viernes, 1 de agosto de 2014

INTENCIONES DEL PAPA: Mes de AGOSTO de 2014

Queridos amigos y hermanos del blog: el Santo Padre Francisco indica para cada año y para cada mes, cuales son las intenciones generales y misioneras de la Iglesia en todo el mundo, por las que quiere que se ore. Éstas intenciones las confía al Apostolado de la Oración, quienes propagan en el mundo entero la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a fin de que éste las difunda con la mayor amplitud posible. Les comparto ahora las intenciones para este mes de agosto de 2014 con una síntesis del comentario que ofrece el P. Claudio Barriga, S.J., Director General Delegado del Apostolado de la Oración.


La INTENCIÓN GENERAL para AGOSTO 2014 es: “Para que los refugiados, obligados a abandonar sus casas, sean acogidos con generosidad y sean respetados en sus derechos”.

COMENTARIO PASTORAL: En el forastero encontramos a Dios: abrir las puertas al forastero significa darle la bienvenida a El: Fui un forastero y tú me recibiste (Mt. 25.35)

Una y otra vez somos testigos de actos de hospitalidad generosa con los refugiados: los tunesisnos abrieron sus hogares y compartieron lo poco que tenían con aquellos que escapaban de la violencia en Libia. En Togo, muchos de los que buscaban asilo huyeron de la violencia en Costa de Marfil y se alojaron con familias de acogida. En Francia, la red “Welcome” es un ejemplo de hospitalidad en acción: se trata de familias y comunidades religiosas que ofrecen un hogar temporario para alojar a los asilados.

Sin embargo, la actitud habitual hacia los que buscan asilo y los refugiados es bastante hostil: se los percibe como una competencia desagradable en el trabajo, para la obtención de tierras y bienes públicos, como criminales y aún como amenaza para el bien común o la seguridad nacional.

Los Estados han hecho por años un esfuerzo para cerrar sus fronteras a los inmigrantes “no queridos”. En consecuencia, hombres, mujeres y niños con necesidades urgentes de protección fueron devueltos a países donde están en peligro de sufrir hambre, violencia o violación de los derechos humanos. Muchos también terminaron en centros de detención.

La hospitalidad es ese valor profundamente humano y cristiano que reconoce el llamado que hace alguien, no porque él o ella sean miembros de mi familia o de mi comunidad, o de mi raza o de mi fe, sino simplemente porque él o ella es un ser humano que merece respeto y ser bienvenido. Las Escrituras tanto cristiana como judía enfatizan la importancia de la hospitalidad con los extanjeros. Aquellos que la practican son recompensados: A Abraham le fue dado un hijo por su hospitalidad (Gen, 18,1-10; 19,1-3). Por lo tanto, no se olviden de mostrar su hospitalidad a los forasteros, porque haciéndolo algunas personas han mostrado la hospitalidad con ángeles desconocidos (Hebr. 13,2).

También en otras civilizaciones y religiones la hospitalidad es un valor central. El Corán le pide a los musulmanes “que sean amables….con el vecino que es un pariente, y con el vecino que es un extranjero,…y con el viajero” (4.36). Para los Pashtuns, la hospitalidad es uno de los diez principios que forman el mayor componente de su código ético (Pashtunwali). La hospitalidad tiene también un gran valor en la escritura budista: el Dhamma-pada (Un compendio de enseñanzas budistas) propone una vida de donaciones generosas para derrotar el sufrimiento causado por el deseo y la ansiedad. En el hinduismo, el Taittiriya Upanishad propone una forma de hospitalidad que da la bienvenida a los huéspedes como si fueran divinos. Y en el judaísmo, “mostrar hospitalidad a los invitados se considera una mitzvah (precepto). Cuando uno se entera que hay extranjeros que tienen hambre o necesitan un lugar de descanso, la hospitalidad se transforma en una obligación legal. Algunos rabinos consideran el acoger a los extranjeros como una parte del dar amor con bondad, un punto fundacional de la tradición judía.

La hospitalidad no consiste en ir a los lugares donde están los refugiados, para estar con ellos y ayudarlos allí. Es primero y principalmente permitirles venir a donde nosotros estamos. Hospitalidad es crear un lugar seguro donde anfitrión e invitado puedan experimentar confianza, aceptación mutua, donde sea posible un íntimo conocimiento mutuo. Ofrecer hospitalidad significa reconocer al individuo, no ser tratado como un número anónimo, sino ser reconocido con “el derecho a tener derechos”. Por lo tanto, no es solamente una práctica doméstica. Tiene también una importante dimensión política: es un reto no sólo para los individuos sino para todas las sociedades y estados.

Amaya Valcárcel
Directora de Advocacy Servicio Jesuita a Refugiados, Roma



La INTENCIÓN MISIONERA para AGOSTO 2014 es: 
“Para que los cristianos en Oceanía anuncien con alegría la fe a todos los pueblos del continente”.


COMENTARIO PASTORAL: La fe es un don y una tarea. Los habitantes de Oceanía han sido bendecidos con el don de la fe que los primeros misioneros llevaron a los países insulares ya en el siglo XVI. La población de las islas escuchó y aceptó el Evangelio. Ciudadanos de las innumerables islas abrazaron la Buena Noticia en su vida diaria. Misioneros notables como San Pedro Chanel, el Beato Diego Luis de San Vitores y, más recientemente, San Pedro Calungsod, martirizado en Guam, contribuyeron al desarrollo espiritual de las gentes.

La tarea ininterrumpida de anunciar la fe a todo el pueblo de las Islas del Pacífico se sigue haciendo con brío, pero no sin retos y dificultades, especialmente en esta época en que los valores mundanos siguen inficionando la vida espiritual de muchas personas. En Oceanía, ya no son fáciles ni el mantenimiento de los valores tradicionales de la familia ni la formación continuada en la fe tanto de los jóvenes como de los mayores.

En su Exhortación Apostólica La Iglesia en Oceanía, del 2001, el Beato Papa Juan Pablo II ya reconocía esta realidad en dicha región:

"Con todo, la modernización tiene también efectos negativos en la región, donde las
sociedades tradicionales tienen que luchar para mantener su identidad, mientras se ponen encontacto con las sociedades occidentales secularizadas y urbanizadas, y con la creciente influencia cultural de los inmigrantes asiáticos. Los obispos nos han hablado, por ejemplo, de una disminución gradual del sentido religioso natural que ha dado lugar a la desorientación en la vida y la conciencia moral de las personas".

Esto es hoy más cierto aún que cuando el Papa Juan Pablo II publicó esta carta.

¿Cómo responder a esto? Una manera es afianzando la fe. Otro aspecto, también
importante, es alcanzar un sentido de apertura que permita asumir los dones que nos aportan los inmigrantes y nuevos miembros de la comunidad, sin perder la identidad y rica herencia cultural que nos es propia.

Por último, el papel de los catequistas, el clero, los religiosos, y todos los bautizados es muy importante para llegar a todos los pueblos de la región, y ayudarles a tomar decisiones morales que sean buenas, sólidas y maduras. Dar testimonio de una vida vivida de acuerdo con los valores del Evangelio es la forma más eficaz de llegar a los demás, ya que es mediante la acción que uno puede "anunciar la fe con alegría ", y eficazmente, a todos los pueblos.

P. Ryan Jimenez
Administrador Apostólico Diócesis Católica de las Islas Marianas, Oceanía

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