viernes, 5 de junio de 2015

INTENCIONES DEL PAPA: Mes de JUNIO de 2015

Queridos amigos y hermanos del blog: el Santo Padre Francisco indica para cada año y para cada mes, cuales son las intenciones generales y misioneras de la Iglesia en todo el mundo, por las que quiere que se ore. Éstas intenciones las confía al Apostolado de la Oración, quienes propagan en el mundo entero la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a fin de que éste las difunda con la mayor amplitud posible. Les comparto ahora las intenciones para este mes de junio de 2015 con una síntesis del comentario que ofrece el P. Frederic Fornos, S.J., Director General Delegado del Apostolado de la Oración.


La INTENCIÓN UNIVERSAL para JUNIO 2015 es: 

“Para que los inmigrantes y los refugiados encuentren acogida y respeto en los países a donde llegan”.

COMENTARIO PASTORAL: Yasmine tenía 12 años cuando dejó Algeria con sus padres y fueron a Francia. Miguel tenía 19 años cuando intentó emigrar de Honduras a los EE UU por tercera vez. Valdi huyó de Birmania con sus 3 hijos y pidió asilo en un campo de concentración de Tailandia. Asya cumplió 23 años y ya había vivido en ocho países distintos. A la edad de 67, Li dejó China and fue a vivir con su hija en Inglaterra. Yo tenía 16 años cuando me arriesgué y huí de Colombia a Miami en los EE UU más tarde, ya de 22 años, me fui con mi familia a Canadá porque los EE UU no nos ofrecían protección.

La migración es consecuencia de las decepciones y sueños de las gentes que buscan mejores oportunidades de vida. Son los medios y oportunidades de gente ordinaria que dejan sus hogares en busca de paz y mejores condiciones de vida. Tanto los emigrantes como los refugiados contarán historias de seres queridos que dejan detrás, de nuevos amigos y de toda clase de reveses y desengaños. Las causas son distintas. Unos dejan sus tierras para comenzar nuevas vidas en otros países; refugiados que huyen de sus hogares debido a la opresión o peligros mayores. Refugiados, también, que han perdido sus hogares debido a desastres naturales o víctima de cambios climáticos.

Muchos inmigrantes y refugiados sufren dificultades en el proceso de asentamiento o integración en sus nuevas comunidades. Aun cuando encuentren un hogar o medios de vida en sus nuevos países, tienen que aprender nuevas lenguas y costumbres. Finalmente, muchos refugiados tienen que sobrellevar más de una migración de uno a otros campos o países.

La Agencia de Refugiados de las Naciones Unidas (UNHCR) informa que en 2012 hubo 45 millones de personas desplazadas – un record de 14 años. Los migrantes también aumentaron – de 150 millones en 1990 a 232 millones en 2'13. No son solamente las naciones desarrolladas las que experimentan los efectos de inmigración. Las naciones en desarrollo también han visto un crecimiento notable en la inmigración.

Muchos emigrantes comienzan como trabajadores temporeros. Al no tener derechos de estancia legal y estas aislados, se exponen a la explotación. Otros emigran a países sin conseguir los documentos y garantías de inmigración, con el peligro y temor de la deportación. La pobreza entre los indocumentados se debe al estar atados a trabajar sin ningún beneficio, derechos laborales y salarios mínimos.

Son muchísimos los trabajadores que claman por un salario justo y documentación apropiada. Otros en países desarrollados reclaman el control de la inmigración y refugiados. Temen compartir sus posesiones y beneficios con una inmigración descontrolada. Ven a los inmigrantes como competidores en los empleos, servicios y riqueza – rebajando el nivel de vida.

Como cristianos estamos llamados a socorrer a los inmigrantes y refugiados. La Iglesia debe responder a la llamado de Cristo y dar la bienvenida a cualquier extranjero y necesitado, y ver en todos ellos hermanos y hermanas nuestros. Estamos llamados a escuchar las voces y responder a las necesidades de todos los pueblos necesitados. Tanto el Crucificado como Cristo Resucitado nos invitan a abrir nuestros corazones y brazos para dar la bienvenida a inmigrantes y refugiados a nuestros hogares – en ellos encontraremos a Cristo.

En mis experiencias como refugiado y, más tarde, como inmigrante, he sentido la presencia de Dios que me daba la bienvenida y venía a mi encuentro. Asimismo, su bienvenida, hospitalidad y ayuda me enseñaron a hacer lo mismo, me sentí obligado y contento de abrir mi corazón a tantos otros inmigrantes y refugiados que he conocido en muchas partes del mundo. Cuidando a inmigrantes, podemos sentir lo que el Corazón de Jesús siente. Aprendemos a amar como Él nos ama, aprendamos a ver en ellos lo que Cristo ve y tratarlos como Cristo los hubiera tratado.

Santiago Rodríguez, SJ
es el Director del Apostolado de la Oración en los Estados Unidos.
Antes trabajó con el Servicio de Jesuítas para los Refugiados
e Inmigrantes en Toronto, Canada.


La INTENCIÓN POR LA EVANGELIZACIÓN para JUNIO 2015 es: 

“Para que el encuentro personal con Jesús suscite en muchos jóvenes el deseo de ofrecerle la propia vida en el sacerdocio o en la vida consagrada”.


COMENTARIO PASTORAL: El sacerdocio ministerial y la vida consagrada son dos formas muy cercanas para decir a Dios “gracias”. Son respuestas al “amor mayor” que ocupa un gran lugar en el corazón de los jóvenes hasta el punto de hacer nacer el deseo de que toda su existencia tenga la forma y la consistencia de este gran amor de Dios.

Toda vocación personal tiene sus raíces en una llamada fundamental de Dios que conoce a cada uno por su nombre y que confiere a cada uno su aspecto particular. Dios tiene una imagen perfecta de cada persona y la vocación personal está en identificarse cada vez más con esa imagen. Ésta es la que podemos llamar vocación personal fundamental que ayudará a discernir la elección de vida y que se convertirá en el criterio de discernimiento de cualquier decisión en la vida, hasta en los detalles de cada día.

Pero con seguridad es en Jesús en quien los jóvenes, hombres y mujeres, encontrarán esa imagen intacta y bella que Dios tiene de ellos mismos. Si la vocación personal es una llamada a vivir a partir del gran amor que Dios tiene por ellos y por toda la humanidad, aprenderán a identificar su vocación particular en el encuentro personal con Jesús que “ha dado su vida por los suyos”. Querrán parecerse siempre más a esta imagen y desearán que se impregne en su corazón. Entenderán que Jesús los llama a conocerlo para amarlo y seguirlo, y así serán confirmados en lo que son a los ojos de Dios y podrán elegir un estado de vida que les ayudará a realizar la voluntad de Dios sobre ellos.

En el caso del sacerdocio ministerial y de la vida consagrada, Jesús llama a sus amigos y discípulos a un estado de vida bien determinado, al del don radical de su vida a Dios para el servicio de sus hermanos y hermanas en una vida célibe viviendo pobre y humildemente.

LouisMartin Cloutier, SJ

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