martes, 27 de enero de 2015

ACTUALIDAD: Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto

Queridos amigos y hermanos del blog, el 27 de enero de 1945, las tropas rusas entraron en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, donde encontraron el horror que todos conocemos.

Por eso hoy se celebra el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto: aproximadamente 6 millones de hebreos, un millón de gitanos, 250.000 personas discapacitadas física o mentalmente, miles y miles de cristianos, disidentes políticos, homosexuales...

Entre las víctimas cristianas, podemos recordar a san Maximiliano Kolbe, sacerdote franciscano que se ofreció a tomar el lugar de un padre de familia destinado a morir en el "bunker del hambre". O a santa Edith Stein, monja carmelita descalza de origen hebrea que murió en las cámaras de gas de Auschwitz.

Oremos con el Papa para que todo el enorme sufrimiento humano que simboliza Auschwitz no se repita jamás, para que aprendamos de la historia a construir un futuro de paz y respeto.



Oración del Papa Francisco en el Memorial de Yad Vashem:

"Adán, ¿dónde estás?” (cf. Gn 3,9). ¿Dónde estás, hombre? ¿Dónde te has metido?

En este lugar, memorial de la Shoah, resuena esta pregunta de Dios: “Adán, ¿dónde estás?”.

Esta pregunta contiene todo el dolor del Padre que ha perdido a su hijo.

El Padre conocía el riesgo de la libertad; sabía que el hijo podría perderse… pero quizás ni siquiera el Padre podía imaginar una caída como ésta, un abismo tan grande. Ese grito: “¿Dónde estás?”, aquí, ante la tragedia inconmensurable del Holocausto, resuena como una voz que se pierde en un abismo sin fondo…

Hombre, ¿quién eres? Ya no te reconozco. ¿Quién eres, hombre? ¿En qué te has convertido? ¿Cómo has sido capaz de este horror? ¿Qué te ha hecho caer tan bajo? Quién te ha corrompido? ¿Quién te ha desfigurado? ¿Quién te ha contagiado la presunción de apropiarte del bien y del mal? ¿Quién te ha convencido de que eres dios?

No sólo has torturado y asesinado a tus hermanos, sino que te los has ofrecido en sacrificio a ti mismo, porque te has erigido en dios. Señor, escucha nuestra oración, escucha nuestra súplica, sálvanos por tu misericordia. Sálvanos de esta monstruosidad. Señor omnipotente, un alma afligida clama a ti. Escucha, Señor, ten piedad.

Hemos pecado contra ti. Tú reinas por siempre (cf. Ba 3,1-2). Acuérdate de nosotros en tu misericordia. Danos la gracia de avergonzarnos de lo que, como hombres, hemos sido capaces de hacer, de avergonzarnos de esta máxima idolatría, de haber despreciado y destruido nuestra carne, esa carne que tú modelaste del barro, que tú vivificaste con tu aliento de vida.

¡Nunca más, Señor, nunca más!"


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