domingo, 26 de abril de 2015

MIS FOTOS MÁS QUERIDAS: Junto al Santo Padre Francisco y mi madre


























(Archivo personal – 15 de abril de 2015) Esta foto es testigo de un momento inolvidable: tuve la gracia de llevar a mi madre a una Audiencia General del Santo Padre Francisco en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano. Ella recuerda emocionada el apretón de manos de Francisco y su bendición.

¡Qué experiencia fuerte en la fe! Estar ante el Vicario de Cristo en la tierra. Cabeza visible de la Iglesia. El que recibió de Jesucristo el encargo de cuidar el rebaño la Iglesia.     

El Papa es Obispo de Roma, Vicario de Jesucristo, Sucesor del Príncipe de los Apóstoles, Sumo Pontífice de la Iglesia Universal, Patriarca de Occidente, Primado de Italia, Arzobispo y Metropolita de la provincia Romana, Soberano del Estado Vaticano, Siervo de los Siervos de Dios. El más importante es el último, el de “Siervo de los Siervos de Dios”, que fue un título que fue acuñado por primera vez por el Papa San León Magno.

Doy gracias a Dios por un nuevo encuentro con el Sumo Pontífice, a quien pude entregarle en mano mi nuevo libro sobre él: "Soy Jesuita, soy hijo de la Iglesia" (le di un ejemplar de cada una de las ediciones: la española y la argentina), y también, el libro que el año pasado edité en Argentina sobre el Beato Cura Brochero: “Brochero, el discípulo misionero”.

Yo, como cada argentino que llega al tradicional “Besamanos”, guardamos de ese momento un cálido y agradecido recuerdo a Mons. Guillermo Karcher, Ceremoniero Papal, quien gentilmente y con una paciencia infinita, nos posibilita tal encuentro.

Les invito a que recemos juntos esta 

Oración por el Santo Padre:

Oh Jesús, Rey y Señor de la Iglesia: renuevo en tu presencia mi adhesión incondicional a tu Vicario en la Tierra, el Papa.

En él Tú has querido mostrarnos el camino seguro y cierto que debemos seguir en medio de la desorientación, la inquietud y el desasosiego.

Creo firmemente que por medio de él tú nos gobiernas, enseñas y santificas, y bajo su cayado formamos la verdadera Iglesia: una, santa, católica y apostólica.

Concédeme la gracia de amar, vivir y propagar como hijo fiel sus enseñanzas.

Cuida su vida, ilumina su inteligencia, fortalece su espíritu, defiéndelo de las calumnias y de la maldad.
Aplaca los vientos erosivos de la infidelidad y la desobediencia, y concédenos que, en torno a él, tu Iglesia se conserve unida, firme en el creer y en el obrar, y sea así el instrumento de tu redención.

Amén.

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