martes, 3 de febrero de 2015

INTENCIONES DEL PAPA: Mes de FEBRERO de 2015

Queridos amigos y hermanos del blog: el Santo Padre Francisco indica para cada año y para cada mes, cuales son las intenciones generales y misioneras de la Iglesia en todo el mundo, por las que quiere que se ore. Éstas intenciones las confía al Apostolado de la Oración, quienes propagan en el mundo entero la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a fin de que éste las difunda con la mayor amplitud posible. Les comparto ahora las intenciones para este mes de febrero de 2015 con una síntesis del comentario que ofrece el P. Frederic Fornos, S.J., Director General Delegado del Apostolado de la Oración.


La INTENCIÓN GENERAL para FEBRERO 2015 es: 

“Para que los encarcelados, en especial los jóvenes, tengan la posibilidad de reconstruir una vida digna”.


COMENTARIO PASTORAL: La realidad de la cárcel no es nunca una realidad agradable, pero particularmente en la RDC las condiciones de la prisión son generalmente lamentables: “una tasa de 650 % de superpoblación, un acceso problemático a los cuidados ordinarios, condiciones desastrosas de higiene, sin sanitarios, la mala alimentación como problema crónico”, detalla la responsable de la comunicación del CICR en la República Democrática del Congo. Pero más allá de lo que se puede imaginar, hay una realidad más triste y más lastimosa bajo todo concepto, la realidad en este medio de los jóvenes delincuentes.

En este mes, la llamada vibrante del Papa Francisco para que los presos jóvenes tengan la posibilidad de rehacerse una vida digna, nos invita a reflexionar todavía más sobre las causas de esta dolorosa situación. En caso contrario, las cárceles se convierten en un lugar de aprendizaje de la criminalidad y la delincuencia, y los internos se hacen más delincuentes de lo que eran al entrar en ellas. Visitando estos lugares se impone una constatación: la mayoría de los presos jóvenes, “menores”, son llamados “shégués”, un término que en Kinshasa designa a los “niños de la calle”. Efectivamente, provienen de las calles de la capital y constituyen el 85 % de la población de detenidos jóvenes. Su estancia en la cárcel, pensada para preparar su futura integración en la sociedad, no parece cumplir este rol. Concretamente no tienen la posibilidad de aprender un oficio o de completar su educación con alguna formación. Se comprende mejor así que la tasa de recaídas sea grande. Finalmente, se encuentran mejor en la cárcel que fuera de ella. Un círculo vicioso.

Las causas de esta situación deplorable derivan de un conjunto de factores. Uno de ellos es la precariedad de vida a la que se ve confrontada la mayor parte de la población, las múltiples crisis sociales y políticas que ha conocido el país desde su independencia, la crisis económica que azota el país y que ha llevado a muchos padres al abandono de sus responsabilidades. Sin trabajo, los padres son muchas veces incapaces de asegurar la escolarización de sus numerosos hijos. Y la dimisión del Estado por causa de la mala remuneración concurre mucho a este desorden social. Sin embargo, el deber de formar, educar e instruir a los niños es parte de los derechos fundamentales de la juventud. Peor todavía, el problema está cada vez más en la violación de esos mismos derechos, garantizados tanto por la moral como por el derecho, una situación que está en la base de la delincuencia juvenil. A esto se añade el fenómeno moral del “niño hechicero”, que rechazado por su familia se convierte en un ser desprovisto de toda referencia social, y que, con el paso del tiempo, acaba por perder todo sentimiento humano y llega a ser capaz de las peores monstruosidades en la escala de la violencia.

Ante este cuadro sombrío de la situación de los niños en la RDC, es forzoso que se unan los esfuerzos para que el conjunto del Estado, la Iglesia y las ONG apoyadas por la comunidad internacional trabajen concertadamente con un acercamiento al tema de la prevención, asegurando el mínimo necesario para romper el círculo vicioso de la represión y la detención. Por ejemplo, un trabajo de sensibilización de fondo destinado a llevar a los padres, en cuanto individuos, a una mejor interiorización de su sentido de responsabilidad de padres, de manera que puedan estar más predispuestos a asumir, contra viento y marea, sus obligaciones morales frente a sus hijos, a pesar de los efectos nefastos de la situación social y económica. En el mismo orden de ideas, será necesario llevar a los padres a entender mejor la condición que se da entre la educación que se da al hijo y su personalidad futura en cuanto elemento de la sociedad; (todo esto) para que comprendran la importancia de adoptar métodos educativos que hagan del niño un futuro hombre equilibrado y útil a la sociedad. Esto constituye igualmente una contribución sensible para la implantación de una cultura de la paz.

Esta coexistencia pacífica, marcada de tolerancia política, religiosa y étnica debería reducir la propensión a las injusticias generadoras de frustraciones: las dos causas principales de la violencia y de las guerras fratricidas que dan tradicionalmente ocasión a todos esos abusos sobre la infancia lamentados actualmente en la RDC. La tentación de hacer caso de ciertas cuestiones sociales, como las relativas a los derechos, será grande para un país que sale de una guerra tan mortal como destructiva como la que ha sufrido la RDC, y que se encuentra confrontada a las prioridades de seguridad unidas a la consolidación de la paz y a la restauración del Estado.

En resumidas cuentas, sería deseable que la comunidad internacional ponga una fuerza especial en el problema de la reinserción en la sociedad de los niños soldados y de los niños de la calle, sin olvidar a los huérfanos de excombatientes congoleses, que deberían ser tenidos en cuenta igualmente, por miedo a que se hundan a su vez en la delincuencia, Además, sería el tiempo oportuno de que los poderes públicos congoleses tomen a pecho la cuestión de la incorporación de los niños de la calle que, a medio y a largo plazo, constituyen una amenaza real para la paz y la seguridad en el país. Es a la vez un deber moral y una exigencia fundamental de seguridad para la comunidad internacional ayudar a los poderes públicos a asumir la inmensa tarea de hacerse cargo de la cuestión del respeto de los derechos de los niños, y más particularmente de la reinserción en la sociedad de los niños de la calle, y de todos los otros niños echados a la calle como consecuencia de las guerras civiles, de las violencias étnicas y de la incapacidad material de los padres para asumir sus obligaciones familiares. Será necesario que la comunidad internacional se implique en la solución de este nuevo desafío: la presencia en las calles de estos niños que, a medida que crecen, no conocen otra cosa que el robo, la droga, la prostitución y la violencia; para evitar que la sociedad se encuentre más tarde de cara a la necesidad de movilizar diez o cien veces más de esfuerzo, de recursos humanos y materiales para acabar con las violencias étnicas y las guerras civiles de las que los niños de la calle serán los actores principales.

P. Georges Katumba, sj


La INTENCIÓN MISIONERA para FEBRERO 2015 es: 

“Para que los cónyuges que se han separado encuentren acogida y apoyo en la comunidad cristiana”.


COMENTARIO PASTORAL: Hay hermanos/as que después de un caminar en pareja se proyectaron y tomaron la decisión de contraer el sacramento del matrimonio. Hay quienes con el tiempo experimentan la dificultad de vivir juntos, incluso a pesar de un sincero esfuerzo de buscar ayuda para mantenerse unidos (causando serio daño a los hijos, en muchos casos).

Suele ser muy duro y doloroso el proceso de ruptura vivido por estas parejas que han fracasado. Y como es normal, un buen número de estos hermanos/as lograron rehacer sus vidas al encontrar una persona de quien se han enamorado, construyendo una nueva relación de amor maduro y responsable, formando una familia estable, muchas veces con un deseo sincero de vivir su fe. Criando a sus hijos en un ambiente de amor y fe en Jesucristo. Para algunos casos ha sido posible lograr la nulidad matrimonial, pero no es algo frecuente. Los que han contraído una nueva unión, se encuentran impedidos de recibir el sacramento de la reconciliación, de la comunión e incluso se sienten excluidos sin motivo de participar en actividades pastorales. Esto trae consigo no poco dolor y frustración.

Jesús tuvo una pasión que fue mostrar a su Padre – un papá, “Abba” – en su gran amor por nosotros. Su enseñanza nos invita a buscar la forma de sanar y apoyar a quien está caído en el camino, como aprendemos de la parábola del buen samaritano (Lc 10,2537).

Hemos visto que el Papa Francisco tiene una especial preocupación por la situación de estos cónyuges separados. El entiende lo doloroso que resulta para ellos cuando no son acogidos. Es lo que nos pide este mes – que lo apoyemos en su oración para que estos hermanos encuentren en las comunidades acogida y apoyo. Que "no se sientan excluidos de la misericordia de Dios" y “Debemos estar cerca de los hermanos y las hermanas que han sufrido el fracaso del amor en sus vidas”, nos ha pedido el Papa.

P. Luis J. Ramírez H., sj
Secretario Nacional AO/MEJ Chile

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