miércoles, 29 de abril de 2015

COLUMNISTA INVITADO - Palabras de María Antonia de Oro Redondo en la presentación de “Soy Jesuita, soy hijo de la Iglesia” en Aranjuez, Madrid

María Antonia de Oro Redondo,
Alcaldesa de la E.L.M.
Real Cortijo de San Isidro,
Aranjuez, Madrid.
¡Buenas tardes!

En primer lugar quiero dar las gracias a todos los asistentes a este acto y confirmar con vuestra presencia que no hay mayor disfrute ni mayor gozo que el encuentro de unos amigos que se reúnen con un objetivo común que no es otro que la presentación de un libro, un libro que ha sido escrito no por una persona desconocida, no por una persona ajena, no por una persona extraña. El autor de este libro es, sobre todas las cosas, un gran amigo. Decir esta palabra, y soltarla como si fuera así de fácil, no nos habla de la verdadera esencia de esta persona. Decir amigo es decir el corazón puro que late en nuestro sacerdote, nuestro pregonero, nuestro periodista, nuestro maestro y nuestro escritor Don José Antonio Medina Pellegrini.

Hubo hace siglos un hombre grande, un hombre que inició su carrera en el ejército como soldado menor y que fue herido en una batalla. Las guerras, como todas las guerras, nos hablan de muerte y del fracaso del ser humano pero esta batalla cambió la mirada y el pensamiento de aquel soldado que vino a llamarse noblemente y con el tiempo San Ignacio de Loyola. Aquella guerra le dispuso para ser hermano del mundo, aquella batalla fue el nacimiento de su verdadera lucha, la lucha de una persona por conquistar el corazón del hombre. Ese hombre, esa lucha, esa batalla por la pureza de la fe está como razón bendecida en tu alma y en tu corazón, querido José Antonio.

No olvidaremos nunca tu aparición en nuestra humilde Ermita. Vivíamos en la costumbre de que un Párroco era la imagen de alguien lejano e inabordable. Ésa era nuestra idea común. Sin embargo, aquel día y aquella hora nos despertó de nuestra ignorancia. Aquel hombre, aquel luchador venía a dar la batalla de la fe y de la voluntad de espíritu. No bien entraba en nuestra comunidad se dio a conocer entre los vecinos, cercano como una brisa de primavera, próximo como una palabra sanadora. Habló y escuchó, escuchó y habló. Conoció de primera mano aquello que a nuestro pueblo preocupaba, convino en darles participación, activó los recursos económicos y sociales y respondió como hombre de bien y de verdadera fe a las necesidades que el Real Cortijo de San Isidro demandaba.

La Sra. Alcaldesa presentando al autor de
"Soy Jesuita, soy hijo de la Iglesia".
El hombre nuevo aparece cuando la plegaria es escuchada. San Ignacio de Loyola sanó las heridas de guerra para sanar las heridas del alma, para conocer el dolor humano y limpiar con la fe y las buenas obras el hambre de pan y el hambre espiritual del hombre que se halla en guerra consigo mismo y con el mundo. Los Ejercicios Espirituales del Santo eran la mirada nueva que daba alimento al hambriento y al necesitado. Así tú, José Antonio.

Dice Don Quijote que un hombre no es más que otro si no hace más que otro. Tu apostura y tu valentía, tu fortaleza y tu templanza, tu esfuerzo y tu sensatez, tu cercanía y tu ponderación, tu prestancia y tu saber hacer hicieron que nuestro pueblo, gozando de la luz que transparentabas, fuera pequeño pero grande, humilde pero rico. No olvidaré la primera vez que escuchamos tu palabra. La palabra es simiente, es raíz, es pan y latido. Tu voz despertaba en nosotros esa fuente dormida, esa sed que tiene el hombre desde que escucha la palabra verdadera del Cristo. Eras ese venero, esa fuente inagotable. Recuerdo los hermosos versos de San Juan de la Cruz: “Mil gracias derramando, pasó por estos sotos con presura, e yéndolos mirando, con sola su figura, vestidos los dejó de su hermosura “. De escucharte en tertulias, de escuchar tus sabias conversaciones, de conocer algunas anécdotas que por pertenecerte las donabas alegremente, de escuchar tu lección de fe y enmienda, todos queríamos saber. Alguna vez nos atrevíamos a preguntar. Cómo es el Papa Francisco. Cómo fue su trayectoria hasta llegar a Roma. Cómo fue su elección. Cómo lo conociste. Y era cuando nos regalabas una sonrisa y tu palabra que se entretejía de luz y de vida, de satisfacción y de propósito.

Noche de reencuentro con ex-parroquianos
y amigos entrañables.
José Antonio, nuestro querido Párroco, hoy vienes a dar presentación a tu último libro. Lleva por nombre “SOY JESUITA, SOY HIJO DE LA IGLESIA”. Es tu octavo libro y nace como el primero, como tú mismo naciste en San Martín, Mendoza, ARGENTINA, no para ser nacido allí, en aquella tierra de luz y de altas montañas, de pampa y de largos caminos, sino para alumbrar al mundo, para que tu palabra escrita hable con los ecos de un espíritu que va más allá de personalismos, que se bendice en tu saber como el agua que refresca y nutre el amor entre hermanos. De lo que sé de ti es que has trabajado en programas de radio, televisión y artículos periodísticos. Que en el año de 1994 recibiste el SANTA CLARA DE ASÍS,  que fuiste el primer autor argentino en escribir un libro sobre el anterior Papa BENEDICTO XVI, EL PAPA DEL NUEVO MILENIO, y tu sexto libro FRANCISCO, EL PAPA DE TODOS donde mezclas lo humano y lo divino. Lo que sé de ti es que fuiste CAPELLÁN Y CONFESOR AUXILIAR DEL SANTUARIO DE LOURDES en Francia. Y tantas y tantas cosas más que podemos sumar a tu currículum.

Pero eso lo sabemos como se nos da a los ojos una carta de presentación. Lo que verdaderamente sabemos de ti, José Antonio, Párroco, sacerdote, periodista, escritor, maestro es de tu corazón. Que tu luz es una luz resplandeciente y amiga, que tu palabra es el alimento del necesitado, que tu amistad es un latido tan fuerte como las manos que necesita un enfermo, que el amor que dejaste son las sandalias de un pescador.

Firma de libros al calor de los buenos amigos ribereños.
Y por eso mismo, porque sabemos que te llama tu tierra, la cuna de tu bendición, porque Argentina es una de tus madres, porque un hilo bello de la Virgen María recorre tus ojos y te llena de ternura ante el mundo, porque tu madre cuida por ti y reza por tus ángeles, y porque eres un soldado de Dios que viene a sanar con su palabra te pido que no te vayas del todo, que te regreses, que te vayas volviendo como una oración de madrugada, que no perdamos la belleza de tu persona, que si muchos son los caminos del mundo los mensajes hoy día vuelan como el pensamiento y así no perderemos ni el vínculo ni tu voz, que nunca olvidaremos y que nunca se irá de nuestro lado, porque nunca te fuiste y porque eres nuestro amigo.

Gracias por dejarme formar parte de esta presentación, por formar parte de tu nuevo libro, estoy segura que será un gran éxito.

María Antonia de Oro Redondo, Alcaldesa de la E.L.M. Real Cortijo de San Isidro, Aranjuez, Madrid.

Aranjuez, Madrid, 18 de marzo de 2015.

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