martes, 6 de diciembre de 2016

INTENCIONES DEL PAPA: Mes de DICIEMBRE de 2016

Queridos amigos y hermanos del blog: el Santo Padre Francisco indica para cada año y para cada mes, cuales son las intenciones generales y misioneras de la Iglesia en todo el mundo, por las que quiere que se ore. Éstas intenciones las confía al Apostolado de la Oración, quienes propagan en el mundo entero la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a fin de que éste las difunda con la mayor amplitud posible. Les comparto ahora las intenciones para este mes de diciembre de 2016 con una síntesis del comentario que ofrece el P. Frederic Fornos, S.J., Director General Delegado del Apostolado de la Oración.


La INTENCIÓN UNIVERSAL para DICIEMBRE 2016 es:

“Para que en ninguna parte del mundo existan niños soldados”.

COMENTARIO PASTORAL:

El Niño Jesús, nacido en Belén, es el signo que Dios dio a los que esperaban la salvación, y permanece para siempre como signo de la ternura de Dios y de su presencia en el mundo. El ángel dijo a los pastores: «Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño…».

También hoy los niños son un signo. Signo de esperanza, signo de vida, pero también signo “diagnóstico” para entender el estado de salud de una familia, de una sociedad, de todo el mundo. Cuando los niños son recibidos, amados, custodiados, tutelados, la familia está sana, la sociedad mejora, el mundo es más humano. Recordemos la labor que realiza el Instituto Effetà Pablo VI en favor de los niños palestinos sordomudos: es un signo concreto de la bondad de Dios. Es un signo concreto de que la sociedad mejora.

Dios hoy nos repite también a nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI: «Y aquí tenéis la señal», buscad al niño…

El Niño de Belén es frágil, como todos los recién nacidos. No sabe hablar y, sin embargo, es la Palabra que se ha hecho carne, que ha venido a cambiar el corazón y la vida de los hombres. Este Niño, como todo niño, es débil y necesita ayuda y protección. También hoy los niños necesitan ser acogidos y defendidos desde el seno materno.

En este mundo, que ha desarrollado las tecnologías más sofisticadas, hay todavía por desgracia tantos niños en condiciones deshumanas, que viven al margen de la sociedad, en las periferias de las grandes ciudades o en las zonas rurales. Todavía hoy muchos niños son explotados, maltratados, esclavizados, objeto de violencia y de tráfico ilícito. Demasiados niños son hoy prófugos, refugiados, a veces ahogados en los mares, especialmente en las aguas del Mediterráneo. De todo esto nos avergonzamos hoy delante de Dios, el Dios que se ha hecho Niño.

Y nos preguntamos: ¿Quién somos nosotros ante Jesús Niño? ¿Quién somos ante los niños de hoy? ¿Somos como María y José, que reciben a Jesús y lo cuidan con amor materno y paterno? ¿O somos como Herodes, que desea eliminarlo? ¿Somos como los pastores, que corren, se arrodillan para adorarlo y le ofrecen sus humildes dones? ¿O somos más bien indiferentes? ¿Somos tal vez retóricos y pietistas, personas que se aprovechan de las imágenes de los niños pobres con fines lucrativos? ¿Somos capaces de estar a su lado, de “perder tiempo” con ellos? ¿Sabemos escucharlos, custodiarlos, rezar por ellos y con ellos? ¿O los descuidamos, para ocuparnos de nuestras cosas?

Y aquí tenemos la señal: «encontraréis un niño…». Tal vez ese niño llora. Llora porque tiene hambre, porque tiene frío, porque quiere estar en brazos… También hoy lloran los niños, lloran mucho, y su llanto nos cuestiona. En un mundo que desecha cada día toneladas de alimento y de medicinas, hay niños que lloran en vano por el hambre y por enfermedades fácilmente curables. En una época que proclama la tutela de los menores, se venden armas que terminan en las manos de niños soldados; se comercian productos confeccionados por pequeños trabajadores esclavos. Su llanto es acallado. ¡El llanto de estos niños es acallado! Deben combatir, deben trabajar, no pueden llorar. Pero lloran por ellos sus madres, Raqueles de hoy: lloran por sus hijos, y no quieren ser consoladas (cf. Mt2, 18).

«Y aquí tenéis la señal»: encontraréis un niño. El Niño Jesús nacido en Belén, todo niño que nace y crece en cualquier parte del mundo, es signo diagnóstico, que nos permite comprobar el estado de salud de nuestra familia, de nuestra comunidad, de nuestra nación. De este diagnóstico franco y honesto, puede brotar un estilo de vida nuevo, en el que las relaciones no sean ya de conflicto, abuso, consumismo, sino relaciones de fraternidad, de perdón y reconciliación, de participación y de amor.

Homilía en la Peregrinación a Tierra Santa
Papa Francisco
25 de mayo de 2014


La INTENCIÓN POR LA EVANGELIZACIÓN para DICIEMBRE 2016 es: 

“Para que los pueblos de Europa redescubran la belleza, la bondad y la verdad del Evangelio que dan alegría y esperanza a la vida”.

COMENTARIO PASTORAL: 

“Europa confundida acerca de su identidad”

Este año se celebra el quincuagésimo aniversario de la promulgación del decreto sobre el ecumenismo del Concilio Vaticano II, Unitatis redintegratio, que inauguró una nueva era de relaciones ecuménicas y de compromiso en la búsqueda de la unidad de los discípulos de Cristo.

Para todos nosotros, el trabajo de la Comisión internacional de diálogo católica veterocatólica desempeña un papel significativo en la búsqueda de una creciente fidelidad a la oración del Señor «que todos sean uno» (Jn 17, 21). Fue posible construir puentes de entendimiento recíproco y de cooperación práctica. Se realizaron acuerdos y detectaron diferencias de manera cada vez más precisas, situándolas en contextos nuevos.

Si, por una parte, nos alegramos cada vez que podemos realizar ulteriores pasos hacia una comunión más firme de fe y de vida, por otra, nos entristecemos al tomar conciencia de los nuevos desacuerdos que surgieron entre nosotros en el curso de los años. Las cuestiones eclesiológicas y teológicas que acompañaron nuestra separación son ahora más difíciles de superar por causa de nuestra creciente distancia sobre temas concernientes al ministerio y al discernimiento ético.

El desafío que católicos y veterocatólicos tienen que afrontar es, por consiguiente, el de perseverar en un diálogo teológico sustancial y continuar caminando juntos, rezando juntos y trabajando juntos con un espíritu más profundo de conversión a todo lo que Cristo quiere para su Iglesia. En nuestra separación existieron, por ambas partes, pecados graves y debilidades humanas. Con un espíritu de mutuo perdón y de humilde arrepentimiento, ahora necesitamos fortalecer nuestro deseo de reconciliación y de paz. El camino hacia la unidad inicia con una conversión del corazón, con una conversión interior (cf. Unitatis redintegratio, 4). Es un viaje espiritual desde el encuentro a la amistad, de la amistad a la fraternidad, de la fraternidad a la comunión. A lo largo del recorrido, el cambio es inevitable. Tenemos que estar siempre dispuestos a escuchar y seguir las sugerencias del Espíritu que nos guía hacia la verdad plena (cf. Jn 16, 13).

Mientras tanto, en el corazón de Europa, tan confundida acerca de su identidad y su vocación, existen muchas zonas en las que católicos y veterocatólicos pueden colaborar, tratando de responder a la profunda crisis espiritual que afecta a los individuos y a la sociedad. Hay sed de Dios. Hay un profundo deseo de redescubrir el sentido de la vida. Y hay una urgente necesidad de dar un testimonio creíble de las verdades y de los valores del Evangelio. En esto podemos apoyarnos y alentarnos mutuamente, sobre todo a nivel de parroquias y de comunidades locales. En efecto, el alma del ecumenismo consiste en la «conversión del corazón» y en la «santidad de vida, juntamente con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos» (Unitatis redintegratio, 8). Orando unos por otros y unos con otros, nuestras diferencias serán aceptadas y superadas en la fidelidad al Señor y a su Evangelio.

Discurso a una delegación de la Conferencia Internacional e Obispos Veterocatólicos de la Unión de Utrecht
Papa Francisco
30 de octubre de 2014



























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