miércoles, 2 de abril de 2014

INTENCIONES DEL PAPA: Mes de ABRIL de 2014

Queridos amigos y hermanos del blog: el Santo Padre Francisco indica para cada año y para cada mes, cuales son las intenciones generales y misioneras de la Iglesia en todo el mundo, por las que quiere que se ore. Éstas intenciones las confía al Apostolado de la Oración, quienes propagan en el mundo entero la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a fin de que éste las difunda con la mayor amplitud posible. Les comparto ahora las intenciones para este mes de abril de 2014 con una síntesis del comentario que ofrece el P. Claudio Barriga, S.J., Director General Delegado del Apostolado de la Oración.


La INTENCIÓN GENERAL para ABRIL 2014 es: 
“Para que los gobernantes promuevan el cuidado de la creación y la justa distribución de los bienes y recursos naturales”.

COMENTARIO PASTORAL: A finales de los ’80, el movimiento Solidaridad en Polonia desafió al sistema colectivo estatal impuesto por la Unión Soviética después de la Segunda Guerra Mundial. Los trabajadores en los astilleros leninistas, localizados en Gdansk, Polonia, declararon en forma sorpresiva que querían ser parte de las negociaciones colectivas en sus propios términos. No se consideraban autómatas despersonalizados de un estado todopoderoso.

Más aún, los trabajadores sabían que el sistema era disfuncional, y querían tener una voz en los objetivos de los trabajadores, su seguridad y las condiciones generales de trabajo. Los trabajadores polacos querían un sistema democrático, pero no capitalista, controlado por consejos de trabajadores. De hecho, estos trabajadores polacos, influenciados por su connacional amigo, el Papa Juan Pablo II, querían favorecer un sistema socialmente justo. Lamentablemente, las aspiraciones de los trabajadores polacos se vieron desvanecidas como consecuencia del colapso soviético y la imposición del sistema capitalista global. La lucha por algo nuevo y mejor sigue en espera.

Una visión del bien común rechaza toda forma de materialismo, sea de origen comunista o capitalista, ninguna de estas formas triunfará. El surgimiento de hechos como la Primavera Árabe, la ocupación de Wall Street y la aparición de una juventud desempleada e insatisfecha en España y otros países, hacen suponer que algo nuevo está en el ambiente. Todos, incluyendo a los pobres y desempleados, tienen los mismos derechos que los privilegiados económicamente y están en movimiento. El mundo actual con un fuerte énfasis puesto en el consumo de bienes, nos lleva a una insensibilidad que nos distrae de la responsabilidad social que se requiere para crear un nuevo orden. Y la gente de sentido común – una parte de los mínimos a exigir – se están dando cuenta que compartimos una visión común que tiene derecho a florecer a través de un nacimiento nuevo.

[…]

Salvar nuestra tierra herida involucra nuestras más profundas aspiraciones espirituales. El futuro significa un compartir generacional divino y humano, de persona a persona, público y privado, presente, pasado y futuro. El tiempo pertenece a Dios, pero el tiempo que Dios nos da es limitado y nosotros debemos administrarlo en forma apropiada.

Los creyentes desafían a aquellos que ven poco o nada futuro: los negativos se van, los que buscan pretextos se niegan a involucrarse, los escapistas no pueden afrontar la realidad. La acción supone riesgos, lo mismo que la inacción, y esto significa la destrucción de nuestro mundo. Los creyentes están llamados a trabajar, ayudar, animar, rezar y sostener el proceso de recuperación.

La compasión está en el corazón del bien común ya que da energía al trabajo compartido que tenemos por delante. La compasión surge del Misterio de la Resurrección, de la Luz del Mundo. El bien común es una esperanza compartida sin privilegio alguno, excepto el privilegio de estar al servicio por y para los otros. Buscamos recuperar el mundo natural que está dañado, la belleza que se percibe arruinada, y finalmente nos unimos porque de otra manera negaríamos la esperanza que nos permite seguir adelante. Al unirnos, reclamamos, al no unirnos permitimos que continúe el camino de destrucción sin hacer nada al respecto.

Somos padres de un nuevo nacimiento. Nuestra tarea y el sufrimiento no son en vano, nuestro trabajo fructífero es nuestra herencia más allá de lo que dure nuestra vida. Tratamos de hacer nacer y promover los esfuerzos que seguramente se sucederán. Si consideramos estos esfuerzos solamente como nuestros, de la presente generación, hemos distorsionado la propiedad y excluido a las generaciones futuras de su participación legítima.

Nuestros esfuerzos conjuntos darán fruto en el tiempo adecuado en un destino común si podemos armarnos de coraje para ver más allá de hoy. Procuramos identificar a toda la gente de buena voluntad y creyentes en el futuro; los invitamos aún antes de su nacimiento a ayudar con los nuevos esfuerzos que nos hemos propuesto aquí. Somos una comunidad, este mundo presente y un nuevo futuro, pero sólo seremos parte de él si renunciamos a su posesión y privilegios – y por eso debemos convertir a los capitalistas tanto en China como en Occidente.

Nos oponemos a ser esclavizados o endeudados por este sistema económico perverso. A cambio, nos esforzamos por usar tecnologías apropiadas para vivir en forma simple con una ética conservacionista a nivel local; asumimos las preocupaciones de la responsabilidad del ambiente a nivel regional; participamos de acciones cívicas innovadoras a nivel nacional; y aceptamos y apoyamos programas internacionales y globales.

Anunciamos la visión de un bien común emergente, una inspiración humana y divina. ¿De qué otra forma podría ser para un verdadero creyente? Pararse en las puertas de la ciudad con Jeremías! Gritar “Peligro”! Amanece un nuevo día. Carpe Diem! (Coge el día).

P. Albert J. Fritsch, S.J.
Investigador y director de medio ambiente y cuidado del ambiente y pastor de la parroquia Santa Isabel de Hungría, Ravenna, Kentucky, Estados Unidos.


La INTENCIÓN MISIONERA para ABRIL 2014 es: 
“Para que el Señor Resucitado llene de esperanza el corazón de quienes sufren el dolor y la enfermedad”.


COMENTARIO PASTORAL: La resurrección de Jesús es un acontecimiento único en la historia de la humanidad. Jesús es el único que ha resucitado de entre los muertos y que ya no vuelve a morir. Su resurrección es también, para nosotros, una fuente de esperanza: “pues para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos” (Rm 14,9). La resurrección de Jesús nos permite comprender, creer y esperar que, más allá de nuestra muerte, nos espera otra vida. Por su resurrección, Cristo completa de manera perfecta el misterio de la encarnación: “Dios se hace hombre para que el hombre llegue a ser Dios” (San Atanasio). Jesús resucitado aporta la fuerza de su resurrección a nuestras pequeñas muertes, a nuestros achaques y a nuestros sufrimientos. No permitamos que muera en nosotros la esperanza, aun en lo hondo de los sufrimientos más angustiosos, pues la “esperanza no defrauda” (Rm 5,5).

Durante este mes vamos a orar pidiendo que esta esperanza colme, rebosante, el corazón de los que sufren. Porque el corazón es el lugar donde converge todo lo que la persona humana experimenta en su cuerpo y en su espíritu. Los sufrimientos afectivos, morales, psíquicos y físicos repercuten todos en el corazón. Y pasa lo mismo con las alegrías, que parecen estallar en nuestro corazón, rebosándolo. El deseo de Jesús es que nuestros corazones “no se turben” (Jn 14,1). Enraizados en el Corazón de Jesús, nuestros corazones pueden llenarse de paz a pesar de los sufrimientos que experimentemos (Jn 14,27; Mt 11,28).

Porque, de hecho ¿quién en nuestro mundo no ha experimentado el dolor o la enfermedad? Yo he llegado a comprender que hay más sufrimiento del que nos imaginamos. Aun aquellas personas que aparentemente son felices sufren, ciertamente, en sus corazones.

Pienso, también, que entre ellos hay quienes sufren más que otros. Yo mismo tengo tantas cosas que pueden hacerme sufrir… pero las relativizo cuando compruebo que hay quienes sufren más que yo. Por ejemplo: ese joven enfermo de 15 años, inocente, cuya familia no tenía recursos para atenderle y que ha fallecido ante mis ojos. O ese hombre que he visto subir al autobús llevando consigo la bombona de oxígeno para poder respirar, bombona de la que depende su vida. O, todavía, esos prisioneros que no reciben más que una bien escasa comida al día y cuyo juicio se ha pospuesto u olvidado porque no hay quien defienda su causa… O también esa madre de familia que pasa las noches en blanco preguntándose qué podrá dar de comer a sus hijos al día siguiente… o esa joven que aguarda sin esperanza un marido que nunca llega…

Esos sufrimientos afectan a todo el ser y se transparentan en la mirada. Sé, sin embargo, que aunque olvidados por la sociedad, Jesús resucitado no les olvida jamás. Con vosotros, durante este mes, ruego para que Él visite de manera especial a todos los que viven afligidos por tantos sufrimientos y, sobre todo, para que sane sus corazones.

P. Rigobert Kyungu, sj
Coordinador del Apostolado de la Oración y MEJ para África.

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