viernes, 28 de febrero de 2014

SACERDOCIO: "Yo estoy aquí: ¡Para salvarte!" (texto homilía)

Homilía pronunciada el 25 de febrero de 2014 por el Pbro. Lic. José Antonio Medina Pellegrini, en la Santa Misa en sufragio por el alma del padre Jorge Loring, SJ, celebrada en la Iglesia Santiago Apóstol de la ciudad de Cádiz, España, al cumplirse dos meses de su fallecimiento.

Queridos hermanos: como cada 25 de mes, nos juntamos hoy en oración en esta Iglesia de Santiago Apóstol de Cádiz para elevar nuestra plegaria y ofrecer el Santo Sacrificio de Altar en sufragio por el alma de querido padre Jorge Loring.

Recuerdo cuando me llegó la noticia de su partida hacia la Casa del Padre, que se me vino a la memoria una copla, de esas que recitaban los predicadores en las misiones populares de antaño, y que en versos muy simples decían verdades profundas y definitivas, dice así “La ciencia más acabada / es que el hombre en gracia acabe. / Que al final de la jornada, / aquel que se salva, sabe; / y el que no, no sabe nada”.

Y creo que estos versos manifiestan claramente la actitud sobrenatural de la vida y del ministerio del Padre Loring: Dios nos ha regalado esta vida ¡para salvarnos!. Y esto nos hace pensar en su libro insignia: “Para salvarte”, y esta fue la gran orientación que motivó su ser y su ministerio sacerdotal: “Salvar almas”, sabedores, por supuesto, que esta expresión afecta a toda la persona: alma y cuerpo, en una unidad indivisible por toda la eternidad.

En el prólogo del libro “¡Para salvarte! nos dice el Padre Loring:

“Vivir felizmente, es vivir cristianamente, y nadie es en este mundo más feliz que el buen cristiano. Ni el placer, ni el dinero, son capaces de hacer feliz una conciencia intranquila. Pueden existir personas llenas de cosas materiales, pero si carecen de fe les falta razones para vivir. Sin ilusión y sin esperanza, no se puede ser feliz en la vida.

Jesucristo nos dice en su Evangelio que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo y gozarlo todo, si después se condena eternamente. Si te salvas, serás feliz eternamente. Sí te condenas, serás eternamente desgraciado. En tus manos está lo uno y lo otro. La salvación eterna es el asunto más importante que hay que resolver en este mundo.

Por otra parte no olvides que tú eres una célula del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia. Si tu vida espiritual es pujante, enriqueces la santidad de la Iglesia; en cambio, viviendo en pecado eres una célula cancerosa, serás como un tumor en el seno de tu Madre. El que peca, no sólo se hace daño a sí mismo, sino que perjudica también a los demás. Y el que se santifica, no sólo se aprovecha él, sino que ayuda también a los demás. Si así lo haces, serás más feliz en esta vida, y después también en la otra.”

No pocas veces se levantaron voces críticas acerca de su obra y de su libro, acusándolo de voluntarista. ¿Qué es el voluntarismo en este sentido? El voluntarismo lleva a querer resolver las cosas confiando demasiado en el esfuerzo de la propia voluntad, apretando el paso, crispando los puños, con un fondo de orgullo más o menos velado, ofuscado por una búsqueda de autosatisfacción de haber hecho las cosas por uno mismo, sin contar demasiado con Dios y con los demás…. O sea, soy yo el que me salvo gracias a mi voluntad y empeño.

Pues no, queridos hermanos, aquellos que estas cosas afirmaban, seguramente que no habían leído el “Para Salvarte”, porque si algo tuvo claro el Padre Loring que la salvación es un don gratuito de Dios y totalmente inmerecido por el hombre. Por esto la cita bíblica del profeta Jeremías, capítulo 30, versículo 11, es el gran punto de inicio de su libro: «Yo estoy contigo PARA SALVARTE». Es Dios el que salva al hombre, y lo ha realizado a través de la muerte de su Hijo Jesucristo en la Cruz. Y es el hombre el que acepta la salvación y pone los medios para acceder a ella, sabiendo que todo es Gracia, que todo es Don Divino.

Y cuando uno va recorriendo las páginas del libro va entendiendo que no es el voluntarismo su propuesta, sino la respuesta a la misma llamada de Dios: «Hemos de trabajar por nuestra salvación con temor y temblor» (Filip 2,12) y «Corred de manera que alcancéis el premio» (1 Cor 9,24).

El Padre Loring nos sigue enseñando a través de sus escritos y de su testimonio de vida que debemos ser hombres fuertes, no líquidos ni descafeinados, sino hombres de ideas claras y corazón determinado a vivirlas solamente para la Gloria de Dios y bien de las almas. Nos dice el Apóstol Santiago (5,19): «Hermanos míos: si alguno de vosotros se extravía de la verdad, y alguien le vuelve al camino, sabed que el que endereza a un pecador del error de su camino, salvará su alma de la muerte y cubrirá multitud de pecados». ¡A cuántos extraviados en el error el padre Loring los hizo volver al camino de la verdad! Y nosotros… ¿somos capaces de hacerlo?

Jesucristo, Nuestro Señor, los santos y beatos, estos ejemplares sacerdotes que han pasado por nuestra vida, como el Padre Loring, no necesitan admiradores, sino imitadores. Hombres y mujeres que se tomen en serio el sentido de su vida y que trabajen incansablemente en esta Nueva Evangelización a la que la Iglesia nos llama, que no es otra cosa que buscar en todo la Gloria de Dios, la extensión de su Reino y la salvación de las almas.

Cómo no recordar otra cita que pone en la presentación de “¡Para Salvarte!”, es un antiguo verso español del siglo XVI, escrito por Fray Pedro de los Reyes, dice así: “Yo ¿para que nací?, para salvarme, / ¿que tengo que morir? es infalible, / ¿dejar de ver a Dios y condenarme?, / triste cosa será, pero posible. / Posible, y río y canto y quiero holgarme, / posible, y tengo amor a lo visible. / ¿Que hago, en que me ocupo, en que me encanto?, / loco debo de ser, pues no soy santo.”

Vamos a pedirle a la Santísima Virgen que presente a su Divino Hijo nuestra humilde plegaria por el alma del Padre Loring, en la gratitud y reconocimiento por todo el bien sacerdotal que ha realizado en su paso por este mundo y que su recuerdo nos haga tener siempre presente que: “La ciencia más acabada / es que el hombre en gracia acabe. / Que al final de la jornada, / aquel que se salva, sabe; / y el que no, no sabe nada”.


Padre Jorge Loring, descansa en paz, amén.

jueves, 27 de febrero de 2014

CATEQUESIS DEL PAPA: “Tengamos la costumbre de llamar al sacerdote para nuestros enfermos”

Catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del 26 de febrero de 2014 en la Plaza de San Pedro.

Catequesis sobre el Sacramento de la Unción de los enfermos

Queridos hermanos y hermanas, buen día

Hoy las previsiones meteorológicas decían 'lluvia' y ustedes vinieron lo mismo. Tienen mucho coraje. ¡Felicitaciones!

Quisiera hablar hoy del sacramento de la unción de los enfermos que nos permite tocar con la mano la compasión de Dios por el hombre. En el pasado se lo llamaba 'extremaunción', porque se entendía como confort espiritual en el momento de la muerte. Hablar en cambio de 'unción de los enfermos', nos ayuda a ampliar la mirada a la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, en el horizonte de la misericordia de Dios.

Hay una imagen bíblica que expresa en toda su profundidad el misterio que aparece en la unción de los enfermos. Es la parábola del buen samaritano en el Evangelio de Lucas. Cada vez que celebramos tal sacramento, el Señor Jesús en la persona del sacerdote, se vuelve cercano a quien sufre o está gravemente enfermo o es anciano.

Dice la parábola, que el buen samaritano se hace cargo del hombre enfermo, poniendo sobre sus heridas, aceite y vino. El aceite nos hace pensar al que es bendecido por el obispo cada año en la misa crismal del jueves santo, justamente teniendo en vista la unción de los enfermos. El vino en cambio es signo del amor y de la gracia de Cristo que nacen del don de su vida por nosotros, y expresan en toda su riqueza en la vida sacramental de la Iglesia.

Y al final la persona que sufre es confiada a un posadero para que pueda seguir cuidándolo sin ahorrar gastos. Ahora, ¿quién es este posadero? La Iglesia y la comunidad cristiana, somos nosotros a quienes cada día el Señor Jesús confía a quienes están afligidos en el cuerpo y en el espíritu para que podamos seguir poniendo sobre ellos y sin medida, toda su misericordia de salvación.

Este mandato es reiterado de manera explícita y precisa en la carta de Santiago. Se recomienda que quien está enfermo llame a los presbíteros de la Iglesia, para que ellos recen por él ungiéndolo con aceite en nombre del Señor, y la oración hecha con fe salvará al enfermo. El Señor lo aliviará y si cometió pecados le serán perdonados. Se trata por lo tanto de una praxis que se usaba ya en el tiempo de los apóstoles. Jesús, de hecho, le enseñó a sus discípulos a que tuvieran su misma predilección por los que sufren y les transmitió su capacidad y la tarea de seguir dando en su nombre y según su corazón, alivio y paz, a través de la gracia especial de tal sacramento.

Esto, entretanto, no tiene que hacernos caer en la búsqueda obsesiva del milagro o de la presunción de poder obtener siempre y de todos modos la curación. Pero la seguridad de la cercanía de Jesús al enfermo, también al anciano, porque cada anciano o persona con más de 65 años puede recibir este sacramento. Es Jesús que se acerca.

Pero cuando hay un enfermo y se piensa: 'llamemos al cura, al sacerdote'. 'No, no lo llamemos, trae mala suerte, o el enfermo se va a asustar'. Por qué, porque se tiene un poco la idea que cuando hay un enfermo y viene el sacerdote, después llegan las pompas fúnebres, y eso no es verdad.

El sacerdote, viene para ayudar al enfermo o al anciano, por esto es tan importante la visita del sacerdote a los enfermos. Llamarlo para que a un enfermo le dé la bendición, lo bendiga, porque es Jesús que llega, para darle ánimo, fuerza, esperanza y para ayudarlo. Y también para perdonar los pecados y esto es hermoso.

No piensen que esto es un tabú, porque siempre es lindo saber que en el momento del dolor y de la enfermedad nosotros no estamos solos. El sacerdote y quienes están durante la unción de los enfermos representan de hecho a toda la comunidad cristiana, que como un único corazón, con Jesús se acerca entorno a quien sufre y a sus familiares, alimentando en ellos la fe y la esperanza y apoyándolos con la oración y el calor fraterno. Pero el confort más grande viene del hecho que quien se vuelve presente en el sacramento es el mismo Señor Jesús, que nos toma por la mano y nos acaricia como hacía Él con los enfermos. Y nos recuerda que le pertenecemos y que ni siquiera el mal y la muerte nos podrán separar de Él.

Tengamos esta costumbre de llamar al sacerdote para nuestros enfermos, no digo para los resfriados de tres o cuatro días, pero cuando se trata de una enfermedad seria, para que el sacerdote venga a darle también a nuestros ancianos este sacramento, este confort, esta fuerza de Jesús para ir adelante. Hagámoslo. Gracias.

miércoles, 26 de febrero de 2014

PADRE JORGE LORING: "Yo estoy aquí: ¡Para salvarte!" (audio homilía)


"Yo estoy aquí: ¡Para salvarte!"

Homilía pronunciada el 25 de febrero de 2014 por el Pbro. Lic. José Antonio Medina Pellegrini, en la Santa Misa en sufragio por el alma del padre Jorge Loring, SJ, celebrada en la Iglesia Santiago Apóstol de la ciudad de Cádiz, España, al cumplirse dos meses de su fallecimiento.


lunes, 24 de febrero de 2014

IGLESIA HOY: Humildad infinita

Profunda emoción se ha vivido en la mañana del sábado 22 de febrero en la Basílica Vaticana, cuando la Iglesia celebraba la Cátedra de San Pedro, así como la creación de 19 nuevos cardenales. Pocos minutos antes de las 11 de la mañana, comenzaban a entrar los cardenales en la basílica y entre ellos, para sorpresa de todos, el papa emérito Benedicto XVI que ha estado presente durante toda la ceremonia sentado en primera fila. Al entrar el santo padre Francisco antes de subir al altar, se ha acercado a saludarle. En ese momento, Benedicto XVI se ha quitado su solideo en signo de respeto. Las fotos hablan por sí solas, ¿hacen falta más palabras?...








viernes, 21 de febrero de 2014

PRO VIDA: Médicos salvan a bebé a cuya madre le declararon muerte cerebral en Canadá


Queridos amigos y hermanos del blog: el 29 de diciembre pasado los médicos declararon con muerte cerebral a Robyn Benson, una mujer de 32 años y seis meses de gestación, que un día antes sufrió una hemorragia cerebral. A pedido de su esposo, agotaron los esfuerzos por salvar al bebé y lo lograron.

El último sábado nació Iver Cohen Benson, en la foto junto a su padre Dylan Benson. Robyn falleció el domingo a pocas horas de dar a luz. Los médicos lograron que el bebé alcanzar las 34 semanas de gestación para practicar una cesárea.

La historia dio la vuelta al mundo debido a que Dylan Benson decidió narrar en un blog cómo su vida había sufrido un triste revés el día en que su esposa sufrió la hemorragia cerebral.

“El sábado por la noche nació mi precioso e impresionante hijo, Iver Cohen Benson. Está sano y es la persona más preciosa que he conocido jamás”, escribió el padre para dar la noticia.

“El domingo tuvimos que decir adiós a la mujer más maravillosa y fuerte que he conocido. Extraño a Robyn más de lo que podría explicar con palabras. No podría estar más impresionado por su fortaleza y me siento muy afortunado por haberla conocido. Ella vivirá siempre en Iver y también en mi corazón”, agregó.

En un breve texto, Dylan agradeció el apoyo de las miles de personas que mostraron su cariño e incluso han colaborado económicamente con el futuro del pequeño Iver. “Gracias a cada uno de ustedes por su amor, sus palabras de ánimo y su apoyo en estos momentos tan difíciles. Los comentarios que he recibido aquí y en la página de donativos YouCaring me han ayudado mucho a pasar estas semanas. Les deseo lo mejor”, manifestó.
 
El blog donde el padre narra su historia (en inglés) es http://www.misterbenson.com/

(ACI/EWTN Noticias)

jueves, 20 de febrero de 2014

CATEQUESIS DEL PAPA: “¿Cuándo es la última vez que te has confesado?”



Catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del 19 de febrero de 2014 en la Plaza de San Pedro.

Catequesis sobre el Sacramento de la Reconciliación

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

A través de los Sacramentos de la iniciación cristiana, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, el hombre recibe la vida nueva en Cristo. Ahora bien, todos lo sabemos, llevamos esta vida “en vasijas de barro” (2 Cor 4, 7), todavía estamos sometidos a la tentación, al sufrimiento, a la muerte y, a causa del pecado, podemos incluso perder la vida nueva. Por esta razón el Señor Jesús ha querido que la Iglesia continúe su obra de salvación, incluso a través de sus propios miembros, en particular con el sacramento de la Reconciliación y la Unción de los Enfermos, que pueden unirse bajo el nombre de "Sacramentos de curación".

El Sacramento de la Reconciliación es un sacramento de curación, cuando voy a confesarme es para curarme, curarme el alma, curarme el corazón, de algo que he hecho que no está bien. El icono bíblico que mejor los expresa, en su profundo vínculo, es el episodio del perdón y la curación del paralítico, donde el Señor Jesús se revela al mismo tiempo médico de las almas y de los cuerpos (cf. Mc 2, 1-12 / Mt 9, 1-8; Lc 5, 17-26).

1. El sacramento de la Penitencia, de la Reconciliación, también nosotros lo llamamos de la Confesión, surge directamente del misterio pascual. De hecho, la misma noche de la Pascua, el Señor se apareció a los discípulos encerrados en el cenáculo, y, después de dirigirles el saludo "¡La paz con vosotros!", sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados" (Jn 20, 21-23). Este pasaje nos revela la dinámica más profunda que contiene este Sacramento. En primer lugar, el hecho de que el perdón de nuestros pecados no es algo que podemos darnos a nosotros mismos. No puedo decir: “Me perdono los pecados”. El perdón se pide, se pide a Otro. Y en la Confesión pedimos el perdón a Jesús.

El perdón no es el fruto de nuestros esfuerzos, sino que es un regalo, un don del Espíritu Santo, que nos llena con el baño de misericordia y de gracia que fluye sin cesar del corazón abierto de par en par de Cristo crucificado y resucitado. En segundo lugar, nos recuerda que solo si nos dejamos reconciliar en el Señor Jesús con el Padre y con los hermanos podemos estar verdaderamente en paz. Y esto lo hemos sentido todos en el corazón cuando nos vamos a confesar, con un peso en el alma, un poco de tristeza y cuando sentimos el perdón de Jesús estamos en paz, con esa paz en el alma tan bella que solo Jesús nos puede dar. ¡Sólo Él!

2. Con el tiempo, la celebración de este sacramento ha pasado de una forma pública, porque al principio se hacía públicamente... Ha pasado de esta forma pública a aquella personal, a aquella forma reservada de la Confesión. Sin embargo, esto no debe hacernos perder la matriz eclesial, que constituye el contexto vital. De hecho, la comunidad cristiana es el lugar donde se hace presente el Espíritu, el cual renueva los corazones en el amor de Dios y hace de todos los hermanos una cosa sola, en Cristo Jesús.  He aquí la razón por la que no basta pedir perdón al Señor en la propia mente y en el propio corazón, sino que es necesario confesar humildemente y confiadamente los propios pecados al ministro de la Iglesia. En la celebración de este sacramento, el sacerdote no representa sólo a Dios, sino a toda la comunidad, que se reconoce en la fragilidad de cada uno de sus miembros, que escucha conmovida su arrepentimiento, que se reconcilia con él, que lo alienta y lo acompaña en el camino de conversión y de maduración humana y cristiana.

Uno puede decir: "Yo me confieso solo con Dios". Sí, tú puedes decir Dios perdóname, puedes decirle tus pecados, pero nuestros pecados son también contra los hermanos, contra la Iglesia. Y por esto es necesario pedir perdón a la Iglesia y a los hermanos en la persona del sacerdote. “Pero padre, me da vergüenza”. También la vergüenza es buena, es saludable tener un poco de vergüenza. Porque avergonzarse es saludable. Porque cuando una persona no tiene vergüenza en mi país decimos que es un 'sin vergüenza', un "sinvergüenza" (lo dice en español), un 'sin vergüenza'. Pero la vergüenza también nos hace bien, porque nos hace más humildes. Y el sacerdote recibe con amor y con ternura esta confesión y en el nombre de Dios perdona. También desde el punto de vista humano, para desahogarse es bueno hablar con el hermano y decir al sacerdote estas cosas con son tan pesadas en mi corazón, y uno siente que se desahoga ante Dios, con la Iglesia, con el hermano. ¡No tengáis miedo de la Confesión! Uno, cuando está en la cola para confesarse, siente todas estas cosas, incluso la vergüenza. Pero cuando termina la confesión, sale libre, grande, hermoso, perdonado, blanco, feliz. ¡Esto es lo hermoso de la confesión!

Yo quisiera preguntaros, pero no decirlo en voz alta, cada uno se contesta en su corazón: ¿Cuándo ha sido la última vez que te has confesado? Que cada uno piense… ¿Eh? ¿Dos días, dos semanas, dos años, veinte años, cuarenta años? Que cada uno haga la cuenta. Que cada uno se diga: "¿Cuándo ha sido la última vez que me he confesado?"  Y si ha pasado mucho tiempo, no pierdas un día más, ve adelante, que el sacerdote será bueno. Está Jesús ahí. Y Jesús es más bueno que los sacerdotes. Y Jesús te recibe. Te recibe con mucho amor. ¡Eres valiente y vas adelante a la Confesión!

Queridos amigos, celebrar el Sacramento de la Reconciliación significa estar envueltos en un cálido abrazo: es el abrazo de la infinita misericordia del Padre. Recordamos esa hermosa, ¡hermosa!, parábola del hijo que se ha ido de su casa con el dinero de la herencia, ha malgastado todo ese dinero y después, cuando no tenía nada, ha decidido volver a casa, pero no como hijo sino como siervo. Tenía tanta culpa en su corazón y tanta vergüenza. ¿Eh? La sorpresa ha sido que, cuando comenzó a hablar y pedir perdón, el padre no le dejó hablar. Lo abrazó, lo besó e hizo fiesta. Pero yo os digo, ¿eh?: Cada vez que nosotros nos confesamos, Dios nos abraza, Dios hace fiesta. ¡Vayamos adelante en este camino! ¡Qué el Señor os bendiga!

viernes, 14 de febrero de 2014

IGLESIA HOY: “Mi única y última tarea es sostener a Francisco” (Benedicto XVI)


Queridos amigos y hermanos del blog: el Papa emérito Benedicto XVI ha escrito una carta al teólogo suizo Hans Küng en la que afirma que su "única y última tarea es sostener con la oración el pontificado de Francisco", con el que comparte, dijo, "una gran identidad de puntos de vista".

Küng -una de las figuras más progresistas de la Iglesia católica, que fue colega del entonces profesor Joseph Ratzinger en la Universidad alemana de Tubinga y uno de los mayores críticos del pontificado de Benedicto XVI- mostró este lunes al diario La Repubblica la carta que recibió del pontífice emérito, con fecha del día 24.

"El papa emérito me escribió, a mí, eterno rebelde, una misiva afectuosa en la que se compromete a apoyar a Francisco, con la esperanza de que tenga éxito", aseguró el teólogo en una entrevista con el diario italiano.

En la carta, con sello y encabezado que reza "Pontifex emeritus Benedictus XVI", el papa emérito, que el 11 de febrero del 2013 sorprendió al mundo al renunciar al pontificado, aseguró también que mantiene "una amistad de corazón" con su sucesor Francisco.

La vida del Papa emérito en este 
primer año desde su renuncia (Zenit.org) 

Un papa cuyas primeras palabras como pontífice el 19 de abril de 2005 fueron: "Después del gran papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor. Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes, y sobre todo me encomiendo a vuestras oraciones". Mientras que para despedir su pontificado, ya desde la ventana de Castel Gandolfo, Benedicto XVI anunció: "Soy simplemente un peregrino que empieza la última etapa de su peregrinación en esta tierra. Pero quisiera trabajar todavía con mi corazón, con mi amor, con mi oración, con mi reflexión, con todas mis fuerzas interiores, por el bien común y el bien de la Iglesia y de la humanidad".

Y así lo hemos visto durante estos últimos 12 meses. Un año en el que el pontífice alemán reza, lee, estudia, recibe visitas, pasea y se pone al día con su correspondencia privada.

La primera ocasión que se le vio públicamente después del 28 de febrero, día que finalizó su pontificado, fue el 23 de marzo. El recién elegido papa Francisco acudió a Castel Gandolfo para visitarlo. Tres imágenes pasarán a la historia de ese primer encuentro entre los dos pontífices. El abrazo en el helipuerto, la oración juntos en la capilla y el inicio del coloquio en la Biblioteca. Y una frase de Francisco "somos hermanos", cuando el papa emérito quiso cederle el puesto a Francisco. Finalmente ambos se arrodillaron en el mismo banco para rezar.

Unos días después, Benedicto XVI cumplía 86 años. Y Francisco pidió por papa emérito: “Hoy es el cumpleaños de Benedicto XVI, ofrecemos la misa por él”, dijo al iniciar la celebración eucarística cotidiana en la capilla de la residencia de Santa Marta. Y añadió: “Para que el Señor le conforte y le de mucha consolación”.

El nuevo encuentro entre ambos papas tuvo lugar el 2 de mayo, cuando el Benedicto XVI regresó al Vaticano para instalarse en su nueva residencia: el 'Mater Ecclesiae'. Allí le recibió Francisco, "con gran fraternidad y cordialidad", informó la Sala de Prensa de la Santa Sede. Juntos se trasladaron a la capilla del monasterio "para un breve momento de oración". Asimismo, el comunicado de prensa afirmaba que "ahora se siente contento de regresar al Vaticano, al lugar donde desea dedicarse, como el mismo lo anunció, el 11 de febrero pasado, al servicio de la Iglesia, sobre todo con la oración".

Fueron pasados los días y las semanas. Y fue el 5 de julio el día que pudimos ver de nuevo al papa emérito. El santo padre Francisco consagró ese día el Estado de la Ciudad del Vaticano a san Miguel Arcángel y a san José, con motivo de la inauguración del nuevo monumento a San Miguel Arcángel. Y allí se encontraba Benedicto XVI.

Cuando el intenso calor llegó a Roma, el papa emérito permaneció en el Vaticano pero hubo un día, el 18 de agosto, que acudió unas horas a Castelgandolfo. Pasó unas tres horas, en las que paseó por los jardines del palacio, rezó el rosario y asistió a un concierto de música clásica de piano.

Y fueron sus ex-alumnos los que pudieron compartir con él una celebración eucarística en la capilla de la Gobernación en el Vaticano. El llamado «Ratzinger Schulerkreis» que se realiza desde hace 38 años para profundizar temas teológicos, se celebró el año pasado del 29 de agosto y finalizó el lunes 2 de septiembre. Y aunque por primera vez el papa Ratzinger no acudió al encuentro anual, sí reservó este momento para ellos. Durante la homilía, Benedicto XVI comentó el Evangelio del día afirmando que "quien en este mundo y en esta historia quizás se empuja hacia adelante y llega a los primeros puestos, debe saber que está en peligro; tiene que mirar aún más al Señor, medirse con Él, con la responsabilidad hacia los demás, debe volverse una la persona que sirve, que en realidad está sentado a los pies de los otros, y así bendice y a su vez se vuelve bendito”.

El matemático italiano Piergiorgio Odifreddi recibió el pasado 3 de septiembre un carta muy especial. Un sobre sellado, con once folios con fecha del 30 de agosto y firmada por Benedicto XVI. Un texto que ocupó los titulares de los medios de comunicación de todo el mundo recogiendo las palabras del Papa emérito. En la carta, Benedicto responde a Caro papa, ti scrivo (Querido papa, te escribo) (Mondadori, 2011), libro escrito por Odifreddi. La fe, la ciencia y el mal, son los argumentos de la larga carta de Benedicto XVI en la que le explica a Odifreddi, entre  otras muchas cosas, que una función importante de la teología “es la de mantener la religión ligada a la razón y la razón a la religión”.

Raphael Louis Sako I, patriarca caldeo y arzobispo de Bagdad, contó algunos detalles sobre la visita que los patriarcas orientales -en Roma para la Plenaria de la Congregación para las Iglesias orientales- realizaron al papa emérito el 23 de noviembre. "Hemos tenido un encuentro amistoso, le hemos preguntado por su salud y él nos preguntó por la situación en Oriente Medio y por la situación de los cristianos allí", contó. En ese encuentro, Benedicto afirmó que todos los días rezo por Irak, Siria y por el resto de Oriente. Y ante la invitación a que visitara Irak, respondió: "estoy envejeciendo y soy un monje que decidió pasar el resto de su tiempo en la oración y en el descanso".

Y como no podía ser de otra manera, las fechas navideñas fueron también momentos para volver a ver al papa emérito XVI. La tarde del 23 de diciembre, Benedicto XVI acogió al papa Francisco en el interior de su residencia, donde rezaron juntos y compartieron un tiempo de coloquio. Y el dia 27, Benedicto XVI le devolvió la visita al acudir para el almuerzo a la Casa de Santa Marta.

Las últimas imágenes que se tienen del papa Ratzinger son del 15 de enero, día que monseñor Georg Ratzinger, hermano mayor del Papa emérito, cumplía  90 años. Ambos amantes de la música y por ello esa tarde acudieron a un concierto, al que asistieron unas 40 personas. Una hora de música a cargo de dos pianistas, un tenor y un violinista.

Durante la estancia de monseñor Ratzinger en el Vaticano estas Navidades, tuvo que acudir, el viernes día 3 de enero, al hospital policlínico de Roma para hacerse unas pruebas. Al día siguiente, Benedicto XVI acudió al hospital para poder visitar a su hermano, al que le dieron el alta ese mismo día.

jueves, 13 de febrero de 2014

CATEQUESIS DEL PAPA: “Vivamos la Eucaristía de manera coherente”


Catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del 12 de febrero de 2014 en la Plaza de San Pedro.

Catequesis sobre el Sacramento de la Sagrada Eucaristía (II)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En la última catequesis he puesto de relieve como la Eucaristía nos introduce en la comunión real con Jesús y su misterio. Ahora podemos hacernos algunas preguntas sobre la relación entre la Eucaristía que celebramos y nuestra vida, como Iglesia y como cristianos a nivel individual. Nos preguntamos: ¿cómo vivimos la Eucaristía? ¿Cómo vivimos la Misa, cuando vamos a Misa el domingo? ¿Es sólo un momento de fiesta, una tradición consolidada, una ocasión para encontrarse o para sentirse bien, o es algo más?

Hay señales muy concretas para comprender cómo vivimos todo esto. Cómo vivimos la Eucaristía. Señales que nos dicen si vivimos bien la Eucaristía o si no la vivimos tan bien. La primera pista es nuestra manera de ver y considerar a los otros. En la Eucaristía, Cristo siempre lleva a cabo nuevamente el don de sí mismo que ha realizado en la Cruz. Toda su vida es un acto de total entrega de sí mismo por amor; por eso Él amaba estar con sus discípulos y con las personas que tenía ocasión de conocer. Esto significaba para Él compartir sus deseos, sus problemas, lo que agitaba sus almas y sus vidas. Ahora, cuando participamos en la Santa Misa, nos encontramos con hombres y mujeres de todas las clases: jóvenes, ancianos, niños; pobres y acomodados; originarios del lugar y forasteros; acompañados por sus familiares y solos... Pero la Eucaristía que celebro, ¿me lleva a sentirlos a todos, realmente, como hermanos y hermanas? ¿Hace crecer en mí la capacidad de alegrarme con el que se alegra y de llorar con el que llora? ¿Me empuja a ir hacia los pobres, los enfermos, los marginados? ¿Me ayuda a reconocer en ellos el rostro de Jesús? Todos vamos a Misa porque amamos a Jesús y queremos compartir su pasión y su resurrección en la Eucaristía. Pero, ¿amamos como Jesús quiere que amemos a aquellos hermanos y hermanas más necesitados?

Por ejemplo, en Roma, estos días hemos visto tantos problemas sociales: la lluvia que ha provocado tantos daños a barrios enteros; la falta de trabajo, provocada por esta crisis social en todo el mundo... Me pregunto y cada uno de nosotros preguntémonos: yo que voy a Misa, ¿cómo vivo esto? ¿Me preocupa ayudar? ¿Me acerco? ¿Rezo por ellos que tienen este problema? O soy un poco indiferente... O quizá me preocupo de charlar: '¿Pero has visto cómo estaba vestida aquella o cómo estaba vestido aquel?' A veces se hace esto, ¿no? Después de Misa, ¿o no? ¡Se hace! ¿Eh? ¡Y eso no se tiene que hacer! Tenemos que preocuparnos por nuestros hermanos y hermanas que tienen una necesidad, una enfermedad, un problema... Pensemos, nos hará bien hoy, pensemos en estos hermanos y hermanas que tienen hoy problemas aquí en Roma. Problemas por culpa de la lluvia, por esta tragedia de la lluvia, y problemas sociales de trabajo. Pidamos a Jesús, a este Jesús que recibimos en la Eucaristía, que nos ayude a ayudarles. 

Un segundo indicio, muy importante, es la gracia de sentirnos perdonados y dispuestos a perdonar. A veces alguno pregunta: ‘¿Para qué se debería ir a la iglesia, dado que el que participa habitualmente en la Santa Misa es pecador como los demás?’ ¿Cuántas veces hemos escuchado esto? En realidad, quien celebra la Eucaristía no lo hace porque se considera o quiere parecer mejor que los demás, sino precisamente porque se reconoce siempre necesitado de ser acogido y regenerado por la misericordia de Dios, hecha carne en Jesucristo. Si cada uno de nosotros no se siente necesitado de la misericordia de Dios, no se siente pecador, es mejor que no vaya a Misa, ¿eh? ¿Por qué?

Nosotros vamos a Misa, porque somos pecadores y queremos recibir el perdón de Jesús. Participar de su redención, de su perdón. Ese ‘Yo confieso’ que decimos al principio no es un pro forma, ¡es un verdadero acto de penitencia! Soy pecador, me confieso. ¡Así empieza la Misa! No debemos nunca olvidar que la Ultima Cena de Jesús ha tenido lugar “en la noche en que iba a ser entregado” (1 Cor 11, 23). En ese pan y en ese vino que ofrecemos y en torno al cual nos reunimos se renueva cada vez el don del cuerpo y de la sangre de Cristo para la remisión de nuestros pecados. ¿Eh? Tenemos que ir a Misa humildemente, como pecadores. Y el Señor nos reconcilia.

Un último indicio precioso nos lo ofrece la relación entre la celebración eucarística y la vida de nuestras comunidades cristianas. Es necesario tener siempre presente que la Eucaristía no es algo que hacemos nosotros; no es una conmemoración nuestra de aquello que Jesús ha dicho de hecho. No. ¡Es precisamente una acción de Cristo! Es Cristo que actúa ahí, que está sobre el altar. Y Cristo es el Señor. Es un don de Cristo, el cual se hace presente y nos reúne en torno a sí, para nutrirnos de su Palabra y de su vida. Esto significa que la misión y la identidad misma de la Iglesia surgen de allí, de la Eucaristía, y allí toman siempre forma. Una celebración puede resultar también impecable desde el punto de vista exterior. ¡Bellísima! Pero si no nos conduce al encuentro con Jesucristo, corre el riesgo de no traer ningún alimento a nuestro corazón y a nuestra vida.

A través de la Eucaristía, en cambio, Cristo quiere entrar en nuestra existencia y permearla de su gracia, para que en cada comunidad cristiana haya coherencia entre liturgia y vita. El corazón se llena de confianza y de esperanza pensando en las palabras de Jesús recogidas en el evangelio: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6, 54). Vivamos la Eucaristía con espíritu de fe, de oración, de perdón, de penitencia, de alegría comunitaria, de preocupación por los necesitados, y por las necesidades de tantos hermanos y hermanas, en la certeza de que el Señor realizará aquello que nos ha prometido: la vida eterna. ¡Así sea!