lunes, 30 de noviembre de 2015

SANTORAL (audios): San Andrés (30 de noviembre)




Oración a San Andrés

¡Oh glorioso San Andrés, tú fuiste el primero en reconocer y seguir al Cordero de Dios. Junto con tu amigo Juan te quedaste junto a Jesús desde ese primer día, y durante toda tu vida, y ahora por toda la eternidad.

Así como llevaste a tu hermano San Pedro a Cristo y a muchos otros después de él, Condúcenos también a nosotros a Él. Enséñanos a llevar otros a Cristo solamente por amor a Él y dedicados a su servicio. Ayúdanos a aprender la lección de la Cruz y a llevar nuestras cruces diarias sin quejarnos de modo que puedan llevarnos a Jesús. Amén.

domingo, 29 de noviembre de 2015

EVANGELIO DOMINICAL: No sólamente ya estamos en Adviento, sino que somos Adviento

1º Domingo de Adviento
Ciclo C
Evangelio: Lucas 21, 25-28. 34-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación”.

Palabra del Señor.


¡Hoy comenzamos un nuevo Adviento! Estamos ya habituados al término “adviento”; sabemos qué significa; pero precisamente por el hecho de estar tan familiarizados con él, quizá no llegamos a captar toda la riqueza que encierra dicho concepto. Adviento quiere decir “venida”. Por lo tanto, debemos preguntarnos: ¿Quién es el que viene?, y ¿para quién viene? En seguida encontramos la respuesta a esta pregunta. Hasta los niños saben que es Jesús quien viene para ellos y para todos los hombres. Viene una noche en Belén, nace en una gruta que se utilizaba como establo para el ganado. Esto lo saben los niños, lo saben también los adultos que participan de la alegría de los niños y parece que se hacen niños ellos también la noche de Navidad.

Sin embargo, muchos son los interrogantes que se plantean. El hombre tiene el derecho, e incluso el deber, de preguntar para saber. Hay asimismo quienes dudan y parecen ajenos a la verdad que encierra la Navidad, aunque participen de su alegría. Precisamente para esto disponemos del tiempo de Adviento, para que podamos penetrar en esta verdad esencial del cristianismo cada año de nuevo. El Adviento cristiano que tiene uno de sus puntos focales en el gran acontecimiento que se llevó a cabo con el nacimiento del Salvador, del seno purísimo de la Virgen María. La Iglesia quiere que el pueblo cristiano no se limite a hacer en él sólo una conmemoración tradicional, sino que se prepare a vivir en profundidad el inefable misterio del Verbo de Dios hecho hombre “por nuestra salvación”, como rezamos en el Credo.

Y justamente por esto el cristianismo no es sólo una “religión de adviento”, sino el Adviento mismo. El cristianismo vive el misterio de la venida real de Dios hacia el hombre, y de esta realidad palpita y late constantemente. Esta es sencillamente la vida misma del cristianismo. Se trata de una realidad profunda y sencilla a un tiempo, que resulta cercana a la comprensión y a la sensibilidad de todos los hombres y sobre todo de quien sabe hacerse niño con ocasión de la noche de Navidad. No en vano dijo Jesús una vez: “Si no os volviereis y os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt 18, 3).

“He aquí que vienen días –oráculo de Yahvé- en que yo cumpliré la buena palabra que yo he pronunciado sobre la casa de Israel… Suscitaré a David un renuevo de justicia” (Jr 33, 14-15). Jeremías anuncia la intención de Dios de cumplir la “buena palabra” o sea la promesa del Salvador que deberá nacer de la descendencia de David, figurado en un “renuevo de justicia”. El restablecerá “la justicia y el derecho sobre la tierra”, es decir, salvará a los hombres y los conducirá de nuevo a Dios.

La realización de este gran acontecimiento que se llevó a cabo con el nacimiento del Salvador, de la Virgen María, es uno de los puntos focales del Adviento. La Iglesia quiere que el pueblo cristiano no se limite a hacer en él sólo una conmemoración tradicional, sino que se prepare a vivir en profundidad el inefable misterio del Verbo de Dios hecho hombre “por nuestra salvación” (Credo).

Y como esta salvación será completa, es decir, se extenderá a toda la humanidad sólo al fin de los tiempos, cuando “verán al Hijo del hombre venir en una nube con poder y majestad grandes” (Lc 21, 27), la Iglesia exhorta a los creyentes a vivir siempre en un continuado Adviento. El recuerdo de la Navidad del Señor debe ser vivido “en la espera que se cumpla la bienaventurada esperanza y venga nuestro Salvador Jesucristo” (Misal Romano). El Señor ha venido, viene y vendrá; hay que darle gracias, acogerlo y esperarlo. Si la vida del cristiano se sale de esta órbita, fracasará, rotundamente.

Al iniciar el tiempo del Adviento con la lectura del Evangelio que habla del fin del mundo (Lc 21, 25-28. 34-36) y de la última venida del Señor, la Iglesia no intenta asustar a sus hijos, sino más bien amonestarlos, advertirlos de que el tiempo pasa, que la vida terrena es tan sólo provisional, y que la meta de las esperanzas y de los deseos no puede ser la ciudad terrena, sino la celestial. Si el mundo actual está sacudido por guerras y desórdenes, y se desbanda con ideas falsas y costumbres depravadas, todo esto debe servirnos de aviso: el hombre que repudia a Dios perece, ya que sólo de él puede encontrar la salvación. Pues entonces “cobrad ánimo y levantad vuestras cabezas, porque se acerca vuestra redención” (Lc 21, 28).

La Iglesia sólo mira a suscitar en los corazones el deseo y el ansia de la salvación y el anhelo hacia el Salvador. En vez de dejarse sumergir y arrastrar por las vicisitudes terrenas, hay que dominarlas y vivirlas con la vista puesta en la venida del Señor. “Estad atentos, no sea que se emboten vuestros corazones por la crápula, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, y de repente venga sobre vosotros aquel día” (ib. 34). Por el contrario, es necesario “velar en todo tiempo y orar” (ib. 36) y valerse del tiempo para progresar en el amor de Dios y del prójimo.

Iluminando este Evangelio nos dice, nos desea y nos exhorta san Pablo: “El Señor os acreciente y haga abundar en caridad de unos con otros y con todos… a fin de fortalecer vuestros corazones y haceros irreprensibles en la santidad… en la venida de nuestro Señor Jesús” (1 Ts 3, 12-13). La justicia y santidad que el Salvador ha venido a traer a la tierra, deben germinar y crecer en el corazón del cristiano y de él desbordarse sobre el mundo.

Iluminemos estos días de inmediata preparación a la Navidad de Cristo con la luz y con el calor de la esperanza. Esto es lo que os deseo a ustedes y a vuestros seres queridos. Lo pongo en manos de la materna intercesión de María, modelo y apoyo de nuestra esperanza.

Con mi bendición.
Padre José Medina

EVANGELIO DOMINICAL (audios): 1º Domingo de Adviento – Ciclo C

Adviento, ¿Quién y para qué viene? 

(Lucas 21,25-28.34-36)

martes, 24 de noviembre de 2015

IGLESIA HOY: El papa Francisco pide oraciones por su viaje al África

Ciudad del Vaticano (AICA): El papa Francisco pidió a los fieles lo acompañen con sus oraciones durante el viaje apostólico que realizará del 25 al 30 de noviembre a Kenia, Uganda y la República Centroafricana. Días atrás, la Santa Sede confirmó que el programa de la visita apostólica se mantiene pese a la escalada de violencia que se vive en algunas regiones de esos países.

Después de rezar el Ángelus en la Plaza de San Pedro, el papa Francisco pidió este domingo que los fieles lo acompañen con sus oraciones durante el viaje apostólico que realizará del 25 al 30 de noviembre a Kenia, Uganda y la República Centroafricana.

“Pido a todos ustedes rezar por este viaje, para que sea para todos estos hermanos, y también para mí, un signo de cercanía y de amor. Pidamos juntos a la Virgen bendecir a esta querida tierra, para que se consiga la paz y la prosperidad”, expresó el Santo Padre.

Este lunes, el Vaticano difundió dos videos del Santo Padre con mensajes a las poblaciones que visitará. En ambas grabaciones, una en inglés y otra en francés, aseguró que se dirige a la tierra africana como mensajero de paz y para promover “comprensión” y “respeto” sin distinción de credo o etnia.

Francisco adelantó que irá al continente “para proclamar el amor de Jesucristo y su mensaje de reconciliación, perdón y paz”, y recordó que el Evangelio pide “abrir nuestros corazones a los otros, especialmente a los pobres y a aquellos que lo necesitan”.

Además, afirmó que “desea encontrar a todas la población de Kenia y Uganda, y ofrecer a cada uno una palabra de aliento”. También consideró que los fieles de cada religión y las personas de buena voluntad deben promover la comprensión y el respeto.

En su mensaje a Kenia y Uganda, naciones en las que se habla el inglés, el Papa anticipa que los encuentros con los jóvenes serán momentos especiales de su estadía. Y en su segundo mensaje, dirigido a la población de la República Centroafricana, el Pontífice manifiesta la cercanía a todos los habitantes, sin distinción de etnia o de credo religioso.

El Papa espera de todo corazón que su visita “pueda contribuir a aliviar las heridas y a favorecer las condiciones para un futuro más sereno para Centroáfrica y todos sus habitantes”.

La agenda del Papa

Días atrás, la Santa Sede confirmó que el programa de la visita apostólica se mantiene pese a la escalada de violencia que se vive en algunas regiones de los países que el obispo de Roma planea visitar.

La gira comenzará por Kenia el miércoles 25 de noviembre, donde Francisco prevé un encuentro interreligioso y ecuménico, una misa en el campus de la universidad de Nairobi –en abril hubo allí un atentado-, una visita a un barrio pobre de la capital, un encuentro con los jóvenes y con los obispos, sacerdotes y religiosos.

La segunda etapa del viaje africano es Uganda. Además de la visita a las autoridades, el Papa se acercará al lugar donde fueron condenados a muerte los mártires ugandeses. El Papa acudirá también al santuario dedicado a ellos, después de celebrar misa, el sábado 28 de noviembre. Se reunirá con los jóvenes y luego se trasladará a la Casa de Caridad de Nalukolongo. Después tendrá una reunión privada con los obispos.

La última etapa del viaje es la República Centroafricana. A su llegada, Francisco visitará a la presidenta de transición, Catherine Samba-Panza, y después mantendrá un encuentro con el cuerpo diplomático y la clase dirigente, donde pronunciará un discurso en francés, idioma que utilizará por primera vez en un acto público.

A continuación, Francisco visitará un campo de refugiados. También se reunirá ese mismo día con los obispos, con las comunidades evangélicas, y celebrará la misa con sacerdotes, religiosos y seminaristas. En ese momento, el Santo Padre abrirá la puerta santa de la catedral de Bangui, como anticipo del Jubileo de la Misericordia. Francisco confesará a algunos jóvenes y abrirá una vigilia de oración. El lunes 30 de noviembre, último día, el Pontífice se reunirá con la comunidad musulmana en la mezquita central de Koudoukou, en Bangui, y celebrará misa en el estadio deportivo Barthélémy Boganda.

Acompañarán al Santo Padre en el viaje el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado; los cardenales Fernando Filoni, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, y Peter Turkson, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz. También participará un trabajador del Vaticano, en esta ocasión, una mujer oriunda de Burkina Faso, empleada de las tiendas de la gobernación.

El primer viaje de un Pontífice a África fue en 1969, precisamente el de Pablo VI a Uganda. El papa san Juan Pablo II, a lo largo de su pontificado, visitó 42 países africanos. Por su parte, Benedicto XVI visitó en 2009 Camerún y Angola y Benín en 2011.

domingo, 22 de noviembre de 2015

EVANGELIO DOMINICAL: Jesucristo es Rey, lo ha sido siempre, lo es ahora y lo será por siempre

Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo
Ciclo B
Evangelio: Juan 18, 33b-37

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: "¿Eres tú el rey de los judíos?" Jesús le contestó: "¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?" Pilato replicó: "¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?" Jesús le contestó:

"Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí." Pilato le dijo: "Conque, ¿tú eres rey?" Jesús le contestó: "Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz."

Palabra del Señor.


La solemnidad de hoy, Jesucristo, Rey del Universo, puesta al fin del año litúrgico, aparece como la síntesis de los misterios de Cristo conmemorados durante el año, y como el vértice desde donde brilla con mayor luminosidad su figura de Salvador y Señor de todas las cosas.

La solemnidad de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de Marzo de 1925, que quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey. Posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole un nuevo sentido. Al cerrar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y servicio. El Reino de Cristo es eterno y universal, es decir, para siempre y para todos los hombres.

En las dos primeras lecturas domina la idea de la majestad y la potestad regia de Cristo. La profecía de Daniel (7, 13-14) prevé su aparición “entre las nubes del cielo” (ib 13), fórmula tradicional que indica el retorno glorioso de Cristo al fin de los tiempos para juzgar al mundo. Pues “a él se le dio poder, honor y reino. Y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su poder es eterno, no cesará. Su reino no acabará” (ib 14). Dios -“el anciano” (ib 13)- lo ha constituido Señor de toda la creación confiriéndole un poder que rebasa los confines del tiempo.

Este concepto es corroborado en la segunda lectura (Ap 1, 5-8) con la famosa expresión: “Yo soy el Alfa y el Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso” (Ap 1, 8). Cristo-Verbo eterno es “el que es” y ha sido siempre, principio y fin de toda la creación; Cristo-Verbo encarnado es el que viene a salvar a los hombres, principio y fin de toda la redención, y es además el que vendrá un día a juzgar al mundo. “¡Mirad! El viene entre las nubes. Todo ojo lo verá; también los que le atravesaron. Todos los pueblos de la tierra se lamentarán por su causa” (ib 7).

De este modo a la visión grandiosa de Cristo Señor universal se une la de Cristo crucificado, y ésta reclama la consideración de su inmenso amor: “nos amó, nos ha liberado de nuestros pecados por su sangre” (ib 5). Rey y Señor, no ha escogido otro camino para librar a los hombres del pecado que lavarlos con su propia sangre. Sólo a ese precio los ha introducido en su reino, donde son admitidos no tanto como súbditos cuanto como hermanos y coherederos, como partícipes de su realeza y de su señorío sobre todas las cosas, para que con él, único Sacerdote, puedan ofrecer y consagrar a Dios toda la creación. “Nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre” (ib 6). Hasta ese punto ha querido Cristo Señor hacer partícipe al hombre de sus grandezas.

El Evangelio (Jn 18, 33b-37) presenta la realeza de Cristo en relación a su pasión y a la vez la contrapone a las realezas terrestres. Todo ello a base de la conversación entre Jesús y Pilato. Mientras que el Señor siempre se había sustraído a las multitudes que en los momentos de entusiasmo querían proclamarlo rey, ahora que está para ser condenado a muerte, confiesa su realeza sin reticencias. A la pregunta de Pilato: “Con que ¿tú eres rey?”, responde: “Tú lo dices: Soy Rey” (ib 37).

A Pilato le irrita la observación que le hace Cristo: “¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?”, ya que son los dirigentes judíos quienes le han entregado a Jesús, quienes no tenían en sí mismos la autoridad política para ejecutarlo y necesitaban de él para hacerlo.  Pero Jesús había declarado de antemano: “Mi reino no es de este mundo” (ib 36). La realeza de Cristo no está en función de un dominio temporal y político, sino de un señorío espiritual que consiste en anunciar la verdad y conducir a los hombres a la Verdad suprema, liberándolos de toda tiniebla de error y de pecado.

“Para esto he venido al mundo –dice Jesús- para ser testigo de la verdad” (ib 37). Jesús explica que su reino implica la verdad, una verdad que él debe predicar y enseñar. El texto dominical termina aquí, pero el relato evangélico sigue y también la conversación entre Cristo y Pilato. Éste le pregunta a Jesús qué es la verdad. Y no llega a averiguarlo porque no quiere oírlo y de ese modo, cae en la trampa que le habían tendido las autoridades religiosas.

Él es el “Testigo fiel” (cfr. Ap 1, 5-8)  de la verdad –o sea del misterio de Dios y de sus designios para la salvación del mundo-, que ha venido a revelar a los hombres y a testimoniar con el sacrificio de la vida. Por eso únicamente cuando está para encaminarse a la cruz, se declara Rey; y desde la cruz atraerá a todos a sí (Jn 12, 32).

Es impresionante como en Juan, el evangelista teólogo, -tanto en el Evangelio, en sus cartas, como en el Apocalipsis- el tema de la realeza de Cristo esté constantemente enlazado con el de su pasión. En realidad la cruz es el trono real de Cristo; desde la cruz extiende los brazos para estrechar a sí a todos los hombres y desde la cruz los gobierna con su amor. Para que Cristo reine sobre nosotros, hay que dejarse atraer y vencer por ese amor.

Con mi bendición.
Padre José Medina

JESÚS (audios): Cristo Rey – Ciclo B

“Jesucristo, Rey del Universo” (Jn 18,33b-37) 



sábado, 21 de noviembre de 2015

VIRGEN MARÍA (audios): La Presentación de la Santísima Virgen (21 de noviembre)




Santa Madre María, tú que desde temprana edad te consagraste al Dios Altísimo, aceptando desde una libertad poseída el servirle plenamente como templo inmaculado, tú que confiando en tus santos padres, San Joaquín y Santa Ana, respondiste con una obediencia amorosa al llamado de Dios Padre, tú que ya desde ese momento en el que tus padres te presentaron en el Templo percibiste en tu interior el profundo designio de Dios Amor; enséñanos Madre Santísima a ser valientes seguidores de tu Hijo, anunciándolo en cada momento de nuestra vida desde una generosa y firme respuesta al Plan de Dios. Amén.

jueves, 19 de noviembre de 2015

NUESTRA SEÑORA DE LA SALETA (audios): Breve historia de la Virgen de la Saleta



Homilía del Padre José Medina, del lunes 19 de octubre de 2015, en la Santa Misa Votiva de Nuestra Señora de la Saleta, en la Parroquia Nuestra Señora de la Saleta, Plaza del Brasil, s/n, Alcorcón, Madrid, España.


Foto de los dos jóvenes pastores Melania Calvat, de 14 años, y Maximino Giraud, de 11 años, quienes fueron los videntes de la Virgen de la Saleta, el sábado 19 de septiembre de 1846.

CATEQUESIS DEL PAPA: “En el umbral de la misericordia de Dios que nunca se cansa de perdonar”


Catequesis del papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 18 de noviembre de 2015 en la Plaza de San Pedro


"Queridos hermanos y hermanas, buenos días

Con esta reflexión hemos llegado a la puerta del Jubileo, ¡está cerca! Delante de nosotros se encuentra la gran puerta de la Misericordia de Dios, una bonita puerta, que acoge nuestro arrepentimiento ofreciendo la gracia de su perdón. La puerta está generalmente abierta, pero nosotros debemos cruzar el umbral con valentía, cada uno de nosotros tiene detrás de sí cosas que pesan ¿o no? Todos somos pecadores, aprovechemos este momento que viene y crucemos el umbral de esta misericordia de Dios que nunca se cansa de perdonar, ¡entremos por esta puerta con valentía!

Del Sínodo de los obispos, que hemos celebrado el pasado mes de octubre, todas las familias, y toda la Iglesia, han recibido un gran estímulo para encontrarse en el umbral de esta puerta.

La Iglesia ha sido animada a abrir sus puertas, para salir con el Señor al encuentro de los hijos y las hijas en camino, a veces incierto, a veces perdidos, en estos tiempos difíciles. Las familias cristianas, en particular, han sido animadas a abrir la puerta al Señor que espera para entrar, llevando su bendición y su amistad. Y si la puerta Misericordia de Dios está siempre abierta, también las puertas de nuestras instituciones debe estar siempre abiertas para que así todos puedan salir a llevar la misericordia de Dios, esto significa el Jubileo, dejar entrar y salir al Señor. El Señor no fuerza nunca la puerta: también Él pide permiso para entrar, pide permiso, no fuerza la puerta, como dice el Libro del Apocalipsis: “Yo estoy a la puerta y llamo -imaginemos al Señor que llama a la puerta de nuestros corazón-. Si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos”  (3,20). 

Y en la última gran visión de este Libro, así se profetiza de la Ciudad de Dios: “Sus puertas no se cerrarán durante el día”, lo que significa para siempre, porque “no existirá la noche en ella” (21, 25). Hay sitios en el mundo en los que no se cierran las puertas con llave. Todavía los hay, pero hay muchos donde las puertas blindadas son normales. No debemos rendirnos a la idea de tener que aplicar este sistema que, también de seguridad, a toda  nuestra vida, a la vida de la familia, de la ciudad, de la sociedad. Y tampoco a la vida de la Iglesia. ¡Sería terrible! Una Iglesia que no es hospital, así como una familia cerrada en sí misma, mortifica el Evangelio y marchita al mundo. ¡Nada de puertas blindadas en la Iglesia, nada, todo abierto!

La gestión simbólica de las “puertas” -de los umbrales, de los caminos, de las fronteras- se ha hecho crucial. La puerta debe custodiar, cierto, pero rechazar. La puerta no debe ser forzada, al contrario, se pide permiso, porque la hospitalidad resplandece en la libertad de la acogida, y se oscurece en la prepotencia de la invasión. La puerta se abre frecuentemente, para ver si afuera hay alguien que espera, y tal vez no tiene la valentía, o ni siquiera la fuerza de tocar. ¡Cuánta gente ha perdido la confianza, no tiene la valentía de llamar a la puerta de nuestro corazón cristiano, las puertas de nuestras iglesias, que están ahí! No tienen la valentía, les hemos quitado la confianza. Por favor, que esto no sucede nunca.

La puerta dice muchas cosas de la casa, y también de la Iglesia. La gestión de la puerta necesita atento discernimiento y, al mismo tiempo, debe inspirar gran confianza. Quisiera expresar una palabra de agradecimiento para todos los vigilantes de las puertas: de nuestros edificios, de las instituciones cívicas, de las mismas iglesias. Muchas veces la sagacidad y la gentileza de la recepción son capaces de ofrecer una imagen de humanidad y de acogida de la entera casa, ya desde la entrada. ¡Hay que aprender de estos hombres y mujeres, que son los guardianes de los lugares de encuentro y de acogida de ciudad del hombre!

A todos vosotros, custodios de tantas puertas, sean puertas de casas o puertas de iglesias, muchas gracias. Siempre con una sonrisa. Siempre mostrando la acogida de esa casa, de esa iglesia, así la gente se siente feliz y acogida en ese lugar.

En verdad, sabemos bien que nosotros mismos somos los custodios y los siervos de la Puerta de Dios, y la puerta de Dios, ¿cómo se llama? ¿Quién sabe decirlo? ¿Quién es la puerta de Dios? Jesús. ¿Quién es la puerta de Dios? ¡Fuerte! Jesús. Él nos ilumina en todas las puertas de la vida, incluso aquella de nuestro nacimiento y de nuestra muerte. Él mismo ha afirmado: “Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento” (Jn 10, 9).

Jesús es la puerta que nos hace entrar y salir. ¡Porque el rebaño de Dios es un amparo, no una prisión! La casa de Dios es un amparo, no es una prisión. Y la puerta ¿se llama? ¡Otra vez! ¿Cómo se llama? Jesús.  Y si la puerta está cerrada decimos, ‘Señor abre la puerta’. Jesús es la puerta. Jesús es la puerta y nos hace entrar y salir.

Son los ladrones los que tratan de evitar la puerta. Es curioso, los ladrones tratan siempre de entrar por otra parte, la ventana, el techo, pero evitan la puerta porque tienen malas intenciones, y se meten en el rebaño para engañar a las ovejas y aprovecharse de ellas.

Nosotros debemos pasar por la puerta y escuchar la voz de Jesús: si sentimos su tono de voz, estamos seguros, somos salvados. Podemos entrar sin temor y salir sin peligro. En este hermoso discurso de Jesús, se habla también del guardián, que tiene la tarea de abrir al buen Pastor (Cfr. Jn 10,2).

Si el guardián escucha la voz del Pastor, entonces abre, y hace entrar a todas las ovejas que el Pastor trae, todas, incluso aquellas perdidas en el bosque, que el buen Pastor ha ido a buscarlas. A las ovejas no las elige el guardián, no las elige el secretario parroquial, o la secretaria de la parroquia, no, no las elige. Las ovejas son todas invitadas. Son elegidas por el buen Pastor.  El guardián -también él- obedece a la voz del Pastor. Entonces, podemos bien decir que nosotros debemos ser como este guardián. La Iglesia es la portera de la casa del Señor, la Iglesia es la portera, no es la dueña de la casa del Señor.

La Sagrada Familia de Nazaret sabe bien qué cosa significa una puerta abierta o cerrada, para quien espera un hijo, para quien no tiene amparo, para quien huye del peligro. Las familias cristianas hagan del umbral de sus casas un pequeño gran signo de la Puerta de la misericordia y de la acogida de Dios. Es así que la Iglesia deberá ser reconocida, en cada rincón de la tierra: como la custodia de un Dios que toca, como la acogida de un Dios que no te cierra la puerta en la cara, con la excusa que no eres de casa.

Con este espíritu estamos cerca, estamos todos cerca del Jubileo. Estará la Puerta Santa, pero está también la puerta de la gran Misericordia de Dios, y que exista también la puerta de nuestro corazón para recibir a todos, tanto para recibir el perdón de Dios como dar nuestro perdón y acoger a todos los que llaman a nuestra puerta".

miércoles, 18 de noviembre de 2015

SANTORAL (audios): Dedicación de las Basílicas de San Pedro y San Pablo (18 de noviembre)




Oración

Defiende a tu Iglesia, Señor, con la protección de los apóstoles y, pues ha recibido por ellos el primer anuncio del Evangelio, reciba también, por su intercesión, aumento de gracia hasta el fin de los tiempos. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

lunes, 16 de noviembre de 2015

PAPA FRANCISCO: “Utilizar el Nombre de Dios para justificar la violencia y el odio es una blasfemia”

"El camino del odio y la violencia no resuelve los problemas de la humanidad"

(News.va Español) Queridos amigos, estas fueron las palabras que el Papa Francisco pronunció ayer después de rezar el Ángelus con los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro:

"Queridos hermanos y hermanas, deseo expresar mi dolor por los ataques terroristas que en la noche del viernes han ensangrentado Francia, causando numerosas víctimas.

Expreso mis más fraternas condolencias al Presidente de la República Francesa y a todos los ciudadanos. Estoy especialmente cerca de los familiares de todos aquellos que han perdido la vida, y de los heridos.

Tanta barbarie nos deja consternados y nos hace preguntarnos cómo el corazón del hombre puede idear y realizar actos tan horribles, que han convulsionado no solamente Francia, sino también el mundo entero.

Ante tales hechos, no se puede no condenar la incalificable afrenta a la dignidad de la persona humana. Deseo volver a afirmar con vigor que ¡el camino de la violencia y del odio no resuelve los problemas de la humanidad! Y que utilizar el nombre de Dios para justificar este camino ¡es una blasfemia!

Les invito a unirse a mi oración: confiemos las víctimas indefensas de esta tragedia a la misericordia de Dios.

Que la Virgen María, Madre de la misericordia, suscite en los corazones de todos pensamientos de sabiduría y propósitos de paz. Pidámosle a ella que proteja y vele sobre la querida Nación francesa, la primera hija de la Iglesia, sobre Europa y sobre el mundo entero. Todos juntos recemos un momento en silencio, y después, juntos, el Ave María.

Ave María…"

domingo, 15 de noviembre de 2015

EVANGELIO DOMINICAL - ¿Otra vez con el fin del mundo? Sí otra vez, y bendito sea Dios

33º Domingo durante el año
Ciclo B
Evangelio: Marcos 13, 24-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En aquellos días, después de la tribulación aquella, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y los astros estarán cayendo del cielo, y las fuerzas que hay en los cielos serán sacudidas. Entonces, verán al Hijo del hombre viniendo en las nubes con gran poder y gloria. Y entonces enviará a los ángeles, y congregará a sus elegidos de los cuatro vientos, desde la extremidad de la tierra hasta la extremidad del cielo.

»De la higuera aprended la semejanza: cuando ya sus ramas se ponen tiernas, y brotan las hojas, conocéis que el verano está cerca; así también, cuando veáis suceder todo esto, sabed que Él está cerca, a las puertas. En verdad, os digo, la generación ésta no pasará sin que todas estas cosas se hayan efectuado. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Mas en cuanto al día y la hora, nadie sabe, ni los mismos ángeles del cielo, ni el Hijo, sino el Padre».

Palabra del Señor.


Estando el año litúrgico para terminar, la liturgia dominical invita a los fieles a meditar sobre le fin del tiempo que, coincidirá con la parusía, el retorno glorioso de Cristo, y la restauración en él de todas las cosas. El gran acontecimiento escatológico es ilustrado por las lecturas de la Santa Misa de hoy, en especial por la profecía de Daniel (12, 1-3) y por el Evangelio (Mc. 13, 24-32).

Estos textos pueden ser considerados como paralelos, por más que en el evangelio está todo iluminado por una luz nueva proveniente de la perspectiva escatológica. Ambos anuncian una época de grandes sufrimientos que señalará el fin del mundo actual: “Serán tiempos difíciles como no los ha habido”, dice Daniel (12, 1); “aquellos días habrá una tribulación como no la hubo igual desde el principio de la creación” (Mc, 19. 24), confirma el Evangelio.

Es verdad que la profecía de Daniel como la de Jesús se refiere también a hechos históricos inminentes (la persecución de los judíos por parte de los reyes paganos y la destrucción de Jerusalén), pero en sentido pleno se refieren al fin de los tiempos. Las pruebas y los sufrimientos de aquella hora serán la última llamada a conversión a los pecadores y la última purificación de los elegidos. Cuándo y cómo sucederá esto, es inútil indagarlo; es secreto de Dios. Importa más reflexionar que desde la muerte y resurrección de Cristo en adelante toda la historia está orientada a la parusía y, por ello, debe servir de preparación a la vuelta gloriosa del Señor.

Las vicisitudes y tribulaciones de hoy como las de mañana, bien de los individuos bien de los pueblos, tienen como único objeto disponer a los hombres para la venida final de Cristo y para su glorificación en él: “Entonces –dice el profeta- se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro (de la vida)” (Dn 12, 1), o sea los contados entre los elegidos. La liberación será plena, participando también en ella la materia por la resurrección de los cuerpos. Pues los justos resucitarán “para vida perpetua” y “brillarán como estrellas por toda la eternidad” (ib 2, 3). Bella distinción que prevé la gloria particular reservada a la Iglesia, a los discípulos fieles del Señor Jesús. Pero estará también la contrapartida: cuantos hayan resistido a la gracia resucitarán “para ignominia perpetua”, consumándose así la ruina que ellos quisieron con su obstinada oposición a Dios.

Otro punto de contacto de ambos textos es la intervención de los ángeles a favor de los elegidos. Daniel habla de Miguel, el arcángel que vela por el pueblo de Dios; el Evangelio, de ángeles en general, que estarán encargados de “reunir a sus elegidos a los cuatro vientos, del extremo de la tierra al extremo del cielo” (Mc 13, 27). Ninguno será dejado; todos –ángeles y hombres- serán convocados para el retorno glorioso del Salvador. “Entonces verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes con gran poder y majestad” (ib 26). Cristo, que vino por vez primera al mundo en humildad, reserva y dolor para redimirlo del pecado, volverá al fin de los siglos en todo el esplendor de su gloria a recoger los frutos de su obra redentora.

Se comprende así como la Iglesia primitiva, enamorada de Cristo y deseosa de volver a ver su rostro glorioso, esperase con ansia la parusía: “Ven, Señor Jesús” (Ap 21, 20) era la invocación ardiente de los primeros cristianos que vivían con el corazón vuelto a él como si estuviese ya a la puerta. Esa misma debe ser la actitud de quien ha comprendido el sentido profundo de la vida cristiana: una espera de Cristo, un caminar hacia él con la lámpara de la fe y el amor encendida.

Con mi bendición.
Padre José Medina

EVANGELIO DOMINICAL (audios): 33º Domingo Tiempo Ordinario – Ciclo B

“La venida del hijo del hombre” (Mc 13, 24-32)

jueves, 12 de noviembre de 2015

CATEQUESIS DEL PAPA: “Que las familias en la mesa dialoguen, no se mire televisión y no se use el móvil”



Catequesis del papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 11 de noviembre de 2015 en la Plaza de San Pedro.


Catequesis sobre la familia


"Queridos hermanos y hermanas, buenos días

Hoy reflexionamos sobre una cualidad característica de la vida familiar que se aprende desde los primeros años de vida: la convivialidad, es decir, la actitud de compartir los bienes de la vida y a estar felices de poder hacerlo. Pero compartir, saber compartir es una virtud preciosa. Su símbolo, su “icono”, es la familia reunida en torno a la mesa doméstica. El compartir la comida --y por tanto, además de la comida también los afectos, las historias, los eventos…-- es una experiencia fundamental. Cuando hay una fiesta, un cumpleaños, un aniversario, nos reunimos en torno a la mesa. El algunas culturas es costumbre hacerlo también para el luto, para estar cerca de quien vive el dolor por la pérdida de un familiar.

La convivialidad es un termómetro seguro para medir la salud de las relaciones: si en familia hay algo que no va bien o alguna herida escondida, en la mesa se entiende todo. Una familia que no come casi nunca junta, o en cuya mesa no se habla si no que se ve la televisión, o el smartphone, es una familia “poco familia”. Cuando los hijos en la mesa están pegados al ordenador, al móvil y no se escuchan entre ellos esto no es familia, es una pensión.

El Cristianismo tiene una especial vocación a la convivialidad, todos lo saben. El Señor Jesús enseñaba con gusto en la mesa, y presentaba algunas veces el reino de Dios como un banquete festivo. Jesús escogió la mesa también para entregar a sus discípulos su testamento espiritual, condensado en el gesto memorial de su Sacrificio: donación de su Cuerpo y de su Sangre como alimento y bebida de salvación, que nutren el amor verdadero y duradero.

En esta perspectiva, podemos decir que la familia es “de casa” a la misa, porque a la eucaristía lleva la propia experiencia de convivencia y la abre a la gracia de una convivialidad universal, del amor de Dios por el mundo. Participando en la eucaristía, la familia es purificada de la tentación de cerrarse en sí misma, fortalecida en el amor y en la fidelidad, y ensancha los confines de su propia fraternidad según el corazón de Cristo.

En nuestro tiempo, marcado por tantos cierres y demasiados muros, la convivialidad, generada por la familia y dilatada en la eucaristía, se convierte en una oportunidad crucial. La eucaristía y la familia que se nutren de ella pueden vencer los cierres y construir puentes de acogida y de caridad. Sí, la eucaristía de una Iglesia de familias, capaces de restituir a la comunidad la levadura activa de la convivialidad y de hospitalidad recíproca, es una escuela de inclusión humana que no teme confrontaciones. No existen pequeños, huérfanos, débiles, indefensos, heridos y desilusionados, desesperados y abandonados, que la convivialidad eucarística de las familias no pueda nutrir, restaurar, proteger y hospedar.

La memoria de las virtudes familiares nos ayuda a entender. Nosotros mismos hemos conocido, y todavía conocemos, qué milagros pueden suceder cuando una madre tiene una mirada de atención, servicio y cuidado por los hijos ajenos, además que a los propios. ¡Hasta ayer, bastaba una mamá para todos los niños del patio! Y además sabemos bien qué fuerza adquiere un pueblo cuyos padres están preparados para movilizarse para proteger a sus hijos de todos, porque consideran a los hijos un bien indivisible, que están felices y orgullosos de proteger.

Hoy, muchos contextos sociales ponen obstáculos a la convivialidad familiar. Es verdad, hoy no es fácil. Debemos encontrar la forma de recuperarla. En la mesa se habla. En la mesa se escucha. Nada silencio. Ese silencio que no es silencio de las monjas. Es el silencio del egoísmo. Cada uno a lo suyo, o a la televisión, o al ordenador y no se habla. Nada de silencio. Recuperar esa convivialidad familiar, aun adaptándola a los tiempos.

La convivialidad parece que se ha convertido en una cosa que se compra y se vende, pero así es otra cosa. Y la nutrición no es siempre el símbolo de un justo compartir de los bienes, capaz de alcanzar a quien no tiene ni pan ni afectos. En los países ricos somos impulsados a gastar en una nutrición excesiva, y luego gastamos de nuevo para remediar el exceso. Y este “negocio” insensato desvía nuestra atención del hambre verdadera, del cuerpo y del alma. Cuando no hay convivialidad hay egoísmo. Cada uno piensa en sí mismo. Es tanto así que la publicidad la ha reducido a un deseo de galletas y dulces. Mientras tanto, muchos hermanos y hermanas se quedan fuera de la mesa. ¡Es una vergüenza!

Miremos el misterio del banquete eucarístico. El Señor entrega su Cuerpo y derrama su Sangre por todos. Realmente no existe división que pueda resistir a este Sacrificio de comunión; solo la actitud de falsedad, de complicidad con el mal puede excluir de ello. Cualquier otra distancia no puede resistir al poder indefenso de este pan partido y de este vino derramado, sacramento del único Cuerpo del Señor. La alianza viva y vital de las familias cristianas, que precede, sostiene y abraza en el dinamismo de su hospitalidad las fatigas y las alegrías cotidianas, coopera con la gracia de la eucaristía, que es capaz de crear comunión siempre nueva con la fuerza que incluye y que salva.

La familia cristiana mostrará precisamente así la amplitud de su verdadero horizonte, que es el horizonte de la Iglesia Madre de todos los hombres, de todos los abandonados y los excluidos, en todos los pueblos. Oremos para que esta convivialidad familiar pueda crecer y madurar en el tiempo de gracia del próximo Jubileo de la Misericordia".

martes, 10 de noviembre de 2015

SANTORAL (audios): San León Magno (10 de noviembre)




Oración:

Oh Dios, tú que no permites que el poder del infierno derrote a tu Iglesia, fundada sobre la firmeza de la roca apostólica, concédele, por los ruegos del papa san León Magno, permanecer siempre firme en la verdad, para que goce de una paz duradera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 9 de noviembre de 2015

SANTORAL (audios): Dedicación de la Basílica de Letrán (9 de noviembre)




Oración

Señor, tú que con piedras vivas y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los dones que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo como cuerpo de Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén.

domingo, 8 de noviembre de 2015

EVANGELIO DOMINICAL: La limosna cristiana no es verdadera, si no es donación de sí

32º Domingo durante el año
Ciclo B
Evangelio: Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, dijo Jesús a las gentes en su predicación: «Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa».

Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: «Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. Pues todos han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir».

Palabra del Señor.


De las lecturas de la Santa Misa de hoy emergen dos figuras femeninas, dos viudas pobres, notables por su fe y generosidad. La primera (1º lectura: 1 Re 17, 10-16) es una mujer de Sarepta de buena posición, pero reducida a la miseria por la sequía y el hambre. Con todo, a la demanda del profeta Elías no sólo le da agua para beber, sino hasta el pan que había hecho con el último puñado de harina que le quedaba y que estaba destinado para ella y para su hijo. “Nos lo comeremos y luego moriremos” (ib 12), había dicho la mujer expresando su dramática situación.

A pesar de ser pagana, demuestra una fe sorprendente en la palabra del profeta que le asegura de parte de Dios en Israel: “La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra” (ib 14). Bajo esta promesa cede su pan. Un pan no es gran cosa, pero es mucho, o mejor, lo es todo cuando es el único sustento; para darlo entonces a otro hace falta una generosidad nada común.

Nosotros vamos a detenernos en la figura presentada por Jesús en el Evangelio (Mc 12, 38-44), porque en él contrapone el comportamiento de los maestros religiosos y de los ricos frente al de una pobre viuda. Jesús fue sorprendido por un gesto de inmensa generosidad mientras observaba a la gente que echaba dinero en el tesoro del templo.  Entre los ricos que “echaban en cantidad”, se esconde una viuda que deja caer “dos moneditas” (ib 42).

En términos económicos, su limosna es mínima, insignificante en comparación con el dinero que dan los ricos. Pero a los ojos de Dios, su donativo es mucho más valioso que ningún otro. Nadie la nota, pero Jesús mostrándola a los discípulos les dice: “Esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir” (ib 43-44).
Jesús explicó por qué era tan precioso para Dios su donativo. Los ricos daban de su ‘superavit’: todavía les quedaba mucho para satisfacer sus propias necesidades. La viuda echó “todo lo que tenía” (ib 44). No le quedaba nada, ni para comida ni para ninguna otra cosa. Su donativo significaba un sacrificio muchísimo mayor que los que ofrecían los ricos.

Dios no mira la cuantía del don, sino el corazón y la situación del que da. La viuda que por amor suyo se priva de todo lo que tiene, da mucho más que los ricos que ofrecen grandes sumas sin sustraer nada a su comodidad. Su gesto no tiene explicación sin una fe inmensa, mayo aún que la de la mujer de Sarepta (cfr. 1 Re 17, 10-16), porque no se apoya en la promesa de un profeta, sino únicamente en Dios y obra sin más móvil que el de servirle con todo el corazón.

Tal conducta está en contraste estridente con la de los escribas y doctores de la ley, que Jesús había condenado poco antes: “Devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos” (ib 40). Ellos habían hecho de la religión un pedestal para sus ambiciones y un lugar de tutelar la causa de los débiles e indefensos, reaprovechaban de sus bienes. Buen punto de reflexión. Si el hombre no es profundamente recto y sincero, puede llegar a servirse de la religión para sus bienes egoístas.

Marcos utiliza esta historia para resaltar el comportamiento de los maestros religiosos. La misma legislación religiosa regulaba todos y cada uno de los aspectos de la vida judía. Aquellos maestros tenían gran poder cuando enseñaban a la gente corriente a vivir según las Escrituras, especialmente en lo que se refería a cuestiones legales procedentes, por ejemplo, del Levítico y del Deuteronomio. Estaban satisfechos de su propia importancia y abusaban de su poder. Jesús pone en relieve su hipocresía describiendo con una sola frase cómo se aprovechaban de las viudas, robándoles sus herencias al mismo tiempo que aparentaban piedad recitando largas oraciones.

La verdadera religión es servir a Dios con pureza de corazón y honrarlo “en espíritu y en verdad” (Jn 4, 24), acompañando la plegaria con el don de sí mismo hasta consumir por él la última moneda. Es también servir a Dios en el prójimo con una caridad que no calcula lo que da a base de lo que le sobra, sino de la necesidad del otro. La limosna no es cristiana si no es donación de sí, y el don de sí es imposible sin sacrificio, sin renuncia, sin privarse de algo.

Caridad cristiana es llorar con el que llora (Rm 12, 15), es participar en las condiciones del pobre, compartir sus privaciones y, en un caso extremo, hasta su misma hambre. Así lo hizo la viuda de Sarepta ofreciendo su último pan, y así lo hizo la viuda judía entregando todo su haber.

Pero el modelo supremo será siempre Jesús, el cual vino al mundo para dar la vida a los hombres, “para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo” (Hb 9, 24-28). El cristiano salvado por este sacrificio debe participar en él con la entrega de sí mismo para la salvación temporal y eterna de los hermanos. Por nosotros lo dio todo y lo ganó todo para nosotros. Por eso debemos ser generosos como él en nuestra entrega propia.

Con mi bendición.

Padre José Medina

EVANGELIO DOMINICAL (audios): 32º Domingo Tiempo Ordinario – Ciclo B

“El óbolo de la viuda”  (Mc 12, 38-44) 

jueves, 5 de noviembre de 2015

INTENCIONES DEL PAPA: Mes de NOVIEMBRE de 2015

Queridos amigos y hermanos del blog: el Santo Padre Francisco indica para cada año y para cada mes, cuales son las intenciones generales y misioneras de la Iglesia en todo el mundo, por las que quiere que se ore. Éstas intenciones las confía al Apostolado de la Oración, quienes propagan en el mundo entero la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a fin de que éste las difunda con la mayor amplitud posible. Les comparto ahora las intenciones para este mes de noviembre de 2015 con una síntesis del comentario que ofrece el P. Frederic Fornos, S.J., Director General Delegado del Apostolado de la Oración.


La INTENCIÓN UNIVERSAL para NOVIEMBRE 2015 es: “Para que nos abramos al encuentro personal y al diálogo con todos, también con quienes piensan distinto de nosotros”.

COMENTARIO PASTORAL: El diálogo se construye con humildad, incluso a costa de «tragar quina», porque es necesario evitar que en nuestro corazón se levanten «muros» de resentimiento y odio. Lo dijo el Papa Francisco en la misa que celebró el viernes 24 de enero.

El punto central de la homilía fue el pasaje del primer libro de Samuel (24, 321), que narra el enfrentamiento entre Saúl y David. «Ayer —recordó el Papa— escuchamos la Palabra de Dios» que «nos hacía ver lo que hacen los celos, lo que hace la envidia en las familias y en las comunidades cristianas». Son actitudes negativas que «llevan siempre a muchas peleas, a muchas divisiones, incluso al odio».

Pero «hoy la Palabra de Dios —prosiguió el Papa— nos muestra otra actitud: la de David», quien «sabía muy bien» que se encontraba «en peligro; sabía que el rey quería matarlo. Y se encontró precisamente en la situación de poder matar al rey, y así se terminaba la historia». Sin embargo, «eligió otro camino», prefirió «el camino del acercamiento, de la aclaración de la situación, de la explicación. El camino del diálogo para hacer las paces».

En cambio, el rey Saúl «rumiaba en su corazón estas amarguras», insultaba «a David porque creía que era su enemigo. Y ésta aumentaba en su corazón». Por desgracia, afirmó el Papa, «esas fantasías aumentan siempre cuando las escuchamos dentro de nosotros. Y levantan un muro que nos aleja de la otra persona». Así terminamos por quedar «aislados en este caldo amargo de nuestro resentimiento».

He aquí que David, «con la inspiración del Señor», rompe ese mecanismo de odio «y dice no, yo quiero dialogar contigo». Es así, explicó el Pontífice, como «comienza el camino de la paz: con el diálogo». Pero, advirtió, «dialogar no es fácil, es difícil». De todos modos, sólo «con el diálogo se construyen puentes en la relación, y no muros, que nos alejan».

«Para dialogar —precisó el Papa— es necesaria, ante todo, la humildad». Lo demuestra el ejemplo de «David, humilde, que dijo al rey: mira, habría podido matarte; habría podido hacerlo, pero no quise. Quiero estar cerca de ti, porque tú eres la autoridad, eres el ungido del Señor». David realiza «un acto de humildad».

Por lo tanto, para dialogar no hay necesidad de alzar la voz, «sino que es necesaria la mansedumbre». Y, además, «es necesario pensar que la otra persona tiene algo más que yo», tal como hizo David, quien, mirando a Saúl, se decía a sí mismo: «él es el ungido del Señor, es más importante que yo». Junto «con la humildad y la mansedumbre, para dialogar —añadió el Pontífice— es necesario hacer lo que hemos pedido hoy en la oración, al comienzo de la misa: hacerse todo a todos».

«Humildad, mansedumbre, hacerse todo a todos» son los tres elementos básicos para el diálogo. Pero aunque «no esté escrito en la Biblia —puntualizó el Santo Padre—, todos sabemos que para hacer estas cosas es necesario tragar mucha quina; debemos hacerlo, porque las paces se hacen así».

Las paces se hacen «con humildad, con humillación», siempre tratando de «ver en el otro la imagen de Dios». Así muchos problemas encuentran solución, «con el diálogo en la familia, en las comunidades, en los barrios». Se requiere disponibilidad para reconocer ante el otro: «escucha, disculpa, creía esto…». La actitud justa es «humillarse: es siempre bueno construir un puente, siempre, siempre». Este es el estilo de quien quiere «ser cristiano», aunque —admitió el Papa— «no es fácil, no es fácil». Sin embargo, «Jesús lo hizo, se humilló hasta el fin, nos mostró el camino».

El Pontífice dio luego otro consejo práctico: para abrirse al diálogo «es necesario que no pase mucho tiempo». En efecto, hay que afrontar los problemas «lo antes posible, en el momento en que se puede hacer, cuando ha pasado la tormenta». Inmediatamente hay que «acercarse al diálogo, porque el tiempo hace crecer el muro», tal «como crece la hierba mala, que impide el crecimiento del trigo». Y puso en guardia: «cuando crecen los muros, es mucho más difícil la reconciliación, mucho más difícil». El obispo de Roma hizo referencia al muro de Berlín, que durante muchos años fue un elemento de división. Y observó que «también en nuestro corazón existe la posibilidad de convertirnos como Berlín, con un muro levantado frente a los demás. De ahí la invitación a «no dejar que pase mucho tiempo» y «buscar la paz lo antes posible».

En particular, el Papa hizo referencia a los esposos: «es normal que os peleéis, es normal». Y viendo la sonrisa de algunas parejas presentes en la misa, reafirmó que «en un matrimonio se pelea, algunas veces incluso vuelan los platos». Pero «jamás debe terminar la jornada —aconsejó—, sin hacer las paces, sin el diálogo que algunas veces es solamente un gesto», un decirse «hasta mañana».

«Tengo miedo de estos muros —afirmó el Papa— que se elevan cada día y favorecen los resentimientos. También el odio». E indicó de nuevo la elección del «joven David: podía vengarse perfectamente», podía matar al rey, pero «eligió el camino del diálogo con humildad, con mansedumbre, de la dulzura». Y, en conclusión, pidió «a san Francisco de Sales, doctor en dulzura», que nos conceda «a todos nosotros la gracia de construir puentes con los demás, jamás muros».

Francisco
Misas matutinas en la Capilla de la Domus Sanctae Martahe
24 de enero de 2014

La INTENCIÓN POR LA EVANGELIZACIÓN para NOVIEMBRE 2015 es: “Para que los pastores de la Iglesia, con profundo amor por su rebaño, acompañen su camino y animen su esperanza”.

COMENTARIO PASTORAL: En este sentido, es necesario que, como Pastores, nos planteemos interrogantes que hacen a la marcha de las Iglesias que presidimos. Estas preguntas sirven de guía para examinar el estado de las diócesis en la asunción del espíritu de Aparecida y son preguntas que conviene nos hagamos frecuentemente como examen de conciencia.

1. ¿Procuramos que nuestro trabajo y el de nuestros Presbíteros sea más pastoral que administrativo? ¿Quién es el principal beneficiario de la labor eclesial, la Iglesia como organización o el Pueblo de Dios en su totalidad?

2. ¿Superamos la tentación de atender de manera reactiva los complejos problemas que surgen? ¿Creamos un hábito proactivo? ¿Promovemos espacios y ocasiones para manifestar la misericordia de Dios? ¿Somos conscientes de la responsabilidad de replantear las actitudes pastorales y el funcionamiento de las estructuras eclesiales, buscando el bien de los fieles y de la sociedad?

3. En la práctica, ¿hacemos partícipes de la Misión a los fieles laicos? ¿Ofrecemos la Palabra de Dios y los Sacramentos con la clara conciencia y convicción de que el Espíritu se manifiesta en ellos?

4. ¿Es un criterio habitual el discernimiento pastoral, sirviéndonos de los Consejos Diocesanos? Estos Consejos y los Parroquiales de Pastoral y de Asuntos Económicos ¿son espacios reales para la participación laical en la consulta, organización y planificación pastoral? El buen funcionamiento de los Consejos es determinante. Creo que estamos muy atrasados en esto.

5. Los Pastores, Obispos y Presbíteros, ¿tenemos conciencia y convicción de la misión de los fieles y les damos la libertad para que vayan discerniendo, conforme a su proceso de discípulos, la misión que el Señor les confía? ¿Los apoyamos y acompañamos, superando cualquier tentación de manipulación o sometimiento indebido? ¿Estamos siempre abiertos para dejarnos interpelar en la búsqueda del bien de la Iglesia y su Misión en el mundo?

6. Los agentes de pastoral y los fieles en general ¿se sienten parte de la Iglesia, se identifican con ella y la acercan a los bautizados distantes y alejados?

Como se puede apreciar aquí están en juego actitudes. La Conversión Pastoral atañe principalmente a las actitudes y a una reforma de vida. Un cambio de actitudes necesariamente es dinámico: “entra en proceso” y sólo se lo puede contener acompañándolo y discerniendo. Es importante tener siempre presente que la brújula, para no perderse en este camino, es la de la identidad católica concebida como pertenencia eclesial.

Francisco
Encuentro con el Comité de Coordinación del Celam
28 de julio de 2013