lunes, 30 de junio de 2014

IGLESIA HOY: Seis de cada diez españoles valora positivamente la labor de la Iglesia Católica

Queridos amigos y hermanos del blog: la Fundación Carmen de Noriega presenta un estudio sobre la práctica religiosa e imagen de la Iglesia en la opinión pública en España. Los datos de la encuesta se basan en 1.200 entrevistas realizadas a la población general española mayor de 18 años (incluidas Ceuta y Melilla).

La encuesta recoge que los españoles valoran positivamente la labor de la Iglesia Católica, y reconocen que los medios no siempre reflejan adecuadamente lo que la Iglesia dice y hace, en parte porque se fijan principalmente en lo negativo, y en parte porque la Iglesia no comunica bien.

Para los católicos que asisten a Misa la homilía es el criterio de más peso a la hora de elegir una parroquia, aunque reconocen que la homilía no es lo más importante de la Misa.

La Iglesia es valorada positivamente por la mayoría de los entrevistados

Dicha encuesta afirma que la labor de la Iglesia está muy bien valorada por la gran mayoría de entrevistados, 6 de cada 10 considera que aporta obras importantes a la cultura (63%), asiste a los más necesitados (62%) y ofrece un hogar espiritual (51%).

En este sentido, aun no siendo una opinión mayoritaria, para el 48% la Iglesia es fundamental en la conservación del patrimonio, su mensaje ayuda a vivir más moralmente (44%) y su labor social ahorra dinero al Estado (41%).

Además los españoles creen que su realidad no está bien reflejada en los medios de comunicación. Para 6 de cada 10 entrevistados (el 64%) las noticias que publican los medios de comunicación no reflejan la realidad de la Iglesia. Las causas de esa alta de representación adecuada son que se guían por estereotipos y sólo se fijan en lo negativo. También influye, aunque en menor medida (el 48% así lo afirma), que la Iglesia no se preocupa demasiado de comunicar su mensaje y su labor.

La homilía es el primer criterio para elegir la Misa

El 81% de los encuestados señala que el primer criterio para elegir la iglesia donde asistir a Misa es la homilía, a pesar de que reconocen que lo más importante de la misa es la consagración, la comunión y las lecturas de la Biblia. No obstante, una ligera mayoría (el 54%) piensa que los sacerdotes entienden la predicación como una obligación como parte de la misa y no como algo fundamental la vida sacerdotal (el 28%).

Además de la homilía, los criterios más importantes para elegir iglesia son la cercanía, que sea la parroquia de su domicilio y que conozcan al sacerdote. Revisten una menor importancia asistir a Misa con su comunidad, grupo o movimiento o el horario de las Misas.

Para los españoles, los valores que deben reunir las homilías son: fidelidad al Magisterio, interés actual, cercanía a la vida ordinaria, preparada, alegre y optimista, así como breve, novedosas y práctica, y ha de servir sobre todo para unir a la comunidad cristiana.

Considerarse católico e ir a misa no van unidos

El 62,7 de los españoles encuestados se declara católico, frente a un 23,6 que se describe no creyente, un 10,9 indiferente a la religión y un 1,9 creyente en otra religión.

De cada cuatro españoles que se declaran católicos, uno asiste a misa al menos una vez a la semana, otro de manera esporádica, y dos no asisten nunca.

Para más información: http://carmendenoriega.org/

domingo, 29 de junio de 2014

PAPA FRANCISCO: “No pierdas tiempo en preguntas o chismes inútiles. Tú, sígueme”


Homilía del santo padre Francisco en la Misa de imposición del Palio en la Basílica de San Pedro en la fiesta de San Pedro y San Pablo

"Dios es más grande que nuestras infidelidades y más fuerte que nuestras negaciones"



En la solemnidad de los apóstoles san Pedro y san Pablo, patronos principales de Roma, acogemos con gozo y reconocimiento a la Delegación enviada por el Patriarca Ecuménico, el venerado y querido hermano Bartolomé, encabezada por el metropolita Ioannis. Roguemos al Señor para que también esta visita refuerce nuestros lazos de fraternidad en el camino hacia la plena comunión, que tanto deseamos, entre las dos Iglesias hermanas.

«El Señor ha enviado su ángel para librarme de las manos de Herodes» (Hch 12,11). En los comienzos del servicio de Pedro en la comunidad cristiana de Jerusalén, había aún un gran temor a causa de la persecución de Herodes contra algunos miembros de la Iglesia. Habían matado a Santiago, y ahora encarcelado a Pedro, para complacer a la gente. Mientras estaba en la cárcel y encadenado, oye la voz del ángel que le dice: «Date prisa, levántate... Ponte el cinturón y las sandalias... Envuélvete en el manto y sígueme» (Hch 12,7-8). Las cadenas cayeron y la puerta de la prisión se abrió sola. Pedro se da cuenta de que el Señor lo «ha librado de las manos de Herodes»; se da cuenta de que Dios lo ha liberado del temor y de las cadenas. Sí, el Señor nos libera de todo miedo y de todas las cadenas, de manera que podamos ser verdaderamente libres. La celebración litúrgica expresa bien esta realidad con las palabras del estribillo del Salmo responsorial: «El Señor me libró de todos mis temores».

Aquí está el problema para nosotros, el del miedo y de los refugios pastorales.

Nosotros -me pregunto-, queridos hermanos obispos, ¿tenemos miedo?, ¿de qué tenemos miedo? Y si lo tenemos, ¿qué refugios buscamos en nuestra vida pastoral para estar seguros? ¿Buscamos tal vez el apoyo de los que tienen poder en este mundo? ¿O nos dejamos engañar por el orgullo que busca gratificaciones y reconocimientos, y allí nos parece estar a salvo? ¿Dónde ponemos nuestra seguridad?

El testimonio del apóstol Pedro nos recuerda que nuestro verdadero refugio es la confianza en Dios: ella disipa todo temor y nos hace libres de toda esclavitud y de toda tentación mundana. Hoy, el Obispo de Roma y los demás obispos, especialmente los Metropolitanos que han recibido el palio, nos sentimos interpelados por el ejemplo de san Pedro a verificar nuestra confianza en el Señor.

Pedro recobró su confianza cuando Jesús le dijo por tres veces: «Apacienta mis ovejas» (Jn 21,15.16.17). Y, al mismo tiempo él, Simón, confesó por tres veces su amor por Jesús, reparando así su triple negación durante la pasión. Pedro siente todavía dentro de sí el resquemor de la herida de aquella decepción causada a su Señor en la noche de la traición. Ahora que él pregunta: «¿Me amas?», Pedro no confía en sí mismo y en sus propias fuerzas, sino en Jesús y en su divina misericordia: «Señor, tú conoces todo; tú sabes que te quiero» (Jn 21,17). Y aquí desaparece el miedo, la inseguridad, la pusilanimidad.

Pedro ha experimentado que la fidelidad de Dios es más grande que nuestras infidelidades y más fuerte que nuestras negaciones. Se da cuenta de que la fidelidad del Señor aparta nuestros temores y supera toda imaginación humana. También hoy, a nosotros, Jesús nos pregunta: «¿Me amas?». Lo hace precisamente porque conoce nuestros miedos y fatigas. Pedro nos muestra el camino: fiarse de él, que «sabe todo» de nosotros, no confiando en nuestra capacidad de serle fieles a él, sino en su fidelidad inquebrantable. Jesús nunca nos abandona, porque no puede negarse a sí mismo (cf. 2 Tm 2,13). Es fiel.

La fidelidad que Dios nos confirma incesantemente a nosotros, los Pastores, es la fuente de nuestra confianza y nuestra paz, más allá de nuestros méritos. La fidelidad del Señor para con nosotros mantiene encendido nuestro deseo de servirle y de servir a los hermanos en la caridad.

El amor de Jesús debe ser suficiente para Pedro. Él no debe ceder a la tentación de la curiosidad, de la envidia, como cuando, al ver a Juan cerca de allí, preguntó a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» (Jn 21,21). Pero Jesús le respondió: «¿A ti qué? Tú, sígueme» (Jn 21,22). Esta experiencia de Pedro es un mensaje importante también para nosotros, queridos hermanos arzobispos. El Señor repite hoy, a mí, a ustedes y a todos los Pastores: «Sígueme».

No pierdas tiempo en preguntas o chismes inútiles; no te entretengas en lo secundario, sino mira a lo esencial y sígueme. Sígueme a pesar de las dificultades. Sígueme en la predicación del Evangelio. Sígueme en el testimonio de una vida que corresponda al don de la gracia del Bautismo y la Ordenación. Sígueme en el hablar de mí a aquellos con los que vives, día tras día, en el esfuerzo del trabajo, del diálogo y de la amistad. Sígueme en el anuncio del Evangelio a todos, especialmente a los últimos, para que a nadie le falte la Palabra de vida, que libera de todo miedo y da confianza en la fidelidad de Dios.


jueves, 26 de junio de 2014

PRO VIDA: Joven golpeado por oponerse al aborto: “Jesús no se bajó de la cruz a pesar de agresiones”

Ke’Ontai, un joven pro-vida de 17 años, fue golpeado en un parque mientras repartía folletos con el mensaje “El aborto no es justicia social”. En su testimonio que compartió con otros miembros de la plataforma Estudiantes por la Vida (Students for Life), de Estados Unidos, aseguró que no se detendrá en su defensa de la vida desde la concepción, pues Jesús no se bajó de la cruz a pesar de los golpes.

Según relató Kristan Hawkins, la presidenta de Estudiantes por la Vida de Estados Unidos, la organización pro-vida más grande del país, el joven se encontraba repartiendo los folletos un domingo en un parque de su vecindario, cuando un hombre se acercó y comenzó a discutirle sobre el inicio de la vida, y le aseguró que su esposa acababa de someterse a un aborto “porque era lo que necesitaban hacer”.

Cuando Ke’Ontai intentó darle material de consejería post-aborto, el hombre le respondió con gritos, lo empujó al piso y golpeó al joven en el rostro.

Kristan elogió la fortaleza del joven, que a pesar de la agresión, expresó su perdón por quien lo atacó y pidió que en todo el país recen por ese hombre y su esposa.

En un testimonio remitido por el propio Ke’Ontai, indicó que recordó cómo se vinculó a la causa pro-vida tras ver una manifestación y oración en el exterior de la clínica de aborto local.

Recordó que en su intento de formar un grupo de Estudiantes por la Vida encontró diversos obstáculos, particularmente con la administración de la escuela.

El domingo en que fue agredido, recordó, “estaba en el parque entregando tarjetas de Estudiantes por la Vida. Un hombre se detuvo y comenzó una conversación sobre el aborto. Comenzó a enojarse. Me gritó, golpeó todas mis tarjetas botándolas de mis manos, y me empujó al piso”.

“En ese momento, no sabía qué pensar. ¡El tipo era de más de 150 kilos! Entonces se pone sobre mí y comienza a golpearme el rostro. Estaba tratando de escapar de él, pero no podía salir de debajo de él. Finalmente escapé y rápidamente manejé a casa tan rápido como pude”.

Al día siguiente, contó, “fui a la escuela y mi director me mandó al hospital porque mi rostro estaba muy golpeado. El doctor me dijo que tenía la nariz rota”.

“Al principio estaba enojado, pero entonces me di cuenta de que no puedo estar enojado con este hombre, porque sé que él no me odiaba, él solo no quería escuchar la verdad”.

Ke’Ontai aseguró que “siento muy dentro que había algo más en sus actos que lo que se puede ver a simple vista. Todo lo que puedo hacer es perdonarlo y rezar y amarlo de la forma en la que Dios me ama”.

“Desde el lunes, muchas personas me han preguntado si voy a detener mi trabajo pro-vida por lo que ha sucedido. ¿Quieres saber qué les he estado diciendo? Cuando Jesús estaba en esa cruz, y le estaban golpeando. Él no se detuvo”, concluyó.

Estudiantes por la Vida ha organizado una campaña, en inglés, para enviarle mensajes de apoyo a Ke’Ontai. Puede enviar el suyo en este enlace: https://sfla.webconnex.com/keontai

Artículo original de ACI/EWTN Noticias.

miércoles, 25 de junio de 2014

CATEQUESIS DEL PAPA: “No caer jamás en la tentación de pensar que se puede prescindir de la Iglesia, de que podemos salvarnos solos”



Catequesis del papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 25 de junio de 2014 en la Plaza de San Pedro.


Catequesis sobre la Iglesia católica



«Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy hay otro grupo de peregrinos conectados con nosotros en el Aula Pablo VI. Son peregrinos enfermos. Porque con este tiempo, entre el calor y la posibilidad de lluvia, era más prudente que ellos permanecieran allí. Pero están conectados con nosotros a través de una pantalla gigante. Y así, estamos unidos en la misma Audiencia. Y todos nosotros hoy rezaremos especialmente por ellos, por sus enfermedades. Gracias.

En la primera catequesis sobre la Iglesia, el miércoles pasado, comenzamos por la iniciativa de Dios que quiere formar un Pueblo que lleve su bendición a todos los pueblos de la tierra. Empieza con Abraham y luego, con mucha paciencia – y Dios tiene, tiene tanta- con mucha paciencia prepara este Pueblo en la Antigua Alianza hasta que, en Jesucristo, lo constituye como signo e instrumento de la unión de los hombres con Dios y entre nosotros).

Hoy vamos hacer hincapié en la importancia que tiene para el cristiano pertenecer a este Pueblo. Hablaremos de la pertenencia a la Iglesia.

1. Nosotros no estamos aislados y no somos cristianos a título individual, cada uno por su lado, no: ¡nuestra identidad cristiana es pertenencia! Somos cristianos porque nosotros pertenecemos a la Iglesia. Es como un apellido: si el nombre es "Yo soy cristiano", el apellido es: "Yo pertenezco a la Iglesia."

Es muy bello ver que esta pertenencia se expresa también con el nombre que Dios se da a sí mismo. Respondiendo a Moisés, en el maravilloso episodio de la "zarza ardiente" (cf. Ex 3,15), de hecho, se define como 'el Dios de tus padres'; no dice 'yo soy el Omnipotente', no: 'yo soy el Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob'.

De este modo, Él se manifiesta como el Dios que ha establecido una alianza con nuestros padres y se mantiene siempre fiel a su pacto, y nos llama a que entremos en esta relación que nos precede. Esta relación de Dios con su Pueblo nos precede a todos nosotros, viene de aquel tiempo.

2. En este sentido, el pensamiento va primero, con gratitud, a aquellos que nos han precedido y que nos han acogido en la Iglesia. ¡Nadie llega a ser cristiano por sí mismo! ¿Es claro esto? Nadie se hace cristiano por sí mismo. No se hacen cristianos en laboratorio.

El cristiano es parte de un Pueblo que viene de lejos. El cristiano pertenece a un Pueblo que se llama Iglesia y esta Iglesia lo hace cristiano el día del Bautismo, se entiende, y luego en el recorrido de la catequesis y tantas cosas. Pero nadie, nadie, se hace cristiano por sí mismo.

Si creemos, si sabemos orar, si conocemos al Señor y podemos escuchar su Palabra, si nos sentimos cerca y lo reconocemos en nuestros hermanos, es porque otros, antes que nosotros, han vivido la fe y luego nos la han transmitido, la fe la hemos recibido de nuestros padres, de nuestros antepasados y ellos nos la han enseñado.

Si lo pensamos bien, ¿quién sabe cuántos rostros queridos nos pasan ante los ojos, en este momento? Puede ser el rostro de nuestros padres que pidieron el bautismo para nosotros; el de nuestros abuelos o de algún familiar, que nos enseñaron a hacer la señal de la cruz y a recitar las primeras oraciones.

Yo recuerdo siempre tanto el rostro de la religiosa que me enseñó el catecismo, está en el cielo seguro, porque es una santa mujer; yo la recuerdo siempre y doy gracias a Dios por esta religiosa. O el rostro del párroco, un sacerdote o una religiosa, un catequista, que nos ha transmitido el contenido de la fe y nos ha hecho crecer como cristianos. Pues bien, ésta es la Iglesia: es una gran familia, en la que se nos recibe y se aprende a vivir como creyentes y discípulos del Señor Jesús.

3. Este camino lo podemos vivir no solamente gracias a otras personas, sino junto a otras personas. En la Iglesia no existe el “hazlo tú solo”, no existen “jugadores libres”. ¡Cuántas veces el Papa Benedicto ha descrito la Iglesia como un “nosotros” eclesial!

A veces sucede que escuchamos a alguien decir: “yo creo en Dios, creo en Jesús, pero la Iglesia no me interesa”. ¿Cuántas veces hemos escuchado esto? Y esto no está bien.

Existe quién considera que puede tener una relación personal directa, inmediata con Jesucristo fuera de la comunión y de la mediación de la Iglesia. Son tentaciones peligrosas y dañinas. Son, como decía Pablo VI, dicotomías absurdas.

Es verdad que caminar juntos es difícil y a veces puede resultar fatigoso: puede suceder que algún hermano o alguna hermana nos cause problemas o nos dé escándalo. Pero el Señor ha confiado su mensaje de salvación a personas humanas, a todos nosotros, a testigos; y es en nuestros hermanos y en nuestras hermanas, con sus virtudes y sus límites, que viene a nosotros y se hace reconocer. Y esto significa pertenecer a la Iglesia. Recuérdenlo bien: ser cristianos significa pertenencia a la Iglesia. El nombre es “cristiano”, el apellido es “pertenencia a la Iglesia”.

Queridos amigos, pidamos al Señor, por intercesión de la Virgen María, Madre de la Iglesia, la gracia de no caer jamás en la tentación de pensar que se puede prescindir de los otros, de que se puede prescindir de la Iglesia, de que podemos salvarnos solos, de ser cristianos de laboratorio.

Al contrario, no se puede amar a Dios sin amar a los hermanos; no se puede amar a Dios fuera de la Iglesia; no se puede estar en comunión con Dios sin estar en comunión con la Iglesia; y no podemos ser buenos cristianos sino junto a todos los que tratan de seguir al Señor Jesús, como un único Pueblo, un único cuerpo y esto es la Iglesia. Gracias».

domingo, 22 de junio de 2014

PAPA FRANCISCO: "El Papa es el dulce Cristo en la tierra" (Santa Catalina de Siena)

¿Hacen falta palabras? 
¡Demos gracias a Dios por Francisco!


LITURGIA: “Mi memoria, ¿del Señor o de las cebollas?” (Francisco en el Corpus Christi)

Queridos amigos y hermanos: el santo padre Francisco presidió el pasado jueves por la tarde en la explanada la basílica de San Juan de Letrán, la misa con motivo de la celebración del Corpus Christi. Invitó a distinguir "el pan falso que engaña y corrompe, porque es fruto del egoísmo, de la autosuficiencia y del pecado".

Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto y de la condición de esclavitud, y una vez establecido en su tierra, el pueblo elegido alcanza una cierta autonomía, un cierto bienestar y "corre el riesgo de olvidarse de las situaciones tristes del pasado, superadas gracias a la intervención de Dios y a su infinita bondad". Por eso las Escrituras exhortan a recordar, a hacer memoria de todo el camino hecho en el desierto, en el tiempo del hambre y la desesperación. Así lo ha recordado el santo padre Francisco esta tarde, en la homilía de la misa celebrada en la catedral de Roma, San Juan de Letrán, en la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.

De este modo, el Papa ha indicado que "además del hambre físico el hombre lleva consigo otro tipo de hambre, un hambre que no puede ser saciado con la comida ordinaria". Y ha explicado que "es hambre de vida, hambre de amor, hambre de eternidad. Y el signo del maná --como toda la experiencia del éxodo-- contenía en sí también esta dimensión: era figura de una alimento que sacia el hambre profunda que hay en el hombre".

Francisco ha explicado que Jesús nos da este alimento, es más, "es Él mismo el pan vivo que da la vida al mundo". Asimismo, ha recordado que "no es un simple alimento con el que saciar nuestros cuerpos, como el maná; el Cuerpo de Cristo es el pan de los últimos tiempos, capaz de dar vida, y vida eterna, porque la sustancia de este pan es Amor".

Al respecto, el Pontífice ha observado que en la Eucaristía se comunica el amor del Señor por nosotros: "un amor tan grande que nos nutre con Sí mismo, un amor gratuito, siempre a disposición de cualquier persona hambrienta y necesitada de regenerar las propias fuerzas". Es por eso, ha proseguido, que vivir la experiencia de la fe "significa dejarse nutrir por el Señor y construir la propia existencia no sobre los bienes materiales, sino sobre la realidad que no perece: los dones de Dios, su Palabra y su Cuerpo".

Por otro lado, el Santo Padre ha recordado que si miramos a nuestro alrededor "nos damos cuenta que hay muchas ofertas de alimento que no vienen del Señor y que aparentemente satisfacen más". Así, ha puesto como ejemplo que algunos se alimentan con el dinero, la vanidad, el poder el orgullo. Y ha reafirmado que el alimento que nos nutre de verdad y que nos sacia es solamente el que nos da el Señor y que "el alimento que  nos ofrece el Señor es distinto de los otros, y quizá no nos parece sabroso como ciertos alimentos que nos ofrece el mundo". Por esta razón, "soñamos otras comidas", como el pueblo de Israel en el desierto.

Francisco ha invitado a los presentes a preguntarse "y yo, ¿dónde quiero comer? ¿En qué mesa quiero nutrirme? ¿En la mesa del Señor? ¿O sueño con comer alimentos sabrosos, pero en la esclavitud? ¿Cuál es mi memoria? ¿La del Señor que me salva, o la del ajo y las cebollas de la esclavitud? ¿Con qué memoria sacio mi alma?"

Y así, el Papa ha exhortado a recuperar la memoria y aprender a reconocer "el pan falso que engaña y corrompe, porque es fruto del egoísmo, de la autosuficiencia y del pecado".

Para finalizar la homilía, Francisco ha mencionado que dentro de poco, en la procesión, "seguiremos a Jesús realmente presente en la Eucaristía". Por eso ha querido recordar que "la hostia es nuestro maná, mediante el cual el Señor se da a nosotros". Con confianza, ha pedido dirigirse a Jesús pidiéndole: "defiéndenos de las tentaciones del alimento mundano que nos hace esclavos; purifica nuestra memoria, para que no se quede prisionera en la selectividad egoísta o mundana, sino que sea memoria viva de tu presencia a lo largo de la historia de tu pueblo, memoria que se hace 'memorial' de tu gesto de amor redentor".

Posteriormente, hoy domingo 22, el papa Francisco ha rezado la oración del ángelus desde la ventana de su estudio que asoma a la plaza de San Pedro, en donde una multitud le esperaba. Y les dirigió las siguientes palabras:

"Queridos hermanos y hermanas: en Italia y en muchos otros países del mundo se celebra este domingo la fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo, y se usa frecuentemente el nombre en latín: Corpus Domini, o Corpus Christi. La comunidad eclesial se recoge entorno a la eucaristía para adorar el tesoro más precioso que Jesús nos ha dejado.

El evangelio de Juan nos presente el discurso sobre el 'pan de vida', que Jesús realizó en la sinagoga de Cafarnaún, en el cual afirmó: 'Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Si uno come este pan vivirá eternamente y el pan que yo daré y mi carne para la vida del mundo”.

Jesús subraya que no vino a este mundo para traer alguna cosa, pero para darse, su vida, para nutrir a quienes tiene fe en Él. Esta comunión con el señor nos empeña a nosotros, sus discípulos, a imitarlo, haciendo de nuestra existencia, con nuestra actitud un pan partido para los otros, como el Maestro ha partido el pan que es su realmente su carne.

Para nosotros en cambio son las actitudes generosas hacia el prójimo las que demuestran nuestra actitud hacia los otros.

Cada vez que participamos a la Santa Misa y nos nutrimos del Cuerpo de Cristo, la presencia de Jesús y del Espíritu Santo actúa en nosotros, llena nuestro corazón, nos comunica actitudes interiores que se traducen en comportamientos según el Evangelio.

Sobre todo la palabra de Dios, después la fraternidad entre nosotros, el coraje del testimonio cristiano, la fantasía de la caridad, la capacidad de dar esperanza a los desanimados, de acoger a los excluidos.

De esta manera la eucaristía hace madurar un estilo de vida cristiano. La caridad de Cristo acogida con el corazón abierto nos cambia, nos transforma, nos vuelve capaces de amar, no según una medida humana, siempre limitada, sino según la medida de Dios, o sea sin medida.

¿Y cuál es la medida de Dios?, sin medida. La medida de Dios no tiene medida, todo, todo, todo. No se puede medir el amor de Dios, porque no tiene medida. Y entonces nos volvemos capaces de amar también a quien no nos ama. Y no es fácil amar a quien no nos ama, no es fácil, porque si sabemos que una persona no nos quiere, también nosotros tenemos ganas de no quererlo. Y no, tenemos que amar también a quien no nos ama de oponernos al mal con el bien, de perdonar, de compartir, de acoger.

Gracias a Jesús y al Espíritu, también nuestra vida se vuelve “pan partido” para nuestros hermanos. Y viviendo así descubrimos la verdadera alegría, la alegría de volverse don, para devolver el gran don que nosotros recibimos primero sin tener mérito.

Es bello esto, nuestra vida se hace don, esto es imitar a Jesús.

Querría recordar dos cosas. Primero: la medida de amar a Dios es amar sin medida. ¿Está claro esto? Nuestra vida con el amor de Jesús recibiendo la eucaristía, se hace un don, como fue la vida de Jesús. No nos olvidemos de estas dos cosas: La medida del amor de Dios es amar sin medida. Siguiendo a Jesús con la eucaristía, hacemos de nuestra vida un don.

Jesús, pan de vida eterna, descendió del cielo y se hizo carne gracias a la fe de María Santísima. Después de haberlo llevado en sí con inefable amor, Ella lo ha seguido fielmente hasta la cruz y la resurrección. Pidamos a la Virgen que nos ayude a descubrir la belleza de la eucaristía, a hacerla el centro de nuestra vida, especialmente en la misa dominical y en la adoración".

viernes, 20 de junio de 2014

VIVENCIAS PERSONALES: ¡Feliz Día de la Bandera queridos hermanos argentinos!

Queridos amigos y hermanos del blog: la bandera argentina fue izada por primera vez el 27 de febrero de 1812 a orillas del río Paraná por el General Manuel Belgrano. Se dice que su creador se inspiró en el tono del cielo o en el del manto de la Virgen para la elección de los colores, pero en realidad fueron el celeste y el blanco de la escarapela (que ya se utilizaba en ese momento) los que finalmente se plasmaron en el pabellón nacional.

En el año 1918 se le agregó un sol sobre la franja blanca para ser utilizada en caso de guerra. En 1938 se declaró el 20 de junio como Día de la Bandera y feriado nacional, en homenaje a su creador, fallecido el 20 de junio de 1820.

Cuando flamea a los cuatro vientos y la veas recordá siempre que es nuestra mayor insignia patria....

Hago mías en este día aquella famosa sentencia de su creador el General Manuel Belgrano: “Mucho me falta para ser un verdadero padre de la patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella”.

Un Feliz Día de la Bandera te deseo a vos que estás allí, yo estoy muy orgulloso de ella, estando allí y estando acá, porque ella está en mi corazón!

Con mi bendición.
Padre José Medina


    Oración a la Bandera
    (escrita por Joaquín V. González)

Bandera de la Patria, celeste y blanca, símbolo de la unión y la fuerza con que nuestros padres nos dieron independencia y libertad; guía de la victoria en la guerra y del trabajo y la cultura en la paz.

Vínculo sagrado e indisoluble entre las generaciones pasadas, presentes y futuras.

Juremos defenderla hasta morir antes que verla humillada.

Que flote con honor y gloria al frente de nuestras fortalezas, ejércitos y buques y en todo tiempo y lugar de la tierra donde ellos la condujeren.

Que a su sombra la Nación Argentina acreciente su grandeza por siglos y siglos y sea para todos los hombres mensajera de libertad, signo de civilización y garantía de justicia.  Amén.

jueves, 19 de junio de 2014

CATEQUESIS DEL PAPA: “La Iglesia no se limita al clero o al Vaticano, todos los bautizados somos Iglesia”


Catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 18 de junio de 2014 en la Plaza de San Pedro.

Catequesis sobre la Iglesia católica

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buen día!

Hoy inicio un ciclo de catequesis sobre la Iglesia. Es un poco como el hijo que habla de la propia madre, de la propia familia. Hablar de la Iglesia es hablar de nuestra madre, de nuestra familia. La Iglesia de hecho no es una institución finalizada a sí misma o una asociación privada, una ONG, y tampoco hay que restringir la mirada al clero o al Vaticano... La Iglesia somos todos, ¿de quién hablas tú, de los curas?. Los curas son parte de la Iglesia, pero la Iglesia somos todos, no la limitemos a los sacerdotes, a los obispos o al Vaticano, porque la Iglesia somos todos. Todos somos familia de esta madre.

La Iglesia es una realidad mucho más amplia que se abre a toda la humanidad y que no nace en un laboratorio, la Iglesia no ha nacido en un laboratorio, no ha nacido de repente. Ha sido fundada por Jesús, y es un pueblo con una amplia historia a sus espaldas y una preparación que inicia incluso mucho antes de Cristo.

Esta historia, o 'prehistoria' de la Iglesia se encuentra ya en las páginas del Antiguo Testamento. Hemos escuchado el Libro del Génesis, cuando Dios eligió a Abrahán, nuestro padre en la fe y le pidió que partiera, que dejara su patria terrena y fuera a otra tierra, que Él le habría indicado. Y en esta vocación Dios no llama a Abrahán como uno solo, como un individuo, pero involucra desde el inicio a su familia, a sus parientes y a todos quellos que están al servicio de su casa. Una vez en camino, así inició a caminar la Iglesia. Una vez en camino Dios ampliará una vez más el horizonte y colmará a Abrahán con su bendición, prometiéndole una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como la arena en las orillas del mar.

El primer dato importante es justamente este: a partir de Abrahán Dios forma a un pueblo para que lleve su bendición a todas las familias de la tierra. Y en el interior de este pueblo nace Jesús. Es Dios que constituye a este pueblo, esta historia, este pueblo en camino y allí nace Jesús, en este pueblo.

Un segundo elemento: no es Abrahán que constituye entorno a sí un pueblo, pero es el mismo Dios que da vida a este pueblo. Generalmente era el hombre a dirigirse a las divinidades, buscando colmar la distancia e invocando apoyo y protección. En este caso en cambio se asiste a algo inaudito: es Dios mismo quien toma la iniciativa. Escuchemos esto: ¡Dios mismo llama a la puerta de Abrahán, le dice: ve adelante, deja tu tierra, inicia a caminar yo haré (nacer) de ti un gran pueblo. Y éste es el inicio de la Iglesia y de este pueblo nace Jesús. Pero Dios toma la iniciativa, dirige su palabra al hombre creando una relación nueva con nosotros.

'Pero padre, ¿cómo es esto, Dios nos habla?' Sí. '¿Y podemos hablar con Dios?' Sí. Y esto se llama oración. Y es Dios que ha hecho ésto desde el inicio. Así Dios ha formado un pueblo con todos aquellos que escuchan su palabra y que se ponen en camino confiando en Él. Esta es la única condición: fiarse de Dios. Si uno confía en Dios, lo escucha y se pone en camino, esto es hacer Iglesia.

El amor de Dios precede todo, Dios llega siempre antes que nosotros, el profeta Isaías o Jeremías decía que Dios es como la flor de los almendros, porque es el primer árbol que florece en la primavera, para indicar que Dios florece antes que nosotros. Cuando llegamos Él nos espera, nos llama, nos hace caminar, y siempre antes que nosotros. Y esto se llama amor.
'Pero padre, yo no creo esto, porque si usted supiera que mi vida fue tan fea, no puedo pensar que Dios me espera'. Dios te espera y si has sido un pecador grande, te espera más y con tanto amor, porque Él es el primero y esta es la belleza de la Iglesia, que nos lleva a este Dios que nos espera.

Abrahán y los suyos escuchan la llamada de Dios y se ponen en camino, no obstante no sepan bien quién sea este Dios y dónde quiera llevarlos. Es verdad, porque Abrahán se pone en camino siguiendo a este Dios que le ha hablado, pero no tenía un libro de teología para estudiar quien era este Dios. Abrahán se fía, se fía del amor y él se fía. Esto no significa que esta gente estuviera siempre convencida y fiel. Por el contrario, desde el inicio hay resistencias, el replegarse sobre sí mismos y los propios interese, y la tentación de negociar con Dios para resolver las cosas como quisiera uno.

Estas son las traiciones y pecados que indican el camino del pueblo a lo largo de toda la historia de la salvación, que es la historia de la fidelidad de Dios y de la infidelidad del pueblo. Dios entretanto no se cansa, Dios tiene paciencia, tanta paciencia, y durante el tiempo sigue formando a su pueblo como un padre a su propio hijo. Dios camina con nosotros, dice el profeta Osea, yo he caminado contigo y te he enseñado a caminar como un papá le enseña a caminar a un niño. Hermosa figura de Dios, y así hace con nosotros, nos enseña a andar.

Y es la misma actitud que mantiene hacia la Iglesia. También nosotros de hecho, mismo en nuestra intención de seguir al Señor Jesús, hacemos experiencia cada día de nuestro egoísmo y de la dureza de nuestro corazón. Entretanto cuando nos reconocemos pecadores, Dios nos llena de su misericordia y de su amor. Y nos perdona, nos perdona siempre, y es justamente esto que nos hace crecer como Pueblo de Dios, como Iglesia. No porque somos buenos, no son nuestros méritos. Somos poca cosa nosotros, no es esto, sino la experiencia cotidiana de cuanto el Señor nos quiere y nos atiende. Es esto que nos hace sentir verdaderamente en sus manos y nos lleva a crecer en la comunión con Él y entre nosotros. Es sentirse en las manos de Dios que es padre, que nos ama, nos acaricia, nos espera y nos hace sentir su ternura. ¡Y esto es hermoso!

Queridos amigos, este es el proyecto de Dios: formar un pueblo bendito por su amor y que lleve su bendición a todos los pueblos de la tierra. Este proyecto no cambia, está siempre activo. En Cristo tuvo su plenitud y todavía hoy Dios sigue realizándolo en la Iglesia. Pidamos entonces la gracia de ser siempre fieles al influjo del Señor Jesús y a escuchar su palabra, listos a partir cada día como Abrahán, hacia la tierra de Dios y del hombre, hacia la verdadera patria nuestra, y así volvernos bendición y signo del amor de Dios hacia todos sus hijos. Me gusta pensar que un sinónimo que podríamos tener los cristianos sería: son hombres y mujeres que bendicen. El cristiano con su vida tiene que bendecir siempre, bendecir a Dios y a todos nosotros. Los cristianos son gente que sabe bendecir. ¡Qué linda vocación ésta!”

martes, 17 de junio de 2014

ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS: Los periodistas, "buenos samaritanos" del papa Francisco

Queridos amigos y hermanos del blog: el pasado 30 de mayo el prestigioso portal católico en español “Aleteia”, me ha publicado un artículo sobre el papa Francisco y los periodistas. Agradeciendo a su Comité Editorial que hayan tenido a bien contarme entre sus colaboradores les comparto ahora dicho artículo:


Los periodistas, "buenos samaritanos"
 del papa Francisco


El Papa Francisco nos ha sorprendido proponiéndonos al “buen samaritano” como modelo para los periodistas. ¿Es una idea nueva en él o ya la había trabajado anteriormente? Esta imagen había sido presentada por el cardenal Bergoglio en la conferencia: “El periodismo frente a sus propios límites en tiempos difíciles. Comunicador, ¿quién es tu prójimo?”, que luego se publicó en un libro del cual soy coautor.

Claro, en honor a la verdad, dicho así nomás, suena muy fuerte. Ciertamente que para ese libro coral no es que nos hayamos sentado a pensarlo y escribirlo juntos, el Sr. Cardenal, los demás escritores y yo, para nada. Pero, a la vez, no deja de ser verdadero lo que afirmo, ¿cómo es la historia?

En febrero de 2005, Ediciones Paulinas de Buenos Aires publicó el libro “Comunicador: ¿Quién es tu prójimo?”, libro que refleja lo acontecido en el Tercer Congreso de Comunicadores Católicos y que cuenta como coautores del mismo al entonces cardenal Bergoglio, al cardenal y periodista John Patrick Foley (ya fallecido) quien, desde 1984 a 2007, fue presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales de la Santa Sede; a Mons. José María Arancedo, en ese entonces Presidente de la Comisión Episcopal de Comunicación Social del Episcopado Argentino; además de notables hombres y mujeres de la comunicación social en la Argentina, Oscar Gómez Castañón, Alfredo Leuco, entre otros… y entre toda esa larga lista de gente de la Iglesia y de la Comunicación Social, me encontraba también yo.

"Comunicador: ¿Quién es tu prójimo?", fue el lema del tercer Congreso de Comunicadores Católicos de Argentina, que se realizó en Buenos Aires en el año 2002, organizado por la Comisión Episcopal de Comunicación Social del Episcopado Argentino, celebrado en la sede de la Pontificia Universidad Católica Argentina. El primer congreso se  había sido realizado en Mar del Plata (1995) y el segundo en Rosario (1999).

La finalidad de estos congresos estaba puesta en el deseo de apoyar con distintos elementos intelectuales y espirituales a los comunicadores de la Iglesia de todo el país, porque son ellos los llamados a ser testigos y protagonistas de esta realidad comunicacional al servicio del evangelio. Esto nos habla de la importancia de la vida espiritual de cada comunicador, de cada uno de nosotros, porque como nos decía, en ese entonces, san Juan Pablo II: "hoy la santidad de todos los miembros de la Iglesia es una urgencia pastoral".

Así los que tuvimos la gracia de organizarlo y llevarlo a cabo pusimos todo nuestro empeño por la formación espiritual, cultural y ética de todo profesional y agente de pastoral dedicado al mundo complejo y siempre apasionante de la comunicación social. Aspirábamos a que el uso de los medios de comunicación social fuese una expresión común en la vida pastoral de la Iglesia para ejercer con mayor fecundidad el mandato misionero y de servicio a la comunidad que nos reclama el Evangelio.

En el año 2002, yo era el Delegado de Prensa de mi Obispo, Mons. Rubén Oscar Frassia, de la Diócesis de Avellaneda-Lanús, y además era el Delegado de la Región Sur de Buenos Aires en la Comisión Episcopal de Comunicación Social del Episcopado Argentino. Desde ese lugar participé en la organización y puesta en marcha del Congreso.

Me tocó elaborar un pequeño folleto explicativo sobre el lema y contenido del congreso que entregamos juntos con el material previo y de inscripción al mismo y que sirvió a todos los que luego participaron para venir imbuidos de lo que quisimos expresar en el lema del congreso, como acicate a vivir nuestro servicio en la comunicación institucional de la Iglesia en Argentina, y así nació ese escrito que titulé: “Apuntes sobre el buen samaritano”.

Cuando fuimos armando el esquema del congreso y pensando los posibles nombres de los disertantes, se le pidió al cardenal Bergoglio la conferencia de apertura del congreso, con la sugerencia que nos instruyera en cómo poder vivir la comunicación institucional como un “acto de misericordia” para con todos los receptores de nuestra misión evangelizadora. Por supuesto que su respuesta fue positiva y nos regaló una exposición brillante, y que aún ahora, sigue teniendo una actualidad apremiante y aleccionadora.

¿Leyó el cardenal Bergoglio ese texto mío previo, o utilizó alguna de sus ideas para luego elaborar su conferencia? Cuando escribí mi libro “Francisco, el Papa de todos” (Editorial Bonum, Buenos Aires, 2013) incluí un capítulo titulado “El día en que fuimos coautores de un libro de comunicación social”, y allí transcribí mi texto y luego el del Cardenal, el que lea ambos escritos podrá sacar sus propias conclusiones.

Hoy, después de 12 años, recordando ese libro que contiene las distintas disertaciones del congreso, la presentación de los cursos y talleres del mismo, como así también las conclusiones y desafíos a los cuales nos comprometimos; todos los que escribimos en él podemos decir con orgullo: soy coautor de un libro de Comunicación Social del cual también es autor el cardenal Bergoglio, hoy papa Francisco.

Les comparto los párrafos de dicha conferencia en los que explica la Parábola del Buen Samaritano y verán la sintonía que hay entre aquel escrito del cardenal Bergoglio pronunciado el 10 de octubre de 2002 y el Mensaje de Francisco para la XLVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2014:

«Al encarar la reflexión del tema que me fue propuesto no puedo, como cristiano, dejar de referirme inicialmente al Evangelio. No sólo porque la pregunta ¿quién es tu prójimo? está inspirada en la parábola del buen Samaritano, sino – y fundamentalmente – porque el Evangelio del Señor es precisamente comunicar una buena noticia. (…)

La parábola del buen Samaritano

Teniendo en cuenta esto entramos de lleno en nuestro tema con la pregunta: "¿Comunicador ¿quién es tu prójimo?" que nos sitúa en el ámbito de la parábola del buen samaritano. La pregunta que nos hacemos es la que aquel escriba (comunicador) le hizo a Jesús: "¿y quién es mi prójimo?". Como diciendo: el mandamiento de amar es claro para todos, el problema se da en lo concreto: ¿quién es el que tengo que amar? Cómo se da la projimidad en el uso de los MCS? ¿Cada prójimo individualmente, la totalidad de los hombres, los grupos…? ¿Puede darse simultáneamente un mensaje evangélico que no sólo sea altamente personalizado sino también "global"? ¿Cómo se ama a través de los MCS?

La imagen del hombre apaleado al costado del camino

Aunque la imagen del hombre apaleado por los ladrones que quedó tirado al costado del camino, es una imagen que apunta al proceder evangélico –ético y moral- es licito trasponer lo que se dice del bien, al terreno de la verdad y de la belleza. Más aún: bien, verdad y belleza son inseparables cuando nos comunicamos: inseparables por presencia o también por ausencia, y –en este último caso- el bien no será bien, la verdad no será verdad ni la belleza será belleza. Actualmente hay una "mayoría invisible" de excluidos, que están al costado del camino, apaleados y robados, ante los cuales pasan los medios de comunicación. Los muestran, les dan mensajes, los hacen hablar… Entra en juego aquí la projimidad, el modo de aproximarse. El modo de hacerlo determinará el respeto por la dignidad humana.

Aproximarse bien, aproximarse mal desde el punto de vista estético.

Así como a nivel ético, aproximarse bien es aproximarse para ayudar y no para lastimar, y a nivel de la verdad, aproximarse bien implica transmitir información veraz, a nivel estético, aproximarse bien es comunicar la integridad de una realidad, de manera armónica y con claridad. Aproximarse mal en cambio es aproximarse con una estética desintegradora, que escamotea algunos aspectos del problema o que los manipula creando desarmonía y que oscurece la realidad, la afea y la denigra.

Aproximarse mal: con una estética desintegradora

Cuando las imágenes y las informaciones tienen como único objetivo inducir al consumo o manipular a la gente para aprovecharse de ella, estamos ante un asalto, ante una golpiza. Es la sensación que se tiene muchas veces ante el bombardeo de imágenes seductoras y de imágenes desesperanzadoras. Sentirse bombardeado, invadido, conmocionado, impotente para hacer algo positivo… son sentimientos equivalentes a los que se tiene en un asalto, en un acto de violencia, en un secuestro.

El otro buen Samaritano                                                                     

San Maximiliano María Kolbe, mártir de la caridad, prisionero 16670 de Auschwitz, propuesto por Juan Pablo II, por el uso que hizo de los MCS, como patrono de los periodistas en todas las ramas de las comunicaciones sociales, supo aproximarse a los heridos del campo de concentración. Y allí donde también estaban los carceleros y verdugos despojando y golpeando, él se hizo prójimo como el mismo Jesús, ofreciendo su vida en servicio por amor, en lugar de Francisco Gajowniczek condenado a muerte... Él, como modelo de todos los comunicadores, nos hace ver que la manera más competente de comunicar el Evangelio de Jesucristo es la belleza del testimonio del compromiso con la verdad y la donación de la vida por amor.

Señor, que nos hagamos prójimos como el Buen Samaritano del Evangelio, que no es otro que vos mismo transfigurado por la belleza del Amor hermoso de Dios por nosotros; que se nos conmuevan las entrañas y se nos enternezca el corazón frente al hermano; que descubramos la belleza del Amor hermoso con el que somos salvados, para que comuniquemos con gozo la belleza del compromiso de amar al prójimo según el ejemplo de Maximiliano Kolbe.»

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