domingo, 31 de enero de 2016

EVANGELIO DOMINICAL: Todo bautizado es un profeta enviado por Dios a predicar su Palabra

4º Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo C
Evangelio: Lc 4, 21-30

En aquel tiempo, Jesús comenzó a decir en la sinagoga: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy».

Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?».

Él les dijo: «Seguramente me vais a decir el refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria». Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio».

Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.

Palabra del Señor.


Queridos amigos y hermanos del blog: en este 4º domingo Durante el Año se nos retrata de cuerpo entero: por un lado, que todos los bautizados somos profetas que anunciamos a Dios; pero también que somos ese pueblo que se resiste a recibir y practicar la Palabra de Dios. Por eso Dios habla a los hombres por medio de sus enviados, que, en la Biblia, se llaman profetas. El profeta tiene la gloriosa misión de ser mensajero de Dios, pero, a la vez, sufre resistencias y el rechazo de quienes deben recibir la misma Palabra.

En la sinagoga de Nazaret el primer discurso de Jesús tuvo un resultado semejante al conseguido en la sinagoga de Cafarnaúm (cfr. Mc 1, 22-27). “Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca” (Lc 4, 22). Pero los nazaretanos se dejaron pronto envolver por consideraciones demasiado humanas: ¿No era acaso Cristo un hombre como ellos, hijo de José? Y si de veras era el Mesías, ¿por qué no hacía en su patria los milagros que realizaba en otras partes? ¿No tenían sus paisanos derechos especiales a ello?

Jesús intuye tales protestas y responde: “Ningún profeta es bien recibido en su tierra” (ib 24). Pero no cambia de actitud, antes para demostrarles que el hombre no puede dictar leyes a Dios y que Dios es libre de distribuir sus dones a quien quiere, recuerda los casos de la viuda de Sarepta a la que fue enviado el profeta Elías con preferencia a todas las viudas de Israel; y del extranjero Naamán, único leproso curado por Eliseo.

Jesús quiere hacer comprender a sus paisanos que ha venido para traer la salvación no a una ciudad o a un solo pueblo, sino a todos los hombres, y que la gracia divina no está ligada a la patria, raza o méritos personales, sino que es totalmente gratuita. Las palabras de Jesús, suaves en el modo y durísimas en su mensaje, desencadenan la ira de sus paisanos y la reacción de los nazaretanos es violenta: cegados por su estrechez de mente y despechados por no haber obtenido su pretensión, “le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad para despeñarle” (ib 29). Esta acción recuerda el destino final de Jesús, crucificado fuera de las murallas de Jerusalén y, paradójicamente, será la confirmación de su autenticidad profética: todos los auténticos profetas han corrido esa suerte.

Esta es la suerte que reserva el mundo a los que, como Cristo, tienen la misión de anunciar la verdad. Lo recuerda la narración bíblica de la vocación de Jeremías, que tan bien se relaciona con el trozo de Lucas meditado hasta aquí. Dios había elegido a Jeremías como profeta aun antes de nacer, mas cuando el joven se sabe por revelación elegido, tiembla y presagiando la vida azarosa que le espera quiere rehusar. Pero Dios le anima: “No temas…, porque yo estoy contigo para librarte” (Jer 1, 8).

El hombre elegido por Dios para portador de su palabra, puede contar con la gracia divina que le ha prevenido y que le acompañará en toda circunstancia. Las contradicciones, los peligros y riesgos no le faltarán, como no han faltado a los profetas y a Jesús mismo, pero a él le repite Dios, como a Jeremías: “Te harán la guerra, mas no podrán contigo, pues contigo estoy yo… para salvarte” (ib 19).

El Evangelio concluye de modo extraño: "Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó" (ib 30). Si imaginamos la escena, es difícil insertar en ella este desenlace inesperado en el que no median palabras ni una reacción violenta, sino el valiente y majestuoso paso de Jesús en medio de ellos. Posiblemente este final pueda explicarse con el siguiente versículo de Jn 7,30: “Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora”.

Si los profetas y apóstoles tienen el deber de afrontar con ánimo el riesgo, los fieles tienen el de escucharles y seguirles con espíritu de fe sin dejarse desviar por miras humanas. Así el misionero o profeta será siempre objeto de críticas desde dentro y desde fuera; siempre estará en una postura incómoda ya que al denunciar la opresión, la injusticia y el egoísmo se enfrentará irremediablemente incluso con los de dentro de su propia familia y comunidad. Tenemos que estar siempre preparados como seguidores y apóstoles de Cristo no sólo para el gozo y la gloria del domingo de ramos sino también para el dolor, la agonía y la muerte del viernes santo de nuestras vidas apostólicas.

Esta es una buena oportunidad para cuestionarnos sobre el Evangelio que tenemos que llevar a los más cercanos: a nuestras familias, a nuestros amigos y compañeros de trabajo, a nuestros vecinos. Sería bueno preguntarnos cuántas personas de nuestro círculo más cercano han encontrado a Cristo gracias a nuestra palabra, a nuestro testimonio, a nuestra oración. Muchas veces los evangelizadores estamos tan inmersos en llevar el Mensaje a los demás que nos olvidamos de llevarlo a los que tenemos más cerca. Cuando Jesús lo hizo ya vemos el resultado... Puede que más difícil que llevar el Evangelio a los lejanos sea el entregarlo a los más cercanos...

Con mi bendición.
Padre José Medina

EVANGELIO DOMINICAL (audios): 4º Domingo Tiempo Ordinario – Ciclo C

“Nadie es profeta en su tierra” (San Marcos 4,21-30)

jueves, 28 de enero de 2016

SANTORAL (audios): Santo Tomás de Aquino (28 de enero)




Oración de Santo Tomás de Aquino

Dame, Señor y Dios mío,
que no decaiga, ni en la prosperidad ni en la adversidad; 
que no me ensoberbezca en alguna cosa,
ni me deprima en otra;
de nada goce o me duela
sino en lo que me lleve a ti o me separe de ti.

A nadie desee agradar,
ni a nadie tema disgustar, sino a ti.
Sea para mí despreciable todo lo pasajero, 
y sea para mí querido todo lo tuyo.

Que me hastíe el gozo de lo que sea sin ti,
que no desee nada que esté fuera de ti.
Que me deleite el trabajo hecho por ti,
que me sea penoso todo descanso que sea sin ti.

Concédeme, Señor, dirigir constantemente el corazón hacia ti,
y que en mis fallos sepa dolerme con el propósito de la enmienda.

Hazme, Señor y Dios mío, 
obediente sin contradecir, 
pobre sin ser miserable, 
casto sin depravación, 
paciente sin murmuración.

Humilde sin ficción,
alegre sin disolución,
triste sin abatimiento,
maduro sin pesadez,
ágil sin ligereza,
temeroso sin desesperación.

Que sea sincero sin hipocresía,
que haga el bien sin ser presuntuoso, 
que corrija al prójimo sin arrogancia,
que lo edifique con la palabra y el ejemplo.

Concédeme, Señor, un corazón:
vigilante, que ninguna curiosidad lo aparte de ti, 
noble, que ninguna influencia indigna lo envilezca, 
recto, que ninguna intención siniestra lo desvíe, 
firme, que ninguna tribulación lo debilite,
libre, que ningún afecto violento lo reclame.

Concédeme, Señor Dios mío,
inteligencia que te conozca,
diligencia que te busque,
sabiduría que te encuentre,
conducta que te agrade,
perseverancia que te espere confiada
y confianza de que un día al final te abrazaré.

Concédeme soportar ya aquí tus castigos como penitencia, 
servirme de tus beneficios por tu gracia,
y gozar de tu gozo en la patria para tu gloria.

Tu que vives y reinas y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

miércoles, 27 de enero de 2016

CATEQUESIS DEL PAPA: “La misericordia de Dios no es indiferente al dolor del oprimido”


Catequesis del papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 27 de enero de 2016

Catequesis sobre la misericordia de Dios

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En la Sagrada Escritura, la misericordia de Dios está presente a lo largo de toda la historia del pueblo de Israel.

Con su misericordia, el Señor acompaña el camino de los patriarcas, les dona hijos a pesar de la condición de esterilidad, les conduce por caminos de gracia y de reconciliación, como muestra la historia de de José y sus hermanos (cfr Gen 37-50). Y pienso en tantos hermanos que están alejados en una familia y no se hablan. Pero este Año de la Misericordia es una buena ocasión para reencontrarse, abrazarse y perdonarse, ¡eh! Olvidar las cosas feas. Pero, como sabemos, en Egipto la vida para el pueblo se hizo dura. Y es precisamente cuando los israelitas van a sucumbir, que el Señor interviene y da la salvación.

Se lee en el Libro del Éxodo: “Pasó mucho tiempo y, mientras tanto, murió el rey de Egipto. Los israelitas, que gemían en la esclavitud, hicieron oír su clamor, y ese clamor llegó hasta Dios, desde el fondo de su esclavitud. Dios escuchó sus gemidos y se acordó de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob. Entonces dirigió su mirada hacia los israelitas y los tuvo en cuenta  (2,23-25). La misericordia no puede permanecer indiferente frente al sufrimiento de los oprimidos, al grito de quien está sometido a la violencia, reducido a la esclavitud, condenado a muerte. Es una dolorosa realidad que aflige a todas las épocas, incluida la nuestra, y que hace sentir a menudo impotentes, tentados a endurecer el corazón y pensar en otra cosa. Dios sin embargo, no es indiferente (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2016, 1), no quita nunca la mirada del dolor humano. El Dios de misericordia responde y cuida de los pobres, de los que gritan su desesperación. Dios escucha e interviene para salvar, suscitando hombres capaces de sentir el gemido del sufrimiento y de trabajar a favor de los oprimidos.

Es así como comienza la historia de Moisés como mediador de liberación para el pueblo. Él se enfrenta al Faraón para convencerlo de que deje salir a Israel; y después guiará al pueblo a través del Mar Rojo y el desierto, hacia la libertad. Moisés, que la misericordia divina lo ha salvado de la muerte apenas nacido en las aguas del Nilo, se hace mediador de esa misma misericordia, permitiendo al pueblo nacer a la libertad salvado de las aguas del Mar Rojo. Y también nosotros en este Año de la Misericordia podemos hacer este trabajo de ser mediadores de misericordia con las obras de misericordia para acercarnos, para dar alivio, para hacer unidad. Tantas cosas buenas se pueden hacer.

La misericordia de Dios actúa siempre para salvar. Es todo lo contrario de las obras de aquellos que actúan siempre para matar: por ejemplo aquellos que hacen las guerras. El Señor, mediante su siervo Moisés, guía a Israel en el desierto como si fuera un hijo, lo educa en la fe y realiza la alianza con él, creando una relación de amor fuerte, como el del padre con el hijo y el del esposo con la esposa.

A tanto llega la misericordia divina. Dios propone una relación de amor particular, exclusiva, privilegiada. Cuando da instrucciones a Moisés a cerca de la alianza, dice: «Ahora, si escuchan mi voz y observan mi alianza, serán mi propiedad exclusiva entre todos los pueblos, porque toda la tierra me pertenece. Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación que me está consagrada» (Ex 19,5-6).

Cierto, Dios posee ya toda la tierra porque lo ha creado; pero el pueblo se convierte para Él en una posesión diversa, especial: es su personal “reserva de oro y plata” como aquella que el rey David afirmaba haber donado para la construcción del Templo.

Por lo tanto, en esto nos convertimos para Dios acogiendo su alianza y dejándonos salvar por Él. La misericordia del Señor hace al hombre precioso, como una riqueza personal que le pertenece, que Él custodia y en la cual se complace.

Son estas las maravillas de la misericordia divina, que llega a pleno cumplimiento en el Señor Jesús, en esa “nueva y eterna alianza” consumada con su sangre, que con el perdón destruye nuestro pecado y nos hace definitivamente hijos de Dios (Cfr. 1 Jn 3,1), joyas preciosas en las manos del Padre bueno y misericordioso. Y si nosotros somos hijos de Dios, tenemos la posibilidad de tener esta herencia – aquella de la bondad y de la misericordia – en relación con los demás. Pidamos al Señor que en este Año de la Misericordia también nosotros hagamos cosas de misericordia; abramos nuestro corazón para llegar a todos con las obras de misericordia, la herencia misericordiosa que Dios Padre ha tenido con nosotros. Gracias.

martes, 26 de enero de 2016

SANTORAL (audios): Santos Timoteo y Tito (26 de enero)




Oración

Oh Dios, que hiciste brillar con virtudes apostólicas a los santos Timoteo y Tito, concédenos, por su intercesión, que, después de vivir en este mundo en justicia y santidad, merezcamos llegar al reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 25 de enero de 2016

SANTORAL (audios): La conversión de San Pablo (25 de enero)




ORACIÓN A SAN PABLO

Glorioso apóstol San Pablo, vaso escogido del Señor para llevar su santo nombre por toda la tierra; por tu celo apostólico y por tu abrasada caridad con que sentías los trabajos de tus prójimos como si fueran tuyos propios; por la inalterable paciencia con que sufriste persecuciones, cárceles, azotes, cadenas, tentaciones, naufragios y hasta la misma muerte; por aquel celo que te estimulaba a trabajar día y noche en beneficio de las almas y, sobre todo, por aquella prontitud con que a la primera voz de Cristo en el camino de Damasco te rendiste enteramente a la gracia, te ruego, por todos los apóstoles de hoy, y que me consigas del Señor que imite tus ejemplos oyendo prontamente la voz de sus inspiraciones y peleando contra mis pasiones sin apego ninguno a las cosas temporales y con aprecio de las eternas, para gloria de Dios Padre, que con el Hijo y el Espíritu Santo vive y reina por todos los siglos de los siglos. Amén.

domingo, 24 de enero de 2016

EVANGELIO DOMINICAL: En Jesús toda Palabra de Dios está cumplida, ¿y en nosotros?

3º Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo C
Evangelio: Lc 1, 1. 4; 4, 14-21

Excelentísimo Teófilo:

Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.

Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.»

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:

«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»

Palabra del Señor.


Queridos amigos y hermanos del blog: la liturgia de la Santa Misa de este 3º domingo del Tiempo Ordinario pone especialmente de relieve la celebración de la palabra de Dios; ella es el centro de la liturgia de hoy. Las lecturas presentan tres personajes. Primero, Esdras, que convoca a la comunidad hebrea para que escuche la Palabra de Dios y haga fiesta. Después, Pablo explica que Cristo y nosotros formamos un solo cuerpo. Finalmente, Jesús, en la sinagoga de Nazaret, comienza su predicación anunciando a sus compatriotas que en él se cumplen las antiguas profecías sobre el Mesías esperado.

La primera lectura presenta la solemne proclamación de la ley divina hecha en Jerusalén delante de todo el pueblo reunido en la plaza, después de la repatriación de Babilonia. La lectura se abre con la “bendición” del sacerdote al que la muchedumbre responde postrándose “rostro en tierra” (Nehemías 8, 6), y prosigue “desde el alba hasta el mediodía”, mientras todos escuchan de pie y en silencio: “los oídos del pueblo estaban atentos” (ib. 3).

Es interesante el detalle del llanto del pueblo como expresión del arrepentimiento de sus culpas sacadas a luz por la lectura escuchada atentamente; y en fin la proclamación gozosa: “este días está consagrado a nuestro Señor”. No estéis tristes; la alegría del Señor es vuestra fortaleza” (ib. 10). Brevemente están indicadas todas las disposiciones para escuchar la palabra de Dios: respeto, atención, confrontación de la conducta propia con el texto sagrado, dolor de los pecados, gozo por haber descubierto una vez más la voluntad de Dios expresada en su ley.

El Evangelio (Lucas 1, 1. 4; 4, 14-21) presenta otra proclamación de la Palabra, más modesta en su forma exterior, pero en realidad infinitamente más solemne. En la sinagoga de Nazaret Jesús abre el libro del profeta Isaías y lee –cierto que no fortuitamente- el pasaje relativo  a su misión: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva” (Lc 4, 18). Sólo él puede leer en primera persona, aplicándola directamente a sí mismo, esa profecía que hasta ahora se había leído con ánimo tenso hacia el misterioso personaje anunciado; sólo él puede decir, concluida la lectura: “Esta lectura que acabáis de oír, se ha cumplido hoy” (ib. 21).

No es el evangelista quien sugiere este acercamiento –Lucas no hace más que referirlo-, sino Cristo  mismo. El, que es objeto de la profecía, está presente en persona, lleno del Espíritu Santo, venido para anunciar a los pobres, a los pequeños y a los humildes la salvación. El es el “cumplimiento” de la palabra leída, él, Palabra eterna del Padre. “El ‘hoy’, proclamado por Cristo aquel día, vale para todos los tiempos y resuena también para nosotros recordándonos la actualidad de la salvación. Dios sale al encuentro de los hombres y las mujeres de todas las épocas en la situación concreta en que se encuentran y les invita a acoger la verdad del Evangelio y a caminar por la senda del bien” (cf. Juan Pablo II, Homilía, 1-II-1998).

Aunque no con tal inmediatez, Cristo está siempre presente en la Escritura: el Antiguo Testamento no hace otra cosa que anunciar y preparar su venida, el Nuevo Testamento atestigua y difunde su mensaje. Quien escucha con espíritu de fe la palabra sagrada, se encuentra siempre con Jesús de Nazaret, y cada encuentro señala una nueva etapa en su salvación.

¿Qué nos dice a nosotros “hoy” esta Palabra? “Hoy” es una palabra repetidamente empleada por Lucas en su Evangelio según avanza Jesús en su ministerio de llevar la salvación a las vidas de la gente, especialmente a los pobres, los enfermos y los pecadores públicos (cfr.: Lc 19, 9; 5, 25, etc.). Con la presencia de Jesús hemos entrado definitivamente en el tiempo del cumplimiento; el amor de Dios está actuando detrás de todas las apariencias. Curiosamente los oyentes originales de Jesús tienen, como veremos en el evangelio del próximo domingo, reacciones y respuestas diferentes a esta declaración. No todos están dispuestos a aceptar un pronunciamiento tan radical; no todos están abiertos a tal confesión de amor e invitación a la vida.

¿Y nosotros? En el “hoy” de nuestra vida de cada día, a través de la Iglesia y de los sacramentos, se cumplen esas promesas de salvación. Es en los sacramentos y en la liturgia sagrada –la oración “pública y oficial” de la Iglesia— en donde esa maravillosa historia pasada se hace “eternamente presente”. En cada Santa Misa, en cada confesión, en cada Eucaristía, en la celebración de la liturgia se “actualiza” nuestra Redención. No son simples recuerdos o evocaciones de nuestra memoria o de nuestra fantasía, sino acontecimientos que vuelven a revivirse y a realizarse en el tiempo como si estuviesen sucediendo en el momento presente. Dios es eterno y para Él no hay tiempo ni distancias. Para Él existe sólo el “HOY”.

Con mi bendición.
Padre José Medina

EVANGELIO DOMINICAL (audios): 3º Domingo Tiempo Ordinario – Ciclo C

“Jesús en Nazaret” (Lc 1,1-4;4,14-21)

sábado, 23 de enero de 2016

SANTORAL (audios): San Ildefonso (23 de enero)




ORACIÓN A MARIA

de San Ildefonso de Toledo
(del libro de la perpetua virginidad de Santa María)

A ti acudo, única Virgen y Madre de Dios. Ante la única que ha obrado la Encarnación de mi Dios me postro. Me humillo ante la única que es madre de mi Señor. Te ruego que por ser la Esclava de tu Hijo me permitas consagrarme a ti y a Dios, ser tu esclavo y esclavo de tu Hijo, servirte a ti y a tu Señor.

A Él, sin embargo, como a mi Creador y a ti como madre de nuestro Creador; a Él como Señor de las virtudes y a ti como esclava del Señor de todas las cosas; a Él como a Dios y a ti como a Madre de de Dios.  Yo soy tu siervo, porque mi Señor es tu Hijo. Tú eres mi Señora, porque eres esclava de mi Señor.

Concédeme, por tanto, esto, ¡oh Jesús Dios, Hijo del hombre!: creer del parto de la Virgen aquello que complete mi fe en tu Encarnación; hablar de la maternidad virginal aquello que llene mis labios de tus alabanzas; amar en tu Madre aquello que tu llenes en mi con tu amor; servir a tu Madre de tal modo que reconozcas que te he servido a ti; vivir bajo su gobierno en tal manera que sepa que te estoy agradando y ser en este mundo de tal modo gobernado por Ella que ese dominio me conduzca a que Tú seas mi Señor en la eternidad.

¡Ojalá yo, siendo un instrumento dócil en las manos del sumo Dios, consiga con mis ruegos ser ligado a la Virgen Madre por un vínculo de devota esclavitud y vivir sirviéndola continuamente!

Pues los que no aceptáis que María sea siempre Virgen; los que no queréis reconocer a mi Creador por Hijo suyo, y a Ella por Madre de mi Creador; si no glorificáis a este Dios como Hijo de Ella,  tampoco glorificáis como Dios a mi Señor. No glorificáis como Dios a mi Señor los que no proclamáis bienaventurada a la que el Espíritu Santo ha mandado llamar así por todas las naciones; los que no rendís honor a la Madre del Señor con la excusa de honrar a Dios su Hijo.

Sin embargo yo, precisamente por ser siervo de su Hijo, deseo que Ella sea mi Señora; para estar bajo el imperio de su Hijo, quiero servirle a Ella; para probar que soy siervo de Dios, busco el testimonio del dominio sobre mi de su Madre; para ser servidor de Aquel que engendra eternamente al Hijo, deseo servir fielmente a la que lo ha engendrado como hombre.  Pues el servicio a la Esclava está orientado al servicio del Señor; lo que se da a la Madre redunda en el Hijo; lo que recibe la que nutre termina en el que es nutrido, y el honor que el servidor rinde a la Reina viene a recaer sobre el Rey.

Por eso me gozo en mi Señora, canto mi alegría a la Madre del Señor, exulto con la Sierva de su Hijo, que ha sido hecha Madre de mi Creador y disfruto con Aquélla en la que el Verbo se ha hecho carne. Porque gracias a la Virgen yo confío en la muerte de este Hijo de Dios y espero que mi salvación y mi alegría venga de Dios siempre y sin mengua, ahora, desde ahora y en todo tiempo y en toda edad por los siglos de los siglos.

Amén.

viernes, 22 de enero de 2016

IGLESIA HOY: El Cura Brochero será declarado santo

Ciudad del Vaticano (AICA): El papa Francisco autorizó, este viernes 22 de enero, al cardenal Angelo Amato SDB, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, la promulgación del decreto que reconoce el milagro atribuido a la intercesión del beato José Gabriel del Rosario Brochero.

“El Santo Padre en el consistorio de cardenales, que será en marzo, antes de la Semana Santa, comunicará al mundo la fecha y el lugar donde canonizará al Cura Brochero”, destacó monseñor Santiago Olivera, obispo de Cruz del Eje y vicepostulador de la causa de canonización. El “Cura gaucho” se convierte de este modo en el primer sacerdote argentino declarado santo.

El segundo milagro, por intercesión del Cura Brochero, fue la recuperación, sin explicación médica ni científica, de una niña sanjuanina, Camila Brusotti, que estaba al borde de la muerte tras ser salvajemente golpeada. El primer milagro, que permitió declarar beato a Brochero tuvo como protagonista a Nicolás Flores Violino, un niño que superó el pronóstico de una "vida vegetativa" y problemas neurológicos severos tras sufrir un grave accidente vial con apenas meses de vida.

“Este año, el Cura Brochero cumple 150 años de sacerdote, un testigo de la misericordia. Que en el Año de la misericordia sea canonizado por un argentino y jesuita, me llena de alegría”, expresó monseñor Olivera.

Brochero, quien evangelizó a lomo de mula a los paisanos de las sierras de Córdoba, fue proclamado beato el 14 de septiembre de 2013 en una ceremonia multitudinaria efectuada en la localidad cordobesa que lleva su nombre: Villa Cura Brochero. En aquella oportunidad, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor José María Arancedo, leyó una carta en la que el papa Francisco destacó la figura del flamante beato como “pastor con olor a oveja” y aseguró que Brochero fue un “pionero” de la evangelización al llevar el mensaje de Cristo a las “periferias existenciales” y al hacerse “pobre entre los pobres”.

El padre Brochero será el primer santo totalmente argentino porque ya existe otro santo, san Héctor Valdivieso Sáez, nacido en Buenos Aires en 1910 pero que vivió en nuestro país apenas cuatro años, antes de viajar a España en 1914, donde fue asesinado 20 años después durante la Guerra Civil.

El Cura Brochero

José Gabriel del Rosario Brochero nació el 16 de marzo de 1840 en Santa Rosa de Río Primero, Córdoba. Entró al Seminario Mayor “Nuestra Señora de Loreto”, de Córdoba, el 5 de marzo de 1856, cuando tenía 16 años. Fue ordenado presbítero el 4 de noviembre de 1866 por el obispo de Córdoba monseñor José Vicente Ramírez de Arellano.

Al inicio de su ministerio, el cura Brochero, como le llamaban sus fieles, se destacó por su entrega para socorrer a los enfermos y moribundos de la epidemia de cólera que azotó en 1867 a la ciudad de Córdoba. El 24 de diciembre de 1869 deja la ciudad de Córdoba para hacerse cargo del curato de San Alberto, actualmente conocido como el valle de Traslasierra, instalado en la localidad de Villa del Tránsito.

Se lo recuerda como el "cura gaucho" que asumió como suyas las necesidades de la gente. Con sus propias manos y animando a los pobladores construyó iglesias y capillas, levantó escuelas y abrió caminos entre las montañas. Por aquel tiempo el extenso Curato de San Alberto (de 4.336 kilómetros cuadrados) contaba con poco más de 10.000 habitantes que vivían en lugares distantes sin caminos y sin escuelas, desperdigados por las Sierras Grandes de más de 2.000 metros de altura. Era triste el estado moral y la indigencia material de la gente. Brochero no se desanima, sino que desde ese momento dedica su vida toda no sólo a llevar el Evangelio sino a educar y promocionar a sus habitantes.

Al año siguiente de su llegada, comenzó a llevar a hombres y mujeres a Córdoba, para hacer los Ejercicios Espirituales recorriendo unos 200 kilómetros a través de las sierras. La travesía requería tres días a lomo de mula y las caravanas muchas veces superaban las quinientas personas. Más de una vez fueron sorprendidos por fuertes tormentas de nieve. Al regresar, tras nueve días de silencio, oración y penitencia, sus feligreses cambiaban de vida, seguían el Evangelio y buscaban el desarrollo económico de la zona.

En 1875, con la ayuda de sus feligreses, comenzó la construcción de la Casa de Ejercicios de la entonces Villa del Tránsito (localidad que hoy lleva su nombre). Fue inaugurada en 1877 con tandas que superaron las 700 personas. Durante su ministerio parroquial pasaron más 40.000 personas. También construyó la casa para las religiosas, el colegio de niñas y la residencia para los sacerdotes.

Con sus feligreses construyó más de 200 kilómetros de caminos y varias iglesias, fundó pueblos y se preocupó por la educación de todos. Solicitó ante las autoridades y obtuvo mensajerías, oficinas de correo y estafetas telegráficas. Proyectó el ramal ferroviario que atravesaría el Valle de Traslasierra uniendo Villa Dolores y Soto para sacar a sus queridos serranos de la pobreza en que se encontraban, “abandonados de todos pero no por Dios”, como solía repetir.

En su vejez el padre Brochero enfermó de lepra, al haber compartido el mate y la vida de enfermos de ese mal, que lo dejó sordo y ciego. Debido a su enfermedad, renunció al Curato y vivió unos años con sus hermanas en su pueblo natal. Pero respondiendo a la solicitud de sus antiguos feligreses, regresó a su casa de Villa del Tránsito, muriendo leproso y ciego el 26 de enero de 1914.

jueves, 21 de enero de 2016

CATEQUESIS DEL PAPA: “El bautismo crea un vínculo indisoluble entre todos los cristianos”


Catequesis del papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 20 de enero de 2016

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hemos escuchado el texto bíblico que este año guía la reflexión en la Semana de oración por la unidad de los cristianos, que va del 18 al 25 de enero. Este pasaje de la primera carta de san Pedro ha sido elegido por un grupo ecuménico de  Letonia, encargado por el Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos.

En el centro de la catedral luterana de Riga hay una fuente bautismal que se remonta al siglo XII, al tiempo en el que Letonia fue evangelizada por san Mainardo.

Esa fuente es un signo elocuente de un origen de fe reconocido por todos los cristianos de Letonia, católicos, luteranos y ortodoxos. Tal origen es nuestro común Bautismo. El Concilio Vaticano II afirma que “el bautismo constituye el vínculo sacramental de la unidad existente entre todos los que por medios de él han sido regenerados” (Unitatis redintegratio, 22). La Primera Carta de Pedro está dirigida a la primera generación de cristianos para hacerles conscientes del don recibido con el bautismo y de las exigencias que esto implica. También nosotros, en esta Semana de oración, estamos invitados a redescubrir todo esto, y a hacerlo juntos, yendo más allá de nuestras divisiones.

En primer lugar, compartir el bautismo significa que todos somos pecadores y necesitamos ser salvados, redimidos, liberados del mal. Y este es el aspecto negativo, que la primera carta de Pedro llama “tinieblas” cuando dice: “[Dios] os ha llamado fuera de las tinieblas para conduciros en su luz maravillosa”. Esta es la experiencia de la muerte, que Cristo ha hecho propia, y que está simbolizada en el bautismo del estar sumergidos en el agua, y a la cual sigue el resurgir, símbolo de la resurrección a la nueva vida en Cristo. Cuando nosotros cristianos decimos que compartimos un solo bautismo, afirmamos que todos nosotros –católicos, protestantes y ortodoxos– compartimos la experiencia de ser llamados de las tinieblas feroces y alienantes al encuentro con el Dios vivo, pleno de misericordia.  De hecho, todos lamentablemente tenemos experiencia del egoísmo, que genera división, cerrazón, desprecio.

Partir de nuevo del bautismo quiere decir encontrar de nuevo la fuente de la misericordia, fuente de esperanza para todos, porque nadie está excluido de la misericordia de Dios. Nadie está excluido de la misericordia de Dios. El compartir esta gracia crea un vínculo indisoluble entre nosotros cristianos, de tal forma que, en virtud del bautismo, podemos considerarnos todos realmente hermanos. Somos realmente pueblo santo de Dios, aunque si, a causa de nuestros pecados, no somos aún un pueblo plenamente unido. La misericordia de Dios, que actúa en el bautismo, es más fuerte de nuestras divisiones, es más fuerte. En la medida en la que acogemos la gracia de la misericordia, nos hacemos cada vez más plenamente pueblo de Dios, y nos hacemos también capaces de anunciar a todos sus obras maravillosas, precisamente a partir de un simple y fraterno testimonio de unidad. Nosotros cristianos podemos anunciar a todos la fuerza del Evangelio comprometiéndonos a compartir las obras de misericordia corporales y espirituales. Este es un testimonio concreto de unidad entre nosotros cristianos: protestantes, ortodoxos y católicos.

En conclusión, queridos hermanos y hermanas, todos nosotros cristianos, por la gracia del bautismo, hemos obtenido misericordia de Dios y hemos sido acogidos en su pueblo. Todos, católicos, ortodoxos y protestantes, formamos un sacerdocio real y una nación santa. Esto significa que tenemos una misión común, que es el de transmitir la misericordia recibida a los otros, empezando por los más pobres y abandonados. Durante esta Semana de oración, recemos para que todos nosotros, discípulos de Cristo, encontremos el modo de colaborar juntos para llevar la misericordia del Padre en cada lugar de la tierra. Gracias.

miércoles, 20 de enero de 2016

SANTORAL (audios): San Sebastián (20 de enero)




Oración a san Sebastián, mártir

Te rogamos, Señor, nos concedas el espíritu de fortaleza para que, alentados por el ejemplo glorioso de tu mártir san Sebastián, aprendamos a someternos a ti antes que a los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

martes, 19 de enero de 2016

NUESTRA SEÑORA DE LA SALETA (audios): San Juan Pablo II y el mensaje de reconciliación de la Saleta



Homilía del Padre José Medina, del sábado 19 de diciembre de 2015, en la Santa Misa Votiva de Nuestra Señora de la Saleta, en la Parroquia Nuestra Señora de la Saleta, Plaza del Brasil, s/n, Alcorcón, Madrid, España.


lunes, 18 de enero de 2016

PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE LA SALETA: Curso-taller sobre el magisterio del papa Francisco


Curso-taller a cargo del Pbro. Lic. Daniel Forconesi.

Objetivo general
·         Presentar las grandes líneas inspiradoras del magisterio del papa Francisco, recogidas desde sus principales actos magisteriales (bula, encíclicas, exhortaciones apostólicas, homilías y discursos)

·         Apreciar como en los actos magisteriales del papa Francisco se hacen presente convicciones y preocupaciones anteriores al pontificado.

·         Teniendo en cuenta el estilo particular de expresión magisterial del papa Francisco es un desafío grande sintetizar sus enseñanzas, pero al mismo tiempo se presenta como una gran oportunidad de acercamiento a su modo de pensar y trasmitir los contenidos de la fe.

Objetivos específicos:
1.    Introducir a los participantes en los elementos constitutivos del magisterio eclesial.
2.    Acercar a los participantes a los conceptos claves del pensamiento del Cardenal Bergoglio, durante su episcopado en la arquidiócesis de Buenos Aires.
3.    Destacar los conceptos claves del magisterio del papa Francisco desde su asunción hasta la bula ‘Miserocordiae Vultus’
4.    Desde los conceptos claves trazar algunas líneas descriptoras y vertebrales de su pontificado.
5.    Apreciar el lugar que ha adquirido la dinámica testimonial en el magisterio del papa Francisco.

Descriptores
1.    Concepto de magisterio eclesial.
2.    Tipología del magisterio eclesial.
3.    Criterios hermenéuticos del magisterio eclesial.
4.    Publicaciones del cardenal Bergoglio, como arzobispo de Buenos Aires.
5.    Tópicos comunes de sus discursos y homilías.
6.    Palabras isotópicas de su discurso.
7.    Principales intervenciones magisteriales del papa Francisco, desplegando sus contenidos fundamentales.
8.    Líneas vertebrales de su magisterio.

Propuesta de método del curso
1.    Una parte inductiva. Se desarrollarán algunos contenidos esenciales sobre cada uno de los temas propuestos.
2.    Formato de taller. Se presentará material diverso (textos, videos, informaciones digitales) para que a partir de ellos y de los contenidos expuestos se desarrolle un trabajo grupal de apropiación de la información, reflexión y expresión de conclusiones.

Días de desarrollo: desde el martes 19 al jueves 21 de enero de 2016.

Horario: 20 a 21:30 horas.

Salón de Actos de la Parroquia Nuestra Señora de la Saleta, Alcorcón.

Fecha
Temas
Actividades
19/01
1.    El magisterio eclesial: qué es, cómo se articula.
2.    Formas del magisterio eclesial.
3.    Cómo leer el magisterio eclesial.

Presentación general del curso-taller.
Exposición sintética de los tres temas introductorios.
Análisis de los textos del Concilio Vaticano II, del magisterio pontificio y del magisterio de los obispos.
20/01
4.    El episcopado de Mons. Bergoglio en Buenos Aires.
5.    Principales discursos y publicaciones.
6.    Análisis de sus principales conceptos de su pensamiento.
7.    La encíclica Laudato Sii

Breve descripción histórica de episcopado de Bergoglio en Buenos Aires.
Análisis de algunos de sus discursos.
Principales obras publicadas.
Principales conceptos.
Nuevos horizontes, nuevos desafíos, nuevas respuestas (LS)
21/01
8.    La gran exhortación apostólica Evangelii Gaudium
9.    La bula Misericordiae Vultus. La Misericordia como forma eclesial y categoría generadora en el pensamiento del papa Francisco.

El contexto histórico del cónclave.
La figura de Francisco de Asís y la reforma de la Iglesia en el siglo XIII.
El papa Francisco y su estilo de vida y su estilo comunicativo.
Los contenidos esenciales de su forma de comunicar.
El lugar del testimonio como signo de credibilidad del magisterio.



Curriculum Vitae

1.     Datos Personales

Nombre y Apellido                          Daniel Alfredo Forconesi.

2.    Títulos
-        Experto en Catequesis (Instituto superior de catequesis argentino)
-        Licenciado en Teología, con especialidad en Teología Pastoral (Universidad Lateranense)

3.    Idiomas
-        Inglés, nivel avanzado (Mendoza, Irlanda, Roma)
-        Hebreo Moderno, nivel medio (Córdoba)
-        Francés, nivel medio (Mendoza)
-        Italiano, nivel avanzado (Mendoza, Roma)

4.    Experiencia docente
Profesor de varias asignaturas, en nivel medio y superior desde 1990 hasta la fecha:

5.    Otros cargos
-        Director de la Junta Arquidiocesana de Mendoza, 1991-2000.
-        Director del Seminario Arquidiocesano de Catequesis Divino Maestro 1991-2000.
-        Vicario Parroquial 1992-1996.
-        Párroco  desde 1997, y continúo.
-        Vicario Episcopal de Pastoral, Arquidiócesis de Mendoza  2002-2005.
-        Vicario General, Arquidiócesis de Mendoza 2005 - 2013.
6.    Cargo actual
Vice Rector del Colegio Argentino en Roma 
y de la Iglesia Argentina en Roma