedimos por Siria: la amada Siria, que cuantos sufren las consecuencias del conflicto puedan recibir la ayuda humanitaria necesaria; que las partes en causa dejen de usar la fuerza para sembrar muerte, sobre todo entre la población inerme, y tengan la audacia de negociar la paz, tan anhelada desde hace tanto tiempo.

Jesús glorioso, te rogamos que consueles a las víctimas de la violencia fratricida en Irak y sostengas las esperanzas que suscitan la reanudación de las negociaciones entre israelíes y palestinos.

Te invocamos para que se ponga fin a los enfrentamientos en la República Centroafricana, se detengan los atroces ataques terroristas en algunas partes de Nigeria y la violencia en Sudán del Sur.

Y te pedimos por Venezuela, para que los ánimos se encaminen hacia la reconciliación y la concordia fraterna.

Que por tu resurrección, que este año celebramos junto con las iglesias que siguen el calendario juliano, te pedimos que ilumines e inspires iniciativas de paz los esfuerzos en Ucrania, para que todas las partes implicadas, apoyadas por la Comunidad internacional, lleven a cabo todo esfuerzo para impedir la violencia y construir, con un espíritu de unidad y diálogo, el futuro del País. Que ellos como hermanos puedan hoy gritar 'Christus surrexit'.

Te rogamos, Señor, por todos los pueblos de la Tierra: Tú, que has vencido a la muerte, concédenos tu vida, danos tu paz. "Christus surrexit, venite et videte!" Queridos hermanos y hermanas, feliz Pascua.

domingo, 20 de abril de 2014

HOMILÍAS (audios): Resurrección del Señor (Domingo de Pascua)


Resurrección del Señor (Domingo de Pascua)

Homilía del Padre José Medina, del 20 de abril de 2014, en la Vigilia Pascual, Domingo de Pascua, predicada en la Capilla de las Hermanas de la Cruz, C/ Zaragoza, s/n, Cádiz, España.