domingo, 12 de abril de 2015

PAPA FRANCISCO: Presentación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia

Francisco presenta a la Iglesia y al mundo el
Jubileo Extraordinario de la Misericordia
El Santo padre Francisco ha introducido este sábado 11 de abril por la tarde, en una ceremonia realizada en la Basílica de San Pedro, el Año Santo Extraordinario de la Misericordia.

Vestido con ornamentos blanco y crema, con ribetes verdes y dorados, el Papa entró acompañado por diversos prelados en el atrio o porche de la basílica, ubicado entre la explanada y el interior mismo del templo.

Delante de la puerta santa de la basílica de San Pedro el Papa entrego la bula 'Misericordiae Vultus' con la que se convoca el Jubileo Extraordinario de la Misericordia a los cardenales responsables de las basílicas pontificias: el arcipreste de San Pedro, cardenal Angelo Comastri; el acipreste de San Juan de Letrán, cardenal Agostino Vallini; el arcipreste de San Pablo Extramuros, cardenal James Michael Harvey; y el arcipreste de Santa María la Mayor, cardenal Santos Abril y Castelló.

A continuación, llegó de manera simbólica a los obispos de todo el mundo, y para ello Francisco entregó una copia de la bula también al prefecto de la congregación de los obispos, cardenal Marc Ouellet; al prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, cardenal Fernando Filoni; al prefecto de la Congregación de las Iglesias orientales, cardenal Leonardo Sandri.

En representación de Oriente, el Papa ha entregado una copia del documento al arzobispo Savio Hon Tai-Fai, nacido en Hong Kong y ahora secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. El continente africano ha estado representado por el arzobispo Barthélemy Adoukonou, originario de Benín y actualmente secretario del Pontificio consejo de la cultura. En nombre de las Iglesias orientales el Pontífice entregó la bula a Mons. Khaled Ayad Bishay, de la Iglesia Patriarcal de Alejandría de los Coptos.

A continuación el regente de la Casa Pontificia, Mons. Leonardo Sapienza, en calidad de protonotario apostólico leyó delante de los presentes algunos párrafos del documento oficial que introduce el Año santo extraordinario.

El Papa tiene en sus manos la bula 'Misericordiae Vultus'

Después de la lectura de dichos párrafos Francisco entró en cortejo en el interior de la basílica, y después de incensar al crucifico puesto en el centro, presidió la oración de las Vísperas del segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia, con la participación del coro de la Capilla Sixtina.



¿Por qué un Jubileo de la Misericordia?

 Porque la Iglesia en este momento de grandes cambios ofrece con mayor intensidad la cercanía de Dios.

A continuación el Papa realizó su homilía, en la que explicó por qué fue convocado un Jubileo extraordinario de la Misericordia. La ceremonia siguió con el canto del Magnificat y concluyó con el Regina Coeli.

Les ofrezco a continuación el texto de la homilía del papa Francisco en la ceremonia de introducción del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, después de haber presentado la bula a los cardenales y obispos de todo el mundo, y del canto de las Vísperas.

«Hermanos y hermanas:

Todavía resuena en todos nosotros el saludo de Jesús Resucitado a sus discípulos la tarde de Pascua: «Paz a vosotros« (Jn 20,19). La paz, sobre todo en estas semanas, sigue siendo el deseo de tantos pueblos que sufren la violencia inaudita de la discriminación y de la muerte, sólo por llevar el nombre de cristianos.

El papa Francisco durante la homilía de la ceremonia
Nuestra oración se hace aún más intensa y se convierte en un grito de auxilio al Padre, rico en misericordia, para que sostenga la fe de tantos hermanos y hermanas que sufren, a la vez que pedimos que convierta nuestros corazones, para pasar de la indiferencia a la compasión.

San Pablo nos ha recordado que hemos sido salvados en el misterio de la muerte y resurrección del Señor Jesús. Él es el Reconciliador, que está vivo en medio de nosotros para mostrarnos el camino de la reconciliación con Dios y con los hermanos.

El Apóstol recuerda que, a pesar de las dificultades y los sufrimientos de la vida, sigue creciendo la esperanza en la salvación que el amor de Cristo ha sembrado en nuestros corazones. La misericordia de Dios se ha derramado en nosotros haciéndonos justos, dándonos la paz.

Una pregunta está presente en el corazón de muchos: ¿por qué hoy un Jubileo de la Misericordia? Simplemente porque la Iglesia, en este momento de grandes cambios históricos, está llamada a ofrecer con mayor intensidad los signos de la presencia y de la cercanía de Dios.

Éste no es un tiempo para estar distraídos, sino al contrario para permanecer alerta y despertar en nosotros la capacidad de ver lo esencial. Es el tiempo para que la Iglesia redescubra el sentido de la misión que el Señor le ha confiado el día de Pascua: ser signo e instrumento de la misericordia del Padre (cf. Jn 20,21-23).

Delante de la puerta santa de la basílica de San Pedro
 el Papa entregó la bula 'Misericordiae Vultus'
Por eso el Año Santo tiene que mantener vivo el deseo de saber descubrir los muchos signos de la ternura que Dios ofrece al mundo entero y sobre todo a cuantos sufren, se encuentran solos y abandonados, y también sin esperanza de ser perdonados y sentirse amados por el Padre. Un Año Santo para sentir intensamente dentro de nosotros la alegría de haber sido encontrados por Jesús, que, como Buen Pastor, ha venido a buscarnos porque estábamos perdidos.

Un Jubileo para percibir el calor de su amor cuando nos carga sobre sus hombros para llevarnos de nuevo a la casa del Padre. Un Año para ser tocados por el Señor Jesús y transformados por su misericordia, para convertirnos también nosotros en testigos de misericordia. Para esto es el Jubileo: porque este es el tiempo de la misericordia.

Este es el motivo del Jubileo, porque es el tiempo favorable para curar las heridas, para no cansarnos de buscar a cuantos esperan ver y tocar con la mano los signos de la cercanía de Dios, para ofrecer a todos, a todos, el camino del perdón y de la reconciliación.

Que la Madre de la Divina Misericordia abra nuestros ojos para que comprendamos la tarea a la que estamos llamados; y que nos alcance la gracia de vivir este Jubileo de la Misericordia con un testimonio fiel y fecundo».

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