miércoles, 14 de mayo de 2014

ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS: La dueña del corazón del papa Francisco

Queridos amigos y hermanos del blog: el pasado 8 de mayo el prestigioso portal católico en español “Aleteia”, me ha publicado un artículo sobre la devoción mariana del papa Francisco a la Virgen de Luján. Agradeciendo a su Comité Editorial que hayan tenido a bien contarme entre sus colaboradores les comparto ahora dicho artículo:

La dueña del corazón del papa Francisco

Una devoción que ha marcado desde siempre al actual pontífice argentino

En este 8 de mayo, fiesta litúrgica en la República Argentina de su celestial patrona, vamos a revelar un secreto a voces: el corazón del papa Francisco tiene dueña, una dueña muy especial, Nuestra Señora de Luján. Por tanto, vamos a reflexionar sobre la exquisita devoción a María que él como argentino, y buen porteño, tiene para con la Virgen Gaucha. Es imposible acercarnos a conocer su perfil espiritual, si no nos adentramos en este aspecto de su vida y devoción.

Jorge Mario Bergoglio guarda un recuerdo entrañable de su abuela paterna, Rosa Margarita, porque según su mismo testimonio: “la que me enseñó a rezar fue mi abuela. Ella me enseñó mucho en la fe y me contaba las historias de los santos”. Y también fue de su abuela de quien aprendió una entrañable devoción a María Santísima, devoción que como ha confesado en distintas oportunidades se ha traducido en el rezo diario y devoto del Santo Rosario.

Hay un trozo de papel que conserva como uno de sus grandes tesoros, se trata de un pequeño testamento que dejó a los nietos Bergoglio la abuela Rosa Margarita, el mismo día de su ordenación sacerdotal: “Que éstos, mis nietos, a los cuales entregué lo mejor de mi corazón, tengan una vida larga y feliz, pero si algún día el dolor, la enfermedad o la pérdida de una persona amada los llenan de desconsuelo, recuerden que un suspiro al Tabernáculo, donde está el mártir más grande y augusto, y una mirada a María al pie de la cruz, pueden hacer caer una gota de bálsamo sobre las heridas más profundas y dolorosas”.

María al pie de la cruz, es una escena esencial en la vida de Jesús y de María, y esencial para la vida de la Iglesia, porque allí se obró la redención del hombre. Esa imagen, parte del legado de esa abuela entrañable, fue modelando su devoción mariana y cobró fuerza en muchas de sus predicaciones, como por ejemplo, ésta:

“Jesús miró a su Madre. Desde la cruz, la miró y nos mostró a todos nosotros y le dijo: ‘este es tu Hijo, estos son tus hijos’. Y María, al sentir esa mirada de Jesús, habrá recordado cuando jovencita, treinta y tantos años antes, sintió aquella otra mirada que la hizo cantar de júbilo: la mirada del Padre. Y sintió que el Padre había mirado su pequeñez. La pequeña María, nuestra Madre a quien hoy vinimos a ver, y a quien vinimos acá a encontrar y a encontrarnos con su mirada. Porque su mirada es como la continuación de la mirada del Padre que la miró pequeñita y la hizo Madre de Dios. Como la mirada del Hijo en la cruz que la hizo Madre nuestra y con esa mirada hoy nos mira. Y hoy nosotros, después de un largo camino, vinimos a este lugar de descanso, porque la mirada de la Virgen es un lugar de descanso, y venimos a contarle nuestras cosas.

Nosotros necesitamos de su mirada tierna, su mirada de Madre, esa que nos destapa el alma. Su mirada que está llena de compasión y de cuidado. Y por eso hoy le decimos: Madre, regálanos tu mirada. Porque la mirada de la Virgen es un regalo, no se compra. Es un regalo de Ella. Es un regalo del Padre y un regalo de Jesús en la cruz. Madre, regálanos tu mirada” (Bergoglio, Jorge Mario, Cardenal, Homilías, Misa de la 25ª Peregrinación a Luján, Santuario de Nuestra Señora de Luján, 3 de octubre de 1999).

Devoción a María unida íntimamente a su corazón sacerdotal, el corazón del papa Francisco es un corazón mariano y que como el de Juan, el discípulo amado, la recibió en la profundidad íntima de su ser, introduciendo a María en el dinamismo de la propia existencia y en todo lo que constituye el horizonte de su propio apostolado:

“Recibiendo a María en su casa, en lo íntimo de su vida, el sacerdote-discípulo, a imagen del discípulo amado, centra su vida comunitaria en la que sintetiza en su persona todo lo que es la Iglesia. María armoniza todos los aspectos de la vida comunitaria: la vida de la sagrada familia en Nazareth y la vida de la comunidad apostólica en Pentecostés. El sello mariano permite pasar de la pequeña comunidad a la comunidad grande del pueblo fiel sin reduccionismos intimistas ni dispersión funcionalista. En María todo es personal y comunitario en un dinamismo en el que cada dimensión se enriquece con la otra. En María la alabanza y el servicio se alimentan mutuamente como vemos que sucede en la Visitación. La relación íntima y única con su Hijo no se opone a una relación de discípula común al lado de los demás discípulos. Todos nos centramos en Ella y Ella se descentra en todos sin ruido ni competencia”. (Bergoglio, Jorge Mario, Conferencias, Conmemoración del 25 aniversario del Seminario “La Encarnación” de la Ciudad de Resistencia, 25 de mayo de 2010).

Corazón sacerdotal, entrega plena para gloria de Dios y para bien de las almas. Fecundidad sacerdotal, fecundidad consagrada, para engendrar hijos de Dios, esto es imposible sin María, y esta Madre Amantísima para él, como para todos los argentinos, tiene un nombre y es María de Luján. Él mismo nos cuenta su historia, significado y devoción:

“Aquí en Luján hubo un gesto de la Virgen y nos hace bien recordarlo: en 1630 una pequeña imagen de la Pura y Limpia Concepción, se quedó. Iba a otra parte la caravana, pero la Virgen provocó la parada. Desde ese momento en este lugar hubo visitas, peregrinaciones, encuentros con la Virgen. Desde ese momento la Patria tuvo madre. La imagen, al principio, estaba en una taperita, después una iglesia...  y hoy la Basílica tan linda y tan cuidada.

Aquí aprendimos a detenernos y recibir vida. Aquí junto a la Madre de Jesús venimos a descansar, a confiarle la vida de otros, la vida que muchos fueron cargando en la peregrinación, en el silencio y la oración por el camino. Aquí el pueblo sencillo y creyente de nuestra patria fue creciendo también en algo tan característico del lugar: la solidaridad y la fraternidad. Y con este modo simple, de encuentro y silencio armó nuestra Madre el santuario: esta es la Casa de los argentinos. La Patria, aquí,  creció con la Virgen; la Patria aquí tiene a su madre.  ¡En esta su Casa de Luján cuántos vinieron a recibir la fe en el bautismo, a cumplirle promesas o a confiarle su necesidad, sus dolores o sus problemas! Por el templo anterior a esta Basílica, cuando la Patria empezaba, pasaron  San Martín y Belgrano al principio y al final de sus campañas. Pasaron ellos, como muchos, en medio de la gloria, y cuando quedaron solos y olvidados, le confiaron su tristeza. Sabían que la Patria tenía Madre.

Hoy es su fiesta, al celebrarla a Ella que recoge las visitas y las oraciones de los hijos, le pedimos aprender a ser como el Negro Manuel, silenciosos observadores de la vida y el camino de esta Patria, y a rezar por ella con la fidelidad del pueblo que intuye esta presencia de madre y por eso confía. Somos parte de esta historia del milagro que continúa y se sigue escribiendo. A ella también le pedimos la gracia de saber trabajar por la Patria, hacerla crecer en la paz y concordia que nos da el sentirnos hermanos, desterrando todo odio y rencor entre nosotros. En este lugar tan santo, lleno de fe y esperanza, pedimos hoy a la Madre que cuide a nuestra Patria. En particular a aquellos que son los más olvidados, pero que saben que aquí siempre hay lugar para ellos. Así fue desde el principio: la Virgen cuidó desde muy adentro del corazón a esta Patria, comenzando desde los más pobres, los que para los suficientes no cuentan... pero aquí sí que son tenidos en cuenta. Por ello a los hijos de la Virgen de estas tierras nunca les falta la protección de nuestra Madre.

En Luján hay un signo para nuestra Patria: todos tienen lugar, todos comparten la esperanza y todos son reconocidos hijos. Hoy vinimos a rezar en esta fiesta de la Virgen, en este año del Bicentenario, porque aquí crecimos y aquí nuestra Patria siempre tuvo una bendición, porque tiene una madre. No tenemos derecho a aguacharnos, a bajar los brazos llevados por la desesperanza. Recuperemos la memoria de esta Patria que tiene madre, recuperemos la memoria de nuestra Madre.  Miremos a la Virgen y pidámosle que no nos suelte de su mano. Gracias Madre por quedarte con nosotros.” Homilía al presidir una multitudinaria misa frente a la basílica de Luján por el Bicentenario Patrio, en coincidencia con la festividad en honor de la Patrona Nacional. (Bergoglio, Jorge Mario, Homilías, Santuario de Nuestra Señora de Luján, 8 de mayo de 2010 en el año del Bicentenario Patrio).

Ojalá que estas pinceladas que hemos trazado sobre la devoción mariana del papa Francisco nos ayuden a reflexionar y a decidirnos a ser verdaderos devotos, de manera afectiva y efectiva, de la Santísima Virgen.

Termino con un fragmento oracional que puse en la dedicatoria al mismo Francisco, en mi libro “Francisco, el papa de todos”:

“Virgen de Luján, Madre de la Vida, haz que de la mano de tu hijo Francisco, Argentina entera sea fiel al Evangelio, y abra de par en par su corazón a Cristo, el Redentor del hombre, la Esperanza de la humanidad. Lleva en tu corazón y siempre de tu mano al Papa Francisco, para que él nos lleve siempre por el camino de tu Hijo, por el camino del Evangelio”.

José Antonio Medina Pellegrini

Vínculo permanente de este artículo en Aleteia:
http://www.aleteia.org/es/religion/noticias/la-duena-del-corazon-del-papa-francisco-5788895451021312

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