viernes, 30 de mayo de 2014

PRO VIDA: Estaba muerto aparentemente, sus órganos iban a ser donados, pero movió los dedos y se convirtió en “el milagro de Navidad”

Sam Schmid es un joven de 23 años a quien recientemente le han dado de alta, ahora juega baloncesto y estudia en la universidad; sin embargo, en 2011, cuando regresaba de su escuela católica, un accidente automovilístico lo hizo entrar en coma. Con el paso del tiempo, al considerarlo con muerte cerebral, los doctores hablaron con sus padres para desconectarlo y donar sus órganos, pero inesperadamente el joven movió dos dedos e inició una recuperación “realmente extraordinaria”.

Según indicó ABC News, el accidente del 19 de octubre de 2011 no solo le había dejado a Sam los dos fémures y la mano izquierda fracturados, sino sobre todo serias lesiones cerebrales que casi siempre son fatales.

Los daños en el cerebro eran tan severos que el hospital local no podía tratarlo, por lo que fue trasladado hacia Barrow, al Centro Médico San José en Phoenix, donde los especialistas realizaron una cirugía de aneurisma potencialmente mortal.

El joven no respondía y los médicos abordaron con la familia el tema de la donación de órganos. Esto ocurrió hace dos años. En ese momento, Sam comenzó a responder, levantando dos dedos.

Sin embargo, el severo daño cerebral hacía a los médicos dudar de si el joven podría volver a caminar, retomar sus estudios o incluso hablar.

Instalado en el Centro Transitorio de Neuro Rehabilitación, del Instituto Neurológico Barrow, Sam Schmid fue tratado por el equipo de terapia física, ocupacional y del lenguaje liderado por neuropsicóloga Kristi Husk, quienes trabajaron cerca de 40 horas a la semana con el joven durante los últimos dos años.

“Estoy sorprendido por el resultado final”, dijo Schmid a ABC News. “Yo estaba dispuesto a cumplir con toda la ayuda en el Barrow, y mi recuperación está basada en el duro trabajo que hice”.

Cuando Schmid llegó, tenía que ayudarse de un andador. Además tenía dificultades básicas en el habla y para pasar los alimentos.

“Describiría esto como un estado frágil física y emocionalmente”, dijo Husk. Sin embargo, el “campo de entrenamiento”, al igual que la intensidad del trabajo de rehabilitación inspiraron a Schmid, quien rápidamente pasó a una transición más intensa, ingresó como voluntario en el gimnasio para personas con discapacidad y trabajó en la sala de correos del hospital y en la biblioteca, reaprendiendo los hábitos de trabajo y socialización.

“Su recuperación es realmente extraordinaria”, dijo Husk. “Estamos muy orgullosos de él”. “Vemos un montón de pacientes aquí y Sam era el más grave”, dijo la especialista, que lleva diez años trabajando en este campo.

Husk recordó Schmid “fue encontrado muerto en la escena (del accidente) y estaba con soporte para mantenerlo vivo. Hemos visto recuperarse pacientes y hemos visto algunos pequeños milagros, pero el de Sam es de lejos la más impresionante recuperación que he visto en mi experiencia”.

A sus 23 años, Sam fue recientemente dado de alta y ahora es un miembro importante del equipo de baloncesto, ha vuelto a sus estudios y espera ser técnico veterinario. Según ABC News, esta recuperación extraordinaria ha sido considerada por quienes la vivieron, “el milagro de Navidad”.

Artículo original de ACI/EWTN Noticias.

jueves, 29 de mayo de 2014

PAPA FRANCISCO: "Confesiones" a 10.000 metros de altura

En el viaje de regreso a Roma en el Boeing 777 de la aerolíneas israelí, el papa Francisco saludó a los periodistas que le acompañaron en el vuelo y respondió a 11 preguntas, sin eludir los temas, y no faltó, indican las agencias, candor, e incluso el sentido del humor que le caracteriza.

Sobre el encuentro que se realizará en el Vaticano en junio, entre el presidente de Israel, Shimon Peres y el del Estado Palestino, Abbu Mazen, el Santo Padre redimensionó, indicando que no es una mediación de paz: "Nos reuniremos a rezar, y después todos se regresan a su casa", si bien reiteró, "creo que la oración es importante, y que recemos juntos".
Y de la propuesta de Pablo VI para hacer de Jerusalén una ciudad con un estatus internacional, dijo: "Hay tantas propuestas, el Vaticano tiene su posición desde el punto de vista religioso: una ciudad de paz para las tres religiones". Añadió que "es necesario tener mucho coraje, y rezo tanto al Señor para que estos presidentes tengan el coraje de ir adelante".

Otro tema al que respondió fue sobre el celibato eclesiástico. Les recordó a los periodistas allí presentes que no se trata de un "dogma de fe" y que hay en diversos ritos orientales de la Iglesia católica hay sacerdotes casados. Y que al no ser un dogma se puede siempre abordar el tema. Si bien precisó que los temas “sobre el tapete", en este momento son otros.

Reitero entretanto que el celibato “es una regla de vida, yo lo aprecio mucho y creo que es un don para la Iglesia". El tema era particularmente recurrente hace dos o tres de décadas atrás en las ruedas de prensa, aunque sigue siempre despertando interés.

Otra de las preguntas se refirió a los casos de abusos sexuales por parte de clérigos. El Papa dijo “tolerancia cero” con cualquier eclesiástico que se salpique de este crimen. Añadió, según indican varias agencias, que en el mes de junio se reunirá en el Vaticano con un grupo de seis víctimas de abuso sexual, y les invitará a la misa cotidiana que él celebra en Santa Marta. Reveló también que existen tres obispos investigados, aunque no quedó claro el motivo, pudiendo referirse no a que hayan cometido abusos, sino por haber ocultado casos existentes. Lo que si indicó es que “nadie tiene privilegios es un crimen horrible que traiciona el cuerpo del Señor”, dijo también que los abusos "son peores que las misas negras", según refiere un cotidiano romano.

Sobre la posibilidad que otro papa pueda presentar su renuncia y volverse emérito, como sucedió con Benedicto XVI, indicó que su predecesor abrió esta posibilidad, “tenemos que ver al papa emérito como una institución”, dijo, y se interrogó si habrá más renuncias papales, a lo que respondió: "Sólo Dios sabe si habrá otras, pero la puerta está abierta". E indicó que no tiene un programa fijado, que en el momento oportuno "haré lo que el Señor me diga, rezar y tratar de encontrar la voluntad de Dios. Pero creo que Benedicto XVI no fue un caso único".

El papa Francisco responde también sobre la reforma de la Curia, y ha indicado: "Estamos en un buen punto, hemos consultado  a toda la Curia, ahora se inician a estudiar las cosas para volver más ágil la organización, por ejemplo unir algunos dicasterios".

Consideró que uno de los puntos claves "es el económico, por ello el dicasterio de Economía tiene que trabajar con la Secretaría de Estado". Recordó que en breve tendrá cuatro días de trabajo sobre el tema y que en septiembre otros cuatro. Y si bien "aún no se ven todos los resultados, la parte económica es la que vino a la luz antes". Añadió que "el camino de la persuasión es muy importante" porque reconoció, "hay algunas personas que no ven claro".  

Sobre el Instituto para las Obras de Religión dijo que "han cerrado 1600 cuentas bancarias,  de personas que no tenían derecho. El IOR es para ayudar a la Iglesia, tienen derecho los obispos y las diócesis, los empleados del Vaticano y las viudas de los mismos, las embajadas y nadie más".

Y del Sínodo sobre la familia, precisó que será "sobre la familia, sus riquezas y la situación actual: pero no me ha gustado que tantas personas, también en la Iglesia, hayan dicho que el sínodo es para dar la comunión a los divorciados y vueltos a casar, como si todo se redujera a una casuística". Y añadió que "hoy sabemos que la familia está en crisis, es una crisis mundial, los jóvenes no quieren casarse y conviven. No querría que caigamos en esta casuística: ¿se podrá o no se podrá dar la comunión?

Especial de H. Sergio Mora para Zenit.org

miércoles, 28 de mayo de 2014

CATEQUESIS DEL PAPA: “Hemos sentido fuerte la voz del Buen Pastor Resucitado, que quiere hacer de todas sus ovejas un solo rebaño”


Catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 28 de mayo de 2014 en la Plaza de San Pedro.

El Papa comenta su viaje a Tierra Santa

Queridos hermanos y hermanas, en los días pasados, como saben, he realizado una peregrinación a Tierra Santa. Ha sido un gran don para la Iglesia, y le agradezco a Dios. Él me ha guiado en aquella tierra bendita, tierra bendita, que ha visto la presencia histórica de Jesús, y donde se verificaron eventos fundamentales para el judaísmo, el cristianismo y el Islam. Deseo renovar mi cordial reconocimiento a su beatitud el patriarca Fouad Tual, a los obispos de los diversos ritos, a los sacerdotes, a los franciscanos de la Custodia del Tierra Santa. Estos franciscanos son buenos, su trabajo es realmente bueno y todo lo que hacen.

Mi pensamiento agradecido va también a las autoridades jordanas, israelíes y palestinas, que me acogieron con tanta cortesía. Y añado, también con amistad, como a todos los que han cooperado para la realización de la visita.

La finalidad principal de esta peregrinación fue conmemorar el 50 aniversario del histórico encuentro entre el papa Pablo VI y el patriarca Atenágora. Fue la primera vez que un sucesor de Pedro visitó Tierra Santa: Pablo VI inauguraba así, durante el Concilio Vaticano II, los viajes de los papas fuera de Italia, en la época contemporánea.

Aquel gesto profético del obispo de Roma y del patriarca de Constantinopla ha puesto una piedra angular en el camino, sufrido pero prometedor, de la unidad de todos los cristianos, que desde entonces ha cumplido pasos importantes. Por lo tanto mi encuentro con su santidad Bartolomeo, amado hermano en Cristo, ha sido el momento culminante de la visita. Juntos hemos rezado ante el sepulcro de Jesús, y con nosotros estaban el patriarca griego-ortodoxo de Jerusalén Theophilos III, y el patriarca armenio apostólico Nourhan, además de arzobispos y obispos de diversas Iglesias y comunidades, autoridades civiles y muchos fieles.

En aquel lugar en donde resonó el anuncio de la Resurrección, hemos visto toda la amargura y el sufrimiento de las divisiones que todavía existen entre los discípulos de Cristo. Y verdaderamente esto hace tanto mal, estamos todavía divididos, en esos lugares en donde resonó la voz de la Resurrección, en donde Jesús nos dio la vida, estamos todavía un poco divididos.

Pero sobre todo, en aquella celebración cargada de recíproca fraternidad, de estima y de afecto, hemos sentido fuerte la voz del Buen Pastor Resucitado, que quiere hacer de todas su ovejas un solo rebaño. Hemos sentido el deseo de sanar las heridas todavía abiertas y seguir de forma tenaz el camino hacia la plena comunión.

Nuevamente, como hicieron los papas anteriores, yo pido perdón por lo que nosotros hemos hecho para favorecer esta división y le pido al Espíritu Santo que nos ayude a sanar las heridas que hemos causado a nuestros hermanos, todos somos hermanos en Cristo y con el patriarca Bartolomeo somos amigos y hermanos, y hemos compartido la ganas de caminar juntos, hacer todo lo que juntos podemos hacer: rezar juntos, trabajar juntos por el rebaño de Dios, buscar la paz, custodiar la creación y como hermanos tenemos que ir adelante.

Otra finalidad de esta peregrinación ha sido animar en aquella región el camino hacia la paz, que es al mismo tiempo don de Dios y empeño de los hombres. Lo he hecho en Jordania, Palestina e Israel. Y lo he hecho siempre en cuanto peregrino, en el nombre de Dios y del hombre, llevando en el corazón una gran compasión por los hijos de aquella Tierra que desde hace demasiado tiempo conviven con la guerra y tienen el derecho de conocer finalmente días de paz.

Por este motivo he exhortado a los fieles cristianos a dejarse 'ungir' con corazón abierto y dócil, por el Espíritu Santo, para ser siempre más capaces de gestos de humildad, de fraternidad y de reconciliación. Humildad, hermandad, reconciliación...

El Espíritu permite asumir estas actitudes en la vida cotidiana, con personas de diversas culturas y religiones, y así volverse 'artesanos' de la paz. La paz se construye artesanalmente, no hay industrias de paz, se hace cada día, artesanalmente y con el corazón abierto para que venga el don de Dios. Por ello he exhortado a los cristianos de dejarse ungir.

En Jordania he agradecido a las autoridades y al pueblo por su empeño, al acoger numerosos prófugos provenientes desde las zonas de guerra, que merecen y necesitan el apoyo constante de la comunidad internacional. He quedado impresionado por la generosidad del pueblo jordano al acoger a los prófugos. Tantos que huyen de la guerra en esa zona. Y que el Señor bendiga a este pueblo acogedor. Y tenemos que rezar para que el Señor bendiga a este pueblo, en este trabajo de acogida que realiza.

Durante la peregrinación también en otros lugares he animado a las debidas autoridades para que sigan en sus esfuerzos para relajar las tensiones en el área de Oriente medio, especialmente en la martirizada Siria, como seguir buscando una solución equitativa al conflicto palestino-israelí.

Por esto he invitado al presidente de Israel y al presidente de Palestina, ambos hombres de paz y artífices de paz, para que vengan al Vaticano a rezar juntos conmigo por la paz. Y por favor, les pido a ustedes que no nos dejen solos, recen mucho para que el Señor nos dé la paz en aquella tierra bendita. Cuento con estas oraciones, recen mucho para que llegue la paz.

Esta peregrinación en Tierra Santa ha sido también la ocasión para confirmar en la fe a las comunidades cristianas, que sufren tanto, y expresar la gratitud de toda la Iglesia por la presencia de los cristianos en esta zona y en todo Oriente Medio. Estos hermanos nuestros son valientes testigos de la esperanza y caridad, 'sal y luz' en aquella Tierra. Con su vida de fe y de oración y con su preciosa actividad educativa y asistencial, ellos trabajan por la reconciliación y el perdón, contribuyendo al bien común de la sociedad.

Con esta peregrinación que ha sido una verdadera gracia del Señor, he querido llevar una palabra de esperanza, si bien al mismo tiempo la he recibido. La he recibido de los hermanos y hermanas que esperan 'contra toda esperanza', a través de tantos sufrimientos, como las de quien se escapó del propio país debido a los conflictos. Como la de aquellos que en diversas partes del mundo sufren discriminación y desprecio por causa de su fe en Cristo.

Sigamos estando cerca de ellos. Recemos por ellos y por la paz en Tierra Santa y en todo el Medio Oriente. La oración de toda la Iglesia sea de apoyo también del camino hacia la plena unidad entre los cristianos, para que el mundo crea en el amor de Dios, que en Jesucristo vino a vivir en medio de nosotros.

E invito a todos a que recemos juntos, a la Virgen, Reina de la paz, Reina de la unidad, la mamá de todos los cristianos, que Ella nos dé la paz en todo el mundo y que nos acompañe en este camino de unidad. (Ave María).

PADRE JORGE LORING: ¡Obras son amores!: el demonio cree en Dios y está en el infierno


¡Obras son amores!: 
el demonio cree en Dios y está en el infierno

Homilía pronunciada el 25 de mayo de 2014, VI Domingo de Pascua, por el Pbro. Lic. José Antonio Medina Pellegrini, en la Santa Misa en sufragio por el alma del padre Jorge Loring, SJ, celebrada en la Iglesia Santiago Apóstol de la ciudad de Cádiz, España, al cumplirse cinco meses de su fallecimiento.

martes, 27 de mayo de 2014

IGLESIA HOY - Declaración conjunta del Santo Padre Francisco y del Patriarca Ecuménico Bartolomé I


PEREGRINACIÓN A TIERRA SANTA CON OCASIÓN DEL 50 ANIVERSARIO DEL ENCUENTRO EN JERUSALÉN ENTRE EL PAPA PABLO VI Y EL PATRIARCA ATENÁGORAS

(24-26 DE MAYO DE 2014)


ENCUENTRO PRIVADO CON EL PATRIARCA ECUMÉNICO DE CONSTANTINOPLA


DECLARACIÓN CONJUNTA DEL SANTO PADRE FRANCISCO Y DEL PATRIARCA ECUMÉNICO BARTOLOMÉ I


Delegación Apostólica en Jerusalén

Domingo 25 de mayo de 2014

1. Como nuestros venerables predecesores, el Papa Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras, que se encontraron aquí en Jerusalén hace cincuenta años, también nosotros, el Papa Francisco y el Patriarca Ecuménico Bartolomé, hemos querido reunirnos en Tierra Santa, “donde nuestro común Redentor, Cristo nuestro Señor, vivió, enseñó, murió, resucitó y ascendió a los cielos, desde donde envió el Espíritu Santo sobre la Iglesia naciente” (Comunicado común del Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras, publicado tras su encuentro del 6 de enero de 1964). Nuestra reunión –un nuevo encuentro de los Obispos de las Iglesias de Roma y Constantinopla, fundadas a su vez por dos hermanos, los Apóstoles Pedro y Andrés– es fuente de profunda alegría espiritual para nosotros. Representa una ocasión providencial para reflexionar sobre la profundidad y la autenticidad de nuestros vínculos, fruto de un camino lleno de gracia por el que el Señor nos ha llevado desde aquel día bendito de hace cincuenta años.

2. Nuestro encuentro fraterno de hoy es un nuevo y necesario paso en el camino hacia aquella unidad a la que sólo el Espíritu Santo puede conducirnos, la de la comunión dentro de la legítima diversidad. Recordamos con profunda gratitud los pasos que el Señor nos ha permitido avanzar. El abrazo que se dieron el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras aquí en Jerusalén, después de muchos siglos de silencio, preparó el camino para un gesto de enorme importancia: remover de la memoria y de la mente de las Iglesias las sentencias de mutua excomunión de 1054. Este gesto dio paso a un intercambio de visitas entre las respectivas Sedes de Roma y Constantinopla, a una correspondencia continua y, más tarde, a la decisión tomada por el Papa Juan Pablo II y el Patriarca Dimitrios, de feliz memoria, de iniciar un diálogo teológico sobre la verdad entre Católicos y Ortodoxos. A lo largo de estos años, Dios, fuente de toda paz y amor, nos ha enseñado a considerarnos miembros de la misma familia cristiana, bajo un solo Señor y Salvador, Jesucristo, y a amarnos mutuamente, de modo que podamos confesar nuestra fe en el mismo Evangelio de Cristo, tal como lo recibimos de los Apóstoles y fue expresado y transmitido hasta nosotros por los Concilios Ecuménicos y los Padres de la Iglesia. Aun siendo plenamente conscientes de no haber alcanzado la meta de la plena comunión, confirmamos hoy nuestro compromiso de avanzar juntos hacia aquella unidad por la que Cristo nuestro Señor oró al Padre para que “todos sean uno” (Jn 17,21).

3. Con el convencimiento de que dicha unidad se pone de manifiesto en el amor de Dios y en el amor al prójimo, esperamos con impaciencia que llegue el día en el que finalmente participemos juntos en el banquete Eucarístico. En cuanto cristianos, estamos llamados a prepararnos para recibir este don de la comunión eucarística, como nos enseña san Ireneo de Lyon (Adv. haer., IV,18,5: PG 7,1028), mediante la confesión de la única fe, la oración constante, la conversión interior, la vida nueva y el diálogo fraterno. Hasta llegar a esta esperada meta, manifestaremos al mundo el amor de Dios, que nos identifica como verdaderos discípulos de Jesucristo (cf. Jn 13,35).

4. En este sentido, el diálogo teológico emprendido por la Comisión Mixta Internacional ofrece una aportación fundamental en la búsqueda de la plena comunión entre católicos y ortodoxos. En los periodos sucesivos de los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI, y del Patriarca Dimitrios, el progreso de nuestros encuentros teológicos ha sido sustancial. Hoy expresamos nuestro sincero aprecio por los logros alcanzados hasta la fecha, así como por los trabajos actuales. No se trata de un mero ejercicio teórico, sino de un proceder en la verdad y en el amor, que requiere un conocimiento cada vez más profundo de las tradiciones del otro para llegar a comprenderlas y aprender de ellas. Por tanto, afirmamos nuevamente que el diálogo teológico no pretende un mínimo común denominador para alcanzar un acuerdo, sino más bien profundizar en la visión que cada uno tiene de la verdad completa que Cristo ha dado a su Iglesia, una verdad que se comprende cada vez más cuando seguimos las inspiraciones del Espíritu santo. Por eso, afirmamos conjuntamente que nuestra fidelidad al Señor nos exige encuentros fraternos y diálogo sincero. Esta búsqueda común no nos aparta de la verdad; sino que más bien, mediante el intercambio de dones, mediante la guía del Espíritu Santo, nos lleva a la verdad completa (cf. Jn 16,13).

5. Y, mientras nos encontramos aún en camino hacia la plena comunión, tenemos ya el deber de dar testimonio común del amor de Dios a su pueblo colaborando en nuestro servicio a la humanidad, especialmente en la defensa de la dignidad de la persona humana, en cada estadio de su vida, y de la santidad de la familia basada en el matrimonio, en la promoción de la paz y el bien común y en la respuesta ante el sufrimiento que sigue afligiendo a nuestro mundo. Reconocemos que el hambre, la pobreza, el analfabetismo, la injusta distribución de los recursos son un desafío constante. Es nuestro deber intentar construir juntos una sociedad justa y humana en la que nadie se sienta excluido o marginado.

6. Estamos profundamente convencidos de que el futuro de la familia humana depende también de cómo salvaguardemos –con prudencia y compasión, a la vez que con justicia y rectitud– el don de la creación, que nuestro Creador nos ha confiado. Por eso, constatamos con dolor el ilícito maltrato de nuestro planeta, que constituye un pecado a los ojos de Dios. Reafirmamos nuestra responsabilidad y obligación de cultivar un espíritu de humildad y moderación de modo que todos puedan sentir la necesidad de respetar y preservar la creación. Juntos, nos comprometemos a crear una mayor conciencia del cuidado de la creación; hacemos un llamamiento a todos los hombres de buena voluntad a buscar formas de vida con menos derroche y más austeras, que no sean tanto expresión de codicia cuanto de generosidad para la protección del mundo creado por Dios y el bien de su pueblo.

7. Asimismo, necesitamos urgentemente una efectiva y decidida cooperación de los cristianos para tutelar en todo el mundo el derecho a expresar públicamente la propia fe y a ser tratados con equidad en la promoción de lo que el Cristianismo sigue ofreciendo a la sociedad y a la cultura contemporánea. A este respecto, invitamos a todos los cristianos a promover un auténtico diálogo con el Judaísmo, el Islam y otras tradiciones religiosas. La indiferencia y el desconocimiento mutuo conducen únicamente a la desconfianza y, a veces, desgraciadamente incluso al conflicto.

8. Desde esta santa ciudad de Jerusalén, expresamos nuestra común preocupación profunda por la situación de los cristianos en Medio Oriente y por su derecho a seguir siendo ciudadanos de pleno derecho en sus patrias. Con confianza, dirigimos nuestra oración a Dios omnipotente y misericordioso por la paz en Tierra Santa y en todo Medio Oriente. Pedimos especialmente por las Iglesias en Egipto, Siria e Iraq, que han sufrido mucho últimamente. Alentamos a todas las partes, independientemente de sus convicciones religiosas, a seguir trabajando por la reconciliación y por el justo reconocimiento de los derechos de los pueblos. Estamos convencidos de que no son las armas, sino el diálogo, el perdón y la reconciliación, los únicos medios posibles para lograr la paz.

9. En un momento histórico marcado por la violencia, la indiferencia y el egoísmo, muchos hombres y mujeres se sienten perdidos. Mediante nuestro testimonio común de la Buena Nueva del Evangelio, podemos ayudar a los hombres de nuestro tiempo a redescubrir el camino que lleva a la verdad, a la justicia y a la paz. Unidos en nuestras intenciones y recordando el ejemplo del Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras, de hace 50 años, pedimos que todos los cristianos, junto con los creyentes de cualquier tradición religiosa y todos los hombres de buena voluntad reconozcan la urgencia del momento, que nos obliga a buscar la reconciliación y la unidad de la familia humana, respetando absolutamente las legítimas diferencias, por el bien de toda la humanidad y de las futuras generaciones.

10. Al emprender esta peregrinación en común al lugar donde nuestro único Señor Jesucristo fue crucificado, sepultado y resucitado, encomendamos humildemente a la intercesión de la Santísima siempre Virgen María los pasos sucesivos en el camino hacia la plena unidad, confiando a la entera familia humana al amor infinito de Dios.

“El Señor ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz” (Nm 6,25-26)

Jerusalén, 25 de mayo de 2014.

FRANCISCO                        BARTOLOMÉ I

domingo, 25 de mayo de 2014

DIOS CON NOSOTROS (AUDIOS): Una patria que nació cristiana (25 de mayo)


Oración por la Patria

“Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos. Nos sentimos heridos y agobiados. Precisamos tu alivio y fortaleza. Queremos ser nación, una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común. Danos la valentía de la libertad de los hijos de Dios para amar a todos sin excluir a nadie, privilegiando a los pobres y perdonando a los que nos ofenden, aborreciendo el odio y construyendo la paz. Concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda. Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor, cercanos a María, que desde Luján nos dice: ¡Argentina! ¡Canta y camina! Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos. Amén”


sábado, 24 de mayo de 2014

IGLESIA HOY: ¡Recemos por Francisco en la tierra de Jesús!


"Será un viaje estrictamente religioso, primero para encontrar a mi hermano Bartolomeo I, en la celebración del 50 aniversario del encuentro de Pablo VI con Atenagora I. Pedro y Andrea se encontrarán otra vez y esto es muy bonito. Segundo motivo: rezar por la paz en esa Tierra que sufre tanto. Os pido rezar por este viaje". 
(Papa Francisco)



Oración para acompañar al Papa Francisco 
en su peregrinaje a Tierra Santa


Padre Celestial, Tú no te cansas de amarnos y ser misericordioso. El Sucesor de Pedro quiere visitar la Tierra hecha Santa desde el nacimiento, desde el bautismo, la enseñanza, la muerte y la resurrección de tu Hijo. Permanece con él, santifícalo y bendícelo. Extiende el manto de tu ternura sobre cada paso de su peregrinación entre nosotros, para que cada uno pueda ver en él, un peregrino apasionado, un maestro sabio y un guía humilde.

Señor Jesucristo, que rezaste por la unidad de tu Iglesia diciendo 'que sean uno solo’, haz que el encuentro entre el Santo Padre y el Patriarca Ecuménico contribuya a hacer crecer nuestro compromiso por la unidad de tus hijos, haz que el encuentro del Papa con las autoridades políticas sean fructíferas para la justicia y la paz, protege a todos los habitantes de esta tierra y de los seguidores de las religiones del Oriente Medio, de modo que puedan vivir en armonía, en diálogo y cooperación para alcanzar la plena ciudadanía.

Buen Pastor, que estás representado en la cruz pectoral del Papa Francisco, mientras caminamos en el Espíritu de humildad que nos donaste, reaviva en nosotros la consciencia de nuestra identidad cristiana para que, como verdaderos discípulos, podamos dar testimonio de tu Buena Noticia y de tu resurrección en nuestras iglesias, en nuestra sociedad y en todo el mundo, especialmente sirviendo a los más débiles, pobres y refugiados.

Bendice, Señor Santísimo, esta cuarta visita papal a nuestra Tierra Santa a través de la intercesión de la Santísima Virgen María, San José, los Santos de Tierra Santa, y los dos nuevos Santos Juan Pablo II y Juan XXIII,

Amén.



CONOCIENDO AL PAPA FRANCISCO (audios): Introducción general a la "Evangelii gaudium"





LA LUZ DE FRANCISCO (audios): Todos somos discípulos misioneros


Tema del programa Nº 20 del ciclo:
Todos somos discípulos misioneros

jueves, 22 de mayo de 2014

SANTORAL (audios): Santa Rita de Casia (22 mayo)


CATEQUESIS DEL PAPA: “Con el don de la ciencia somos iluminados por el Espíritu para abrirnos a la contemplación de Dios”


Catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 21 de mayo de 2014 en la Plaza de San Pedro.

Catequesis sobre los dones del Espíritu Santo

El don de la ciencia

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy querría destacar otro don del Espíritu Santo, el don de la ciencia. Cuando se habla de ciencia el pensamiento va inmediatamente a la capacidad del hombre de conocer cada vez mejor la realidad que lo rodea y de descubrir las leyes que regulan la naturaleza y el universo. La ciencia que viene del Espíritu Santo, entretanto, no se limita al conocimiento humano, es un don especial que nos lleva a entender a través de lo creado, la grandeza y el amor de Dios y su relación profunda con cada criatura.

Cuando nuestros ojos son iluminados por el Espíritu se abren a la contemplación de Dios, en la belleza de la naturaleza y en la grandiosidad del cosmos, y nos llevan a descubrir cómo cada cosa nos habla de Él, cada cosa nos habla de su amor. Todo esto suscita en nosotros un gran estupor y un profundo sentido de gratitud.

Es la sensación que probamos también cuando admiramos una obra de arte o cualquier maravilla que sea fruto del ingenio y de la creatividad del hombre: delante de todo esto, el Espíritu nos lleva a alabar al Señor desde la profundidad de nuestro corazón y a reconocer, en todo lo que tenemos y somos, un don inestimable de Dios y un signo de su infinito amor por nosotros.

En el primer capítulo de la Génesis, justamente al inicio de toda la Biblia, se pone en evidencia que Dios se complace de su creación, subrayando repetidamente la belleza y la bondad de cada cosa. Al término de cada día, está escrito: “Dios vio que era una cosa buena”. Pero si Dios vio que la creación era una cosa buena y una cosa bella, también nosotros debemos tener esta actitud, que nos permite ver que la creación es una cosa buena y bella, con el don de la Ciencia, al ver esta belleza alabamos a Dios, y le agradecemos a Dios de habernos dado tanta belleza a nosotros. Este es el camino.

Y cuando Dios concluyó de crear el hombre, no dijo 'vio que era cosa buena', pero que era 'muy buena', nos acerca a Él. Y a los ojos de Dios nosotros somos la cosa más bella, más grande, mejor de la creación.

Pero padre, los ángeles... No, los ángeles están debajo de nosotros, nosotros somos más de los ángeles y lo hemos escuchado en el libro de los salmos. Nos quiere mucho el Señor y debemos agradecerle por ésto.

El don de la ciencia nos pone en profunda sintonía con el Creador y nos permite participar en la limpidez de su mirada y de su juicio. Y es en esta perspectiva que logramos a ver en el hombre y en la mujer, la cumbre de la creación, como cumplimiento de un plan de amor, que está impreso en cada uno de nosotros y que nos permite reconocernos como hermanos y hermanas.

Todo esto es motivo de serenidad y de paz, y vuelve al cristiano un testigo alegre de Dios, siguiendo la estela de San Francisco de Asís y de tantos santos que supieron alabar y cantar Su amor a través de la contemplación de la creación. Al mismo tiempo, el don de la ciencia nos ayuda a no caer en algunas actitudes excesivas o equivocadas.

El primero es el riesgo de creernos patrones de la creación. La creación no es una propiedad de la que podemos abusar a nuestro gusto. Ni siquiera una propiedad de algunos pocos: la creación es un don, y un don maravilloso que Dios nos ha dado, para que lo cuidemos y usemos para el beneficio de todos, siempre con gran respeto y gratitud.

La segunda actitud equivocada está representada por la tentación de detenernos delante de las criaturas como si éstas pudieran ofrecernos respuesta a todas nuestras expectativas. El Espíritu Santo con el don de la Ciencia nos ayuda a no caer en esto.

Querría retornar un poco sobre el primer camino equivocado. Custodiar la creación y no apropiarse de la creación. Tenemos que cuidar la creación, es un don que Dios nos ha dado, es el regalo que Dios nos ha hecho.

Nosotros somos custodios de la creación, pero cuando nosotros no cuidamos la creación destruimos este signo del amor de Dios. Destruir la creación es decirle a Dios: esto no me gusta, no es bueno. ¿Y qué te gusta entonces a tí? 'Yo mismo'. ¡Eh aquí el pecado!, han visto.

Custodiar la creación es cuidar el don de Dios y también es decirle a Dios: ¡gracias yo soy el patrón de la creación, pero para cuidarlo no destruiré nunca este don tuyo. Es esta nuestra actitud delante de la creación, porque si nosotros destruimos la creación, la creación nos destruirá. ¡No nos olvidemos de esto!

Una vez estaba en el campo y escuché un pensamiento de una persona simple, a la que le gustaban mucho las flores. Y él cuidaba estas flores y me dijo, debemos custodiar estas cosas que Él nos ha dado. Cuidarlo bien, no explotar, custodiar. Y me dijo, Dios siempre perdona, y esto es verdad, Dios perdona siempre. Nosotros personas humanas, hombres y mujeres a veces perdonamos, otras veces no. Pero la creación si no la custodiamos ella nos destruirá. Esto debe hacernos pensar, y hacernos pedir al Espíritu Santo el don de la Ciencia para entender bien que la creación es el regalo más lindo de Dios, del cual Él dijo: 'esto es bueno, esto es bueno, esto es bueno', y este es el regalo para la cosa mejor que he creado, que es la persona humana. Gracias.

martes, 20 de mayo de 2014

JUAN PABLO II: “Que fue un santo lo tuve cada vez más claro al colaborar con él”, dice Benedicto XVI


El Papa emérito, entrevistado por el periodista polaco Wlodzimierz Redzioch       

Queridos amigos y hermanos del blog: el periodista polaco Wlodzimierz Redzioch ha sido el primero en entrevistar con detalle a Benedicto XVI desde que es papa emérito. El motivo fue conocer mejor a la figura de Juan Pablo II para elaborar un libro titulado "Junto a Juan Pablo II. Hablan los amigos y colaboradores", que recoge 21 entrevistas a personas cercanas al Pontífice polaco, la primera de ellas la de Joseph Ratzinger. En la pasada Semana Santa el diario La Razón, de España, ha publicado lo que el Papa emérito explicaba sobre su predecesor en esa entrevista. Hoy, a la luz de haber sido canonizado, es un excelente testimonio para entender lo que el Pueblo de Dios y la Iglesia han entendido, Juan Pablo II fue un “Magno” de santidad.

-Santidad, los nombres de Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger están vinculados, por varios motivos, con el Concilio Vaticano II. ¿Se conocieron durante el Concilio?

-El primer encuentro consciente entre el cardenal Wojtyla y yo tuvo lugar solamente en el Cónclave en el que fue elegido el Papa Juan Pablo I. Durante el Concilio, habíamos colaborado los dos en la Constitución sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, pero en secciones diversas, de modo que no nos encontramos.

»En septiembre de 1978, con ocasión de la visita de los obispos polacos a Alemania, yo estaba en Ecuador como representante personal de Juan Pablo I. La Iglesia de Munich y Frisinga está vinculada con la Iglesia ecuatoriana por una fraternidad llevada a cabo por el arzobispo Echevarría Ruiz (Guayaquil) y el cardenal Döpfner. Y así, con enorme disgusto, perdí la ocasión de conocer personalmente al arzobispo de Cracovia. Naturalmente había oído hablar de su obra de filósofo y de pastor, y desde hace tiempo deseaba conocerle.

»Wojtyla por su parte había leído mi Introducción al cristianismo, que había también citado en los Ejercicios Espirituales predicados por él a Pablo VI y a la Curia en la Cuaresma de 1976. Por ello es como si interiormente los dos hubiéramos estado esperando encontrarnos. Experimenté desde el principio una gran veneración y una cordial simpatía por el metropolitano de Cracovia. En el pre-cónclave de 1978 él analizó para nosotros en modo sorprendente la naturaleza del marxismo. Pero sobre todo percibí enseguida con fuerza la fascinación humana que él despertaba y, de cómo rezaba, advertí cuán unido a Dios estaba.

-¿Qué experimentó cuando el santo Padre Juan Pablo II le ha llamó para confiarle la guía de la Congregación para la Doctrina de la fe?

-Juan Pablo II me llamó en 1979 para nombrarme prefecto de la Congregación para la Educación Católica.

»Habían transcurrido apenas dos años desde mi consagración episcopal en Munich y me parecía imposible dejar tan rápido la sede de san Corbiniano. La consagración episcopal representaba de alguna manera una promesa de fidelidad hacia mi diócesis de pertenencia. Pedí por ello al Papa que no hiciera ese nombramiento; y él llamó para ese encargo al cardenal Baum de Washington, preanunciándome, con todo, desde aquel momento, que enseguida me llamaría para otro encargo. Fue en el curso del año 1980 cuando me dijo que me quería nombrar, a finales de 1981, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, como sucesor del cardenal Šeper.

»Dado que continuaba sintiéndome obligado ante mi diócesis de pertenencia, para la aceptación del encargo me permití poner una condición, que por lo demás consideraba irrealizable. Dije que sentía el deber de continuar publicando trabajos teológicos. Podría responder afirmativamente sólo si esto fuera compatible con la tarea de prefecto. El Papa, que conmigo era siempre muy benévolo y comprensivo, me dijo que se informaría sobre esa cuestión para hacerse una idea. Cuando más tarde le hice una visita, me explicó que las publicaciones teológicas son compatibles con el oficio de prefecto; también el cardenal Garrone, dijo, había publicado trabajos teológicos cuando era prefecto de la Congregación para la Educación Católica.

»Así que acepté el encargo, bien consciente de la gravedad de la tarea, pero sabiendo también que la obediencia al Papa exigía ahora de mí un «sí».

-¿Podría decirnos cómo se desarrollaba la colaboración entre ustedes?

- La colaboración con el santo Padre estuvo siempre caracterizada por la amistad y el afecto. Ésta se desarrolló sobre todo en dos planos: el oficial y el privado.

»El Papa cada viernes, a las seis de la tarde, recibía en audiencia al prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que sometía a su decisión los problemas aparecidos. Tenían naturalmente prioridad los problemas doctrinales, a los que se añadían cuestiones de tipo disciplinar (la reducción al estado laical de sacerdotes que hacen una petición, la concesión del privilegio paulino para aquellos matrimonios en los que uno de los dos cónyuges no es cristiano, y otras cuestiones). Enseguida se añadió también el trabajo en vía de elaboración del Catecismo de la Iglesia Católica.

»Algunas veces, el santo Padre recibía con tiempo la documentación esencial y por tanto conocía anticipadamente las cuestiones de las que iba a tratar. De este modo, sobre problemas teológicos hemos podido siempre conversar fructuosamente. El Papa era muy versado en literatura alemana contemporánea y era siempre hermoso (para los dos) buscar juntos la decisión justa sobre todas estas cosas.

»Junto a las verdaderas y específicas citas oficiales, había diversos tipos de encuentros semioficiales o no oficiales.

»Llamaría semioficiales a las audiencias en las que, por diversos años, cada martes por la mañana, se trataban las catequesis del miércoles con grupos compuestos cada vez en modo diverso. Por medio de las catequesis, el Papa había decidido ofrecer con el tiempo un catecismo. Él indicaba los temas y hacía preparar breves consideraciones preliminares para desarrollar luego. Dado que estaban siempre presentes representantes de diversas disciplinas, esas conversaciones eran siempre muy hermosas e instructivas; las recuerdo con gusto. También aquí emergía la competencia teológica del Papa. Pero al mismo tiempo, yo admiraba su disponibilidad a aprender.

»En fin, era costumbre del Papa, invitar a comer a los obispos en visita ad limina, como también a grupos de obispos y sacerdotes de diversa composición, según la circunstancia. Eran casi siempre «comidas de trabajo» en las cuales a menudo se proponía un tema teológico.

»En los primeros tiempos hubo toda una serie de comidas en las que se discutía paso a paso el nuevo Código. Era una versión semi-definitiva sobre la que trabajábamos durante esas comidas, elaborando de este modo la redacción final. Más tarde, se discutieron los temas más variados.

»El gran número de presentes hacía siempre variada la conversación y de amplios vuelos. Y, sin embargo, había siempre un puesto para el buen humor. El Papa reía con gusto y así aquellas comidas de trabajo, a pesar de la seriedad que se imponía, eran de hecho también ocasiones para estar en gozosa compañía.

-¿Cuáles han sido los desafíos doctrinales que han afrontado juntos durante su mandato al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe?

-El primer gran desafío que afrontamos fue la Teología de la Liberación que se estaba difundiendo en América Latina. Tanto en Europa como en América del Norte era opinión común que se trataba de un apoyo a los pobres y por tanto de una causa que se debía aprobar sin más. Pero era un error.

»La pobreza y los pobres eran sin duda tematizados por la Teología de la liberación pero con una perspectiva muy específica. Las formas de ayuda inmediata a los pobres y las reformas que mejoraban la condición venían condenadas como reformismo que tiene el efecto de consolidar el sistema: provocaban, se decía, rabia e indignación que, con todo, eran necesarias para la transformación revolucionaria del sistema.

»No era cuestión de ayudas y de reformas, se decía, sino de la gran revuelta, de la que debía salir un mundo nuevo. La fe cristiana era usada como motor para este movimiento revolucionario, transformándola así en una fuerza de tipo político. Las tradiciones religiosas de la fe eran puestas al servicio de la acción política.

»De este modo, la fe era profundamente alienada de sí misma y se debilitaba así también el verdadero amor por los pobres. Naturalmente, estas ideas se presentaban con diversas variantes y no siempre se asomaban con absoluta nitidez, pero, en el conjunto, esta era la dirección.

»A una tal falsificación de la fe cristiana era necesario oponerse también precisamente por amor de los pobres y en favor del servicio a ellos. Sobre la base de las experiencias hechas en su patria polaca, Juan Pablo II nos facilitó las reflexiones fundamentales. Por una parte, él había vivido la esclavitud operada por esa ideología marxista que hacía de madrina de la Teología de la Liberación.

»Sobre la base de su dolorosa experiencia, le resultaba claro que era necesario contrastar ese tipo de «liberación». Por otra parte, precisamente la situación de su patria le había mostrado que la Iglesia debe verdaderamente actuar para la libertad y la liberación no en modo político, sino despertando en los hombres, a través de la fe, las fuerzas de la auténtica liberación.

»El Papa nos guió para tratar los dos aspectos: por un lado, desenmascarar una falsa idea de liberación, por otro, exponer la auténtica vocación de la Iglesia a la liberación del hombre. Esto es lo que hemos tratado de decir en las dos Instrucciones sobre la Teología de la liberación que están al principio de mi trabajo en la Congregación para la Doctrina de la Fe.

»Uno de los principales problemas de nuestro trabajo, en los años en los que fui Prefecto, era el esfuerzo por llegar a una correcta comprensión del ecumenismo.

»También en este caso se trata de una cuestión que tiene un doble perfil: por un lado, se debe afirmar con toda urgencia la tarea de actuar a favor de la unidad y se deben abrir caminos que conduzcan a ella; por otro, es necesario rechazar falsas concepciones de la unidad, que querrían alcanzar la unidad de la fe a través del atajo de la disolución de la fe.

»Han nacido en este contexto los documentos sobre varios aspectos del ecumenismo. Entre ellos, el que suscitó las mayores reacciones fue la declaración Dominus Jesus del 2000, que resumió los elementos irrenunciables de la fe católica.

»Por último, nos hemos ocupado también de la cuestión relativa a la naturaleza y a la tarea de la teología en nuestro tiempo. Cientificidad y vinculación con la Iglesia les parecen hoy a muchos elementos en contradicción. Y, sin embargo, la teología puede subsistir únicamente en la Iglesia y con la Iglesia. Sobre esta cuestión hemos publicado una Instrucción.

»El diálogo entre las religiones es y sigue siendo un tema central; sobre él, sin embargo, hemos podido publicar sólo algunos textos más bien breves. Hemos tratado de acercarnos a la cuestión con prudencia, sobre todo a través del diálogo con los teólogos y las conferencias episcopales. Importante fue sobre todo el encuentro con las comisiones doctrinales de las Conferencias Episcopales de los países asiáticos en Hong Kong.

-Entre las muchas encíclicas de Juan Pablo II, ¿cuál considera la más importante?

-Pienso que son tres las encíclicas de particular importancia. En primer lugar, querría mencionar la «Redemptor hominis», la primera encíclica del Papa, en la que él ofreció su síntesis personal de la fe cristiana.

»Este texto es una especie de compendio de su personal confrontación y encuentro con la fe y presenta así una visión completa de la lógica del cristianismo.

»Como respuesta a la pregunta sobre cómo se puede ser cristiano hoy y creer como católico, este texto totalmente personal y a la vez totalmente eclesial puede ser de gran ayuda a todos aquellos que están buscando.

»En segundo lugar, querría mencionar la encíclica «Redemptoris missio». Se trata de un texto que pone de manifiesto la importancia permanente de la tarea misionera de la Iglesia, deteniéndose particularmente en las cuestiones que se plantean a la cristiandad en Asia y que ocupan a la teología en el mundo occidental.

»Se examina la relación entre el diálogo de las religiones y la tarea misionera y se muestra por qué, también hoy, es importante anunciar la Buena Nueva de Cristo, el Redentor de todos los hombres, a los hombres de todo lugar de la tierra y de toda cultura.

»En tercer lugar, querría citar la encíclica sobre los problemas morales, «Veritatis splendor». Ha precisado de largos años de maduración y sigue siendo de permanente actualidad. La Constitución del Vaticano II sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, frente a la orientación de la época, prevalentemente iusnaturalista de la teología moral, quería que la doctrina moral católica sobre la figura de Jesús y su mensaje tuviera un fundamento bíblico. Esto se intentó a través de las referencias bíblicas sólo durante un breve periodo, luego se fue afirmando la opinión de que la Biblia no tenía una moral propia que anunciar, sino que se remitía a los modelos morales válidos según la ocasión. La moral es cuestión de la razón, se decía, no de la fe.

»Desapareció así, por una parte, la moral entendida en sentido iusnaturalista, pero en su lugar no se afirmó ninguna concepción cristiana. Y dado que no se podía reconocer ni un fundamento metafísico ni uno cristológico de la moral, se recurrió a soluciones pragmáticas: una moral fundada sobre el principio del equilibrio de bienes, en la cual no existe ya lo que está verdaderamente mal o lo que está verdaderamente bien, sino sólo aquello que, desde el punto de vista de la eficacia, es mejor o peor.

»La gran tarea que el Papa tuvo en esta encíclica fue la de recuperar nuevamente un fundamento metafísico en la antropología, como también una concreción cristiana en la nueva imagen del hombre de la Sagrada Escritura.

»Estudiar y asimilar esta encíclica sigue siendo un gran e importante deber.

»De gran significado es también la encíclica «Fides et ratio», en la que el Papa se esfuerza por ofrecer una nueva visión de la relación entre fe cristiana y razón filosófica. Por último es absolutamente necesario mencionar la «Evangelium Vitae», que desarrolla uno de los temas fundamentales de todo el pontificado de Juan Pablo II: la dignidad intangible de la vida humana, desde el momento mismo de la concepción.

-¿Cuáles eran las características sobresalientes de la espiritualidad de Juan Pablo II?

-La espiritualidad del Papa estaba caracterizada sobre todo por la intensidad de su oración y por tanto estaba profundamente arraigada en la celebración de la Santa Eucaristía y era practicada junto con toda la Iglesia mediante el rezo del Breviario.

»En su libro autobiográfico «Don y misterio» es posible ver cómo el sacramento del sacerdocio determinó su vida y su pensamiento. Así, su devoción no podía nunca ser puramente individual, sino que estaba siempre también llena de solicitud por la Iglesia y por los hombres. La tarea de llevar a Cristo a los demás estaba arraigada en el centro de su piedad.

»Todos nosotros hemos conocido su gran amor por la Madre de Dios. Donarse del todo a María significó ser, con ella, totalmente para el Señor. Así como María no vivió para sí misma sino para Él, del mismo modo, él aprendió de ella y del estar con ella una completa y rápida dedicación a Cristo.

-Ha abierto el iter para la beatificación antes de los tiempos establecidos por el Derecho Canónico. ¿Desde cuándo y cómo se ha convencido de la santidad de Juan Pablo II?

-Que Juan Pablo II fuera un santo, en los años de la colaboración con él me ha sido continuamente cada vez más claro. Hay que tener en cuenta ante todo naturalmente su intensa relación con Dios, ese estar inmerso en la comunión con el Señor del que acabo de hablar. De aquí venía su alegría en medio de las grandes fatigas que tenía que soportar, y la valentía con la que asumió su tarea en un tiempo realmente difícil.

»Juan Pablo II no pedía aplausos, ni ha mirado nunca alrededor preocupado por cómo eran acogidas sus decisiones. Él ha actuado a partir de su fe y de sus convicciones y estaba también dispuesto a sufrir golpes. La valentía de la verdad es, a mi modo de ver, un criterio de primer orden de la santidad. Sólo a partir de su relación con Dios es posible entender también su indefectible empeño pastoral.

»Su empeño fue infatigable, y no sólo en los grandes viajes, cuyos programas estaban llenos de citas, desde el comienzo hasta el fin, sino también día a día, desde la misa de la mañana hasta las altas horas de la noche.

»Durante la primera visita a Alemania (1980), tuve por primera vez una experiencia muy concreta de este empeño enorme. Para su estancia en Múnich, decidí que debía tener un descanso más largo a mediodía. Durante la pausa me llamó a su habitación. Lo encontré mientras rezaba el Breviario y le dije: «Santo Padre, usted debería descansar»; y él: «Podré hacerlo en el cielo».

»Sólo quien está profundamente lleno de la urgencia de su misión puede actuar así. Pero debo honrar también su extraordinaria bondad y comprensión. A menudo habría tenido motivos suficientes para criticarme o poner fin a mi tarea de Prefecto. Y sin embargo me sostuvo con una fidelidad y una bondad absolutamente incomprensible.

»Querría poner un ejemplo. Frente al torbellino que se había desatado por la declaración Dominus Jesus, me dijo que en el Angelus quería defender inequívocamente el documento. Me invitó a escribir un texto para el Angelus que fuera estanco y no permitiera ninguna interpretación diversa. Tenía que emerger de forma inequívoca que él aprobaba el documento.
»Preparé por tanto un breve discurso; no pretendía, sin embargo, ser demasiado brusco y por ello traté de expresarme con claridad pero sin dureza. Después de leerlo, me dijo: «¿Es de verdad suficientemente claro?». Yo respondí que sí. Quien conoce a los teólogos no se sorprenderá por el hecho de que hubo quien sostuvo que el Papa había prudentemente tomado distancia de la «Dominus Jesus».

-¿Qué experimenta hoy que la Iglesia reconoce la santidad de «su» Papa, Juan Pablo II, del que ha sido un estrecho colaborador?

-Mi recuerdo de Juan Pablo II está lleno de gratitud. No podía y no debía intentar imitarle, pero he tratado de seguir llevando adelante su herencia y su tarea lo mejor que he podido.