martes, 27 de octubre de 2015

IGLESIA HOY: ¿Qué ha dicho realmente el Sínodo sobre la comunión de los divorciados vueltos a casar?

(News.va Español, 27 de octubre de 2015) Queridos amigos, el domingo terminó el Sínodo sobre la familia. Hemos visto que en muchos medios de comunicación existe confusión sobre uno de los temas más controvertidos: el acceso a la Comunión de aquellas personas católicas que se han divorciado y vuelto a casar. Intentaremos hacer un poco de luz.

La primera idea, de importancia fundamental, es que de momento no cambia nada, porque el documento elaborado por los obispos al final del Sínodo tiene tan solo carácter de recomendaciones que se presentan al Papa.

En efecto, este documento recoge un conjunto de conclusiones a las que han llegado los Padres Sinodales, y que presentan al Papa junto a unas recomendaciones en respuesta a los problemas planteados. Es el Papa quien tendrá que decir la palabra definitiva.

De hecho, los Padres Sinodales han pedido al Papa Francisco que “evalúe la oportunidad de ofrecer un documento sobre la familia, para que en ella, Iglesia doméstica, resplandezca cada vez más Cristo, luz del mundo”.

Por tanto, en su momento el Papa dirá lo que tenga que decir mediante un documento pontificio oportuno (generalmente, una Exhortación Apostólica Post-Sinodal). Pero por ahora no ha dicho nada, no se ha pronunciado, y por tanto no ha cambiado nada.

La cuestión sobre los divorciados vueltos a casar ha sido tratada por los Padres Sinodales en un apartado titulado “Discernimiento e integración” (puntos 84 a 86 de la Relación Final del Sínodo). Les presentamos a continuación los párrafos correspondientes. Cabe subrayar que, en sus propuestas, los Padres Sinodales no mencionan el sacramento de la Comunión:

«84. Los bautizados que están divorciados y vueltos a casar civilmente deben ser más integrados en las comunidades cristianas en los diversos modos posibles, evitando toda ocasión de escándalo. La lógica de la integración es la clave de su acompañamiento pastoral, para que no solamente sepan que pertenecen al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, sino que puedan vivir una experiencia gozosa y fecunda.

Son bautizados, son hermanos y hermanas, el Espíritu Santo derrama en ellos dones y carismas para el bien de todos. Su participación puede expresarse en diversos servicios eclesiales: es preciso, por ello, discernir cuáles de las diversas formas de exclusión practicadas actualmente en los ámbitos litúrgico, pastoral, educativo e institucional pueden ser superadas.

Ellos no solo no deben sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia, sintiéndola como una madre que los acoge siempre, los cuida con afecto y los anima en el camino de la vida y del Evangelio.

Esta integración es necesaria también para el cuidado y la educación cristiana de sus hijos, que deben ser considerados los más importantes. Para la comunidad cristiana, cuidar a estas personas no supone un debilitamiento de la propia fe y del testimonio sobre la indisolubilidad del matrimonio: más bien, la Iglesia expresa en este cuidado su caridad».

«85. San Juan Pablo II ofreció un criterio general que sigue siendo la base para evaluar estas situaciones: “Los pastores, por amor a la verdad, están obligados a discernir bien las situaciones. En efecto, hay diferencia entre los que sinceramente se han esforzado por salvar el primer matrimonio y han sido abandonados del todo injustamente, y los que por culpa grave han destruido un matrimonio canónicamente válido.

Finalmente están los que han contraído una segunda unión en vista a la educación de los hijos, y a veces están subjetivamente seguros en conciencia de que el precedente matrimonio, irreparablemente destruido, no había sido nunca válido” (FC, 84).

Por tanto, es tarea de los presbíteros acompañar a las personas interesadas por la vía del discernimiento según las enseñanzas de la Iglesia y las orientaciones del Obispo. En este proceso será útil hacer un examen de conciencia, a través de momentos de reflexión y de arrepentimiento.

Los divorciados vueltos a casar deberían preguntarse cómo se han comportado con sus hijos cuando el matrimonio entró en crisis; si intentaron reconciliarse; cuál es la situación del cónyuge abandonado; qué consecuencias tiene la nueva relación sobre el resto de la familia y sobre la comunidad de los fieles; qué ejemplo están dando a los jóvenes que se deben preparar para el matrimonio. Una sincera reflexión puede reforzar la confianza en la misericordia de Dios que no es negada a nadie.

Además, no se puede negar que en algunas circunstancias, “la imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas” a causa de diversos condicionamientos (CCC, 1735). En consecuencia, el juicio sobre una situación objetiva no debe llevar a un juicio sobre la “imputabilidad subjetiva” (Pontificio Consejo para los textos legislativos, Declaración del 24 junio 2000, 2a).

En determinadas circunstancias, las personas encuentran grandes dificultades para actuar de modo diverso. Por eso, aun manteniendo una norma general, es necesario reconocer que la responsabilidad respecto a determinadas acciones o decisiones no es la misma en todos los casos.

El discernimiento pastoral, teniendo también en cuenta la conciencia rectamente formada de las personas, debe hacerse cargo de estas situaciones. Asimismo, las consecuencias de los actos realizados no son necesariamente las mismas en todos los casos».

«86. El camino de acompañamiento y discernimiento orienta a estos fieles a la toma de conciencia de su situación ante Dios. El coloquio con el sacerdote, en foro interno (en el ámbito de la dirección espiritual, ndr.), contribuye a la formación de un juicio correcto sobre aquéllo que obstaculiza la posibilidad de una participación más plena en la vida de la Iglesia, y sobre los pasos que pueden favorecerla y hacerla crecer.

Dado que en la ley misma no hay gradualidad (ndr.: no hay varios grados o formas de precepto en la ley divina para los diversos hombres y situaciones. Todos los esposos, según el plan de Dios, están llamados a la santidad en el matrimonio, “y esta excelsa vocación se realiza en la medida en que la persona humana se encuentra en condiciones de responder al mandamiento divino con ánimo sereno, confiando en la gracia divina y en la propia voluntad”, cf. FC, 34), dado que en la ley misma no hay gradualidad, este discernimiento no podrá prescindir nunca de las exigencias de verdad y caridad del Evangelio propuestas por la Iglesia.

Para que esto sea posible, se han de garantizar las necesarias condiciones de humildad, discreción, amor a la Iglesia y a sus enseñanzas, en la búsqueda sincera de la voluntad de Dios y en el deseo de llegar a responder más perfectamente a ella».

Y esto es lo que recomiendan los Padres Sinodales al Papa. Hablan de discernimiento, acompañamiento, participación y comprensión; pero no de Comunión sacramental. Ahora hemos de esperar a que el Papa se pronuncie mediante un documento pontificio oficial. Seguiremos informando.

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