lunes, 13 de abril de 2015

PASCUA: “Contemplemos en las llagas del Resucitado la Divina Misericordia”

El papa Francisco rezó este domingo la oración del Regina Coeli, ante una plaza de San Pedro repleta de peregrinos. A continuación, el texto completo.

"Hoy es el octavo día después de la Pascua, y el evangelio de Juan nos documenta las dos apariciones de Jesús resucitado a los apóstoles reunidos en el cenáculo: en aquella tarde de Pascua estaba ausente Tomás, y en la aquella después de ocho días en cambio estaba presente Tomás.

La primera vez, el señor mostró las heridas en su cuerpo a los discípulos, hizo el signo de soplar sobre ellos y dijo: “El padre me ha mandado, también yo les envío”. Transmite a ellos su misma misión con la fuerza del Espíritu Santo.

Pero aquella tarde faltaba Tomás, el cual no quiso creer al testimonio de los otros. “Si no veo y no toco sus llagas -dijo- no creo. Ocho días después, o sea justamente como hoy, Jesús vuelve a presentarse en medio a los suyos y se dirige enseguida a Tomás, invitándolo tocar las heridas de sus manos y de su costado.

Viene al encuentro de su incredulidad para que a través los signos de la pasión pueda alcanzar la plenitud de la fe Pascual o sea la resurrección de Jesús.

Tomás es uno que no contenta y busca, quiere, verificar personalmente, cumplir una propia experiencia personal. Después de las resistencias iniciales e inquietudes, al final llega cree, aunque avanzando con dificultad. Pero llega a la fe.

Jesús lo espera pacientemente y se acerca a las dificultades y a las inseguridades del último que ha llegado. El señor proclama 'beatos' a aquellos que creen sin ver, y la primera es Santa María su madre, pero viene también al encuentro de la exigencia del discípulo incrédulo: “Pon aquí tu dedo, mira mis manos”.

Al contacto salvador con las llagas del Resucitado, Tomás manifiesta sus propias heridas, las propias llagas, las propias laceraciones, la propia humillación, en la herida de los clavos encuentra la prueba decisiva de que era amado, esperado y entendido.

Se encuentra delante de un Mesías lleno de dulzura, de misericordia, de ternura. Era este el Señor que buscaba, en las profundidades secretaras del propio ser, porque siempre había sabido que era así. Y por ello busquemos en lo profundo de nuestro corazón, para encontrar a Jesús. Porque es dulce, misericordioso y tierno. Sabemos que es así.

Encontrado el contacto personal con la amabilidad y la misericordiosa paciencia de Cristo, Tomás entiende el significado profundo de su Resurrección e, íntimamente transformado, declara su fe plena y total en Él exclamando: “Mi Señor y mi Dios”. ¡Esta expresión de Tomás es hermosa!

Él pudo tocar el misterio pascual que manifiesta plenamente el amor salvador de Dios, rico de misericordia. Y com Tomás también todos nosotros: en este segundo domingo de pascua estamos invitados a contemplar en las llagas del Resucitado la Divina Misericordia, que supera todo límite humano y resplandece en la oscuridad del pecado.

Un tiempo intenso y prolongado para acoger las inmensas riquezas del amor misericordioso de Dios será el próximo Jubileo Extraordinario de la Misericordia, cuya bula de convocación he promulgado ayer por la tarde, aquí en la basílica de San Pedro.

Esta bula inicia con las palabras: 'Misericordiae Vultus', el Rostro de la Misericordia es Jesucristo. Tengamos la mirada puesta en Él.

Tengamos la mirada puesta en Él, que siempre nos busca, nos espera, nos perdona; es tan misericordioso, no se asusta de nuestras miserias. En sus llagas nos cura y perdona todos nuestros pecados. Que la Virgen Madre, nos ayude a ser misericordiosos con los otros como Jesús lo es con nosotros”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario